CRISIS

Cerró la fábrica del ex Pumas Santiago Phelan que provee a Adidas y Salomon y se perdieron 120 empleos

La firma Will Der cerró sus plantas en Pacheco y Las Flores. El caso se suma a la ola de recortes en firmas como Sabri, Texilo y Dass, también en caída
Por Patricio Eleisegui
NEGOCIOS - 11 de Agosto, 2026

La crisis que atraviesa el segmento textil en la Argentina, derivada de la apertura indiscriminada de las importaciones y la suba de costos operativos, sigue cobrándose la vida comercial de las empresas nacionales. En sintonía con la caída que muestran firmas como Texilo, Dass, Amesud y Textilana, la dueña de la marca Mauro Sergio y proveedora de Kosiuko, entre otras marcas, ahora una proveedora histórica de marcas como Puma, Adidas y Salomon cerró sus dos plantas de producción. Se trata de Will Der, que bajó sus persianas en Pacheco, partido de Tigre, y en el Parque Industrial de Las Flores, en una medida que implica la pérdida de 120 puestos de trabajo.

En Flores, la planta ubicada a la vera de la Ruta Nacional 3 cerró sus puertas tras un ajuste gradual. La dotación, que superaba los 100 empleados a fines de 2023, se redujo fuertemente durante los últimos meses y en días recientes las autoridades municipales confirmaron que la decisión del directorio no tiene marcha atrás.

De acuerdo a fuentes de ese distrito, los directivos comunicaron que no extenderán la agonía financiera y prometieron abonar las indemnizaciones.

Will Der, una firma con participación de un ex Pumas

Will Der nació en 2006 con el objetivo comercial de expandir la confección nacional ante las trabas para importar tras la crisis de 2001. La firma sumó como socio al ex jugador y ex entrenador de Los Pumas, Santiago Phelan.

Con los años se convirtió en un confeccionista clave de indumentaria deportiva para marcas como Vans, la línea Weis y la licencia de Jockey International. La firma incluso llegó a confeccionar prendas para las delegaciones argentinas en los Juegos Olímpicos.

A la par de lo ocurrido en Flores, la planta de la compañía en General Pacheco dejó de operar y esto implicó una afectación de al menos 100 empleos directos. A comienzos de esta semana, los operarios intentaron ingresar a sus puestos de trabajo pero se encontraron con los accesos bloqueados por personal de seguridad privada.

Hasta el momento, la empresa no habría emitido los telegramas formales de despido. Trascendió que la directiva de la textil comunicó el cese de forma informal el viernes pasado y solicitó a sus ahora extrabajadores que no concurran a la planta.

Tras esa comunicación, el sábado reciente los empleados recibieron un mensaje vía WhatsApp firmado por la representación legal de la compañía. En ese texto se aclaró que el personal no estaba desvinculado sino "suspendido" y hubo promesas de contactos individuales para acordar salidas.

Los trabajadores denunciaron la falta de interlocutores para precisar la liquidación de haberes y señalaron la existencia de deudas salariales previas. Según testimonios de operarios, la firma arrastra saldos impagos por vacaciones no liquidadas.

La medida afectó también a personal que se encontraba en uso de licencia anual y fue notificado del cese al intentar reintegrarse a la planta. Ante el bloqueo de las instalaciones, el personal se declaró en estado de asamblea a la espera de la intervención del Ministerio de Trabajo bonaerense.

El colapso de Will Der no representa un hecho aislado: se enmarca en un proceso de deterioro sectorial que arrastra a las principales textiles del país.

El sector textil, en caída libre

La escena de notificaciones informales por mensajería instantánea se repitió recientemente en Catamarca con la empresa Sabri. La firma, que confecciona para marcas internacionales como Zara y Puma, despidió a 80 operarios en su planta de Recreo mediante mensajes de WhatsApp. Dicha fábrica supo dar sustento a más de 350 familias.

Este escenario se suma al freno operativo que atraviesan firmas emblemáticas del rubro como Texilo, Dass, Amesud, Textilana y la dueña de Mauro Sergio, proveedora de Kosiuko.

El panorama responde a un cuadro macroeconómico crítico para el segmento. Datos del INDEC marcan que la utilización de la capacidad instalada en la industria textil cayó a niveles por debajo del 45%, mientras que el tejido y la confección operan a tan solo el 38% de su potencial.

En este contexto, las pymes industriales se ubican entre los actores más golpeados del nicho. En línea con eso, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) registró una caída acumulada en ventas minoristas de indumentaria superior al 18% interanual. Esto derivó en un derrumbe de la confección del 28,5% y la pérdida de más de 10.000 puestos de trabajo directos e indirectos.

En paralelo, informes de Aduana y la Cámara de Importadores reflejan un incremento superior al 35% en el ingreso de prendas terminadas e hilos sintéticos importados. Se trata de una oferta externa que termina por asfixiar de un modo acelerado todo lo que concierne a la producción nacional.

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