Gigante argentino de alimentos tiene a 900 empleados paralizados y debe meses de sueldo
Este jueves 30 de julio, el gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, mantuvo un encuentro con representantes de los gremios de Granja Tres Arroyos para analizar la crisis que sufre la mayor productor avícola de Argentina.
Durante ese encuentro, hubo un dato que pasó casi inadvertido pero que refleja hasta qué punto se agravó la situación de la compañía.
Ya no se habla únicamente de salarios atrasados, conciliaciones obligatorias o subsidios para los trabajadores sino que, por primera vez, los propios representantes sindicales plantearon públicamente la necesidad de atraer inversores que aporten capital para intentar rescatar a la empresa.
Por ahora no existen anuncios oficiales sobre negociaciones concretas ni posibles compradores, pero el hecho de que esa posibilidad ya sea planteada incluso por los gremios refleja que el mercado empezó a asumir que la salida difícilmente provenga únicamente de un acuerdo laboral o de la asistencia estatal.
El reclamo significa reconocer que la crisis dejó de ser un conflicto exclusivamente laboral para convertirse en un problema empresario de gran escala.
En otras palabras, la discusión ya no pasa solamente por cuándo volverá a funcionar la planta de Concepción del Uruguay, sino por cómo garantizar la continuidad de un grupo que durante décadas fue sinónimo del negocio avícola argentino.
Granja Tres Arroyos: una foto explica la preocupación gremial
La planta La China permanece sin actividad normal, más de 900 empleados continúan afectados por la paralización de las operaciones y parte de los salarios acumula varios meses de atraso.
Frente a ese escenario, la administración entrerriana debió instrumentar subsidios extraordinarios, asistencia alimentaria y beneficios sobre las tarifas eléctricas para amortiguar el impacto social en una de las ciudades donde la empresa tiene mayor peso económico.
Sin embargo, ni la ayuda oficial ni las sucesivas mesas de negociación consiguieron modificar el cuadro de fondo.
La incertidumbre sigue instalada y cada semana que pasa aumenta la preocupación entre proveedores, productores integrados, transportistas y clientes que dependen, directa o indirectamente, del funcionamiento de la compañía.
Del liderazgo una crisis casi terminal
Controlada por la familia De Grazia, Granja Tres Arroyos construyó durante más de cinco décadas un conglomerado que llegó a convertirse en el principal productor de pollos de la Argentina y uno de los mayores exportadores del complejo avícola.
Su crecimiento estuvo basado en un modelo de integración que abarca prácticamente toda la cadena productiva.
Recorre desde la producción de alimento balanceado y la incubación hasta la faena, la elaboración de productos y la comercialización en el mercado interno y en el exterior.
Ese posicionamiento convirtió a la empresa en un actor estratégico para una industria que genera miles de puestos de trabajo y aporta divisas a través de las exportaciones.
Pero también hizo que su crisis tuviera un efecto multiplicador y que cada dificultad financiera tenga repercusión sobre decenas de empresas proveedoras, cientos de productores integrados y numerosas economías regionales cuya actividad depende del ritmo de producción de sus plantas.
Durante los últimos años, la compañía comenzó a enfrentar un escenario cada vez más complejo a partir del aumento de los costos, la presión financiera, el deterioro del consumo interno, las dificultades para sostener la competitividad exportadora y el peso de un elevado nivel de endeudamiento.
Ese complejo combo fue reduciendo el margen de maniobra de una empresa que durante mucho tiempo había sido considerada una referencia dentro del sector.
De hecho, durante la reunión con el gobernador Frigerio se confirmó que la prioridad inmediata sigue siendo preservar los puestos de trabajo.
Pero también se dejó otro mensaje ya que si no aparece una solución empresarial de mayor alcance, el conflicto amenaza con prolongarse y poner en riesgo el futuro de uno de los grupos más emblemáticos de la industria alimenticia argentina.
Las razones de la debacle financiera
En el encuentro también se asumió que el deterioro de Granja Tres Arroyos no fue consecuencia de un único hecho ni se produjo de un día para otro.
La situación que hoy mantiene paralizada parte de su estructura productiva es el resultado de varios años de dificultades acumuladas, en un contexto en el que la industria avícola debió convivir con fuertes aumentos de costos, cambios en las reglas de exportación, caída del consumo y un mercado cada vez más competitivo.
Fuentes del sector sostienen que la empresa comenzó a perder margen a medida que se encarecieron insumos clave, como el maíz y la soja, base de la alimentación de las aves, mientras el mercado interno mostraba un consumo más débil y los precios no siempre acompañaban la evolución de los costos.
A ese escenario se sumó el peso de una estructura industrial de gran tamaño, con varias plantas distribuidas en distintas provincias y miles de trabajadores, lo que elevó las necesidades de financiamiento en un contexto de tasas de interés elevadas y acceso cada vez más limitado al crédito.
Con el correr de los meses, la compañía comenzó a priorizar el cumplimiento de determinadas obligaciones mientras otras quedaban pendientes.
Esa tensión financiera terminó trasladándose a la operación diaria y derivó en atrasos con proveedores, dificultades para sostener el ritmo de producción y, finalmente, conflictos laborales que desembocaron en la paralización de la planta de Concepción del Uruguay.
La preocupación también alcanza al negocio exportador ya que durante años, Granja Tres Arroyos logró posicionarse como uno de los principales proveedores argentinos de carne aviar para mercados internacionales.
Una menor producción no sólo afecta su facturación, sino que también puede abrir espacio para competidores locales y extranjeros en destinos que demandan abastecimiento constante.
La discusión de fondo pasa ahora por determinar si la familia De Grazia logrará encabezar una reestructuración que permita conservar el control del grupo o si, por el contrario, la magnitud de la crisis terminará acelerando el ingreso de nuevos jugadores al negocio avícola argentino.
El interrogante es si la empresa podrá recuperar la solidez que la convirtió durante décadas en el principal jugador de la industria avícola argentina o si deberá avanzar hacia una reestructuración mucho más profunda para garantizar su continuidad.
Una empresa clave
Lo que ocurra con Granja Tres Arroyos también será una señal para toda la industria avícola.
El sector es uno de los principales complejos agroindustriales del país, abastece al mercado interno, genera miles de puestos de trabajo y mantiene una presencia relevante en las exportaciones de carne aviar.
Por esa razón, una salida ordenada ayudaría a recuperar previsibilidad en una cadena que en los últimos meses quedó atravesada por la incertidumbre, mientras que un agravamiento del conflicto podría profundizar las dificultades para cientos de productores integrados, transportistas y pequeñas empresas que dependen de su actividad.