Cómo hizo la alimenticia de los Pérez Companc para recuperar rentabilidad
Puntos importantes
La caída del consumo sigue golpeando a buena parte de las empresas que viven del bolsillo de los argentinos.
Por eso, el escenario obligó a los ejecutivos de Molinos Río de la Plata a encarar un fuerte proceso de reacomodamiento interno que le está permitiendo mostrar resultados positivos.
Se trata de un plan con el que la empresa alimenticia de la familia Pérez Companc busca atravesar la crisis sin resignar volumen y, al mismo tiempo, recuperar rentabilidad.
La estrategia combina reducción de costos, reorganización administrativa, cambios productivos y logísticos, menor utilización de capital de trabajo y reducción del endeudamiento.
Los primeros resultados de Molinos Río de la Plata ya aparecen en el balance
De hecho, la empresa cerró el primer semestre de este 2026 con ventas por $544.029 millones y una ganancia neta de $37.571 millones, que marca una mejora importante frente al desempeño que había mostrado un año atrás.
Pero probablemente el dato más significativo sea que consiguió mantener un volumen comercializado similar al del mismo período de 2025 a pesar de que el mercado argentino de consumo masivo acumuló una caída interanual del 2,9% durante los primeros seis meses del año.
Es decir, logró resistir mejor que el mercado, seegún explica la propia compañía en la información difundida a partir de sus estados contables al 30 de junio pasado que fue enviada a la Comisión Nacional de Valores (CNV).
En el documento se observa que el primer semestre de este año dejó una ganancia operativa de $30.088 millones y consolidó una tendencia de recuperación que había comenzado a observarse durante los trimestres anteriores.
Gigante de los alimentos: los lineamientos de una estrategia a largo plazo
Detrás de esos números aparece una transformación que la compañía comenzó a ejecutar en períodos anteriores y que ahora está impactando de lleno en sus cuentas.
Molinos avanzó con una modernización de sus procesos administrativos, productivos y logísticos, buscando acelerar su capacidad para adaptarse a un negocio que cambió de manera significativa.
El objetivo es reducir la estructura necesaria para operar, mejorar productividad y liberar recursos que puedan utilizarse para defender las marcas y los volúmenes.
El ajuste más importante aparece en los gastos centrales ya que, durante los primeros seis meses de este año, consiguió reducirlos 23,4% en comparación con el mismo período del año anterior.
La mejora representó un ahorro de $37.023 millones y la dimensión del número permite entender la importancia que tuvo el programa de eficiencia sobre el resultado teniendo en cuenta que el ahorro conseguido solamente mediante la reducción de esos gastos prácticamente equivale a los $37.571 millones que la compañía terminó obteniendo como ganancia neta durante todo el semestre.
No se trata, por lo tanto, de una recuperación impulsada solamente por una mejora comercial sino también de una decisión explícita de achicar costos operativos y administrativos y hacer más eficiente la estructura.
Menos gastos para defender precios y volumen
Sin embargo, el plan tiene una segunda pata que se basa en que parte de los esfuerzos de reducción de costos fueron destinados, según explica Molinos, a fortalecer la "accesibilidad de las marcas" y su relación con los consumidores.
En términos comerciales, la estrategia apunta a un problema que hoy atraviesa prácticamente a toda la industria alimenticia como el de preservar volumen cuando los hogares administran con mayor cuidado el dinero destinado a las compras cotidianas.
Se trata de un problema importante si se recuerda que Molinos participa de categorías particularmente sensibles a ese fenómeno como las de pastas, arroz, aceites, congelados, premezclas, yerba, snacks y otros alimentos que forman parte de mercados donde las primeras marcas enfrentan no solamente a sus competidores históricos sino también a marcas económicas y productos propios de supermercados.
Preservar volumen, una variable central
El consumo masivo argentino acumuló una contracción del 2,9% durante el primer semestre de 2026, de acuerdo con mediciones privadas.
En junio pasado volvió a retroceder 2,7% interanual y la baja alcanzó a supermercados, autoservicios, mayoristas y comercios tradicionales, mientras el comercio electrónico fue la principal excepción.
En ese escenario, Molinos consiguió cerrar los seis primeros meses con un volumen similar al registrado un año antes.
La propia compañía vincula ese desempeño con la decisión de utilizar parte de las eficiencias conseguidas internamente para mejorar la accesibilidad de sus productos y también bajar la deuda.
La reorganización también llegó al manejo financiero
Del balance se desprende además que Molinos redujo el capital de trabajo necesario para sostener su operación y que esa decisión le permitió disminuir el nivel de endeudamiento.
Según la compañía, la deuda actual quedó equilibrada tanto en plazos como en monedas y está destinada exclusivamente a financiar el giro normal del negocio.
El movimiento tiene impacto directo sobre la rentabilidad porque una empresa que necesita menos recursos para financiar inventarios, proveedores y operación también reduce su exposición financiera.
De esa manera, el plan comenzó a cerrar por varios frentes: menos gastos centrales, menor capital de trabajo, reducción de deuda, defensa de precios y marcas y mantenimiento de los volúmenes.
La combinación terminó reflejándose en la última línea del balance en donde se observa que Molinos cerró el semestre con $544.029 millones de ventas y $37.571 millones de utilidad neta, y la compañía destaca una recuperación tanto de la rentabilidad operativa como financiera.
De perder casi $20.000 millones a volver a ganar
El resultado adquiere mayor relevancia cuando se observa de dónde venía la compañía y se lo compara con la foto del primer semestre de 2025, cuando había registrado pérdidas por $19.485 millones, en un escenario marcado por caída del consumo, presión de costos y dificultades para trasladar completamente esos incrementos a precios.
Esto no significa que haya desaparecido el principal problema del negocio ya que el consumo todavía no se recuperó y la propia evolución del mercado durante el primer semestre lo demuestra.
Lo que cambió, por ahora, fue la capacidad de Molinos para ganar dinero dentro de ese escenario.
Una de las principales apuestas industriales
Molinos Río de la Plata es uno de los activos empresarios históricos vinculados a la familia Pérez Companc y una de las mayores compañías argentinas dedicadas al negocio de alimentos.
La empresa tiene una historia de más de un siglo ya que sus orígenes se remontan a comienzos del siglo XX y durante décadas estuvo vinculada a Bunge & Born, hasta que pasó a manos del grupo Pérez Companc a fines de los años 90.
Desde entonces, se transformó en uno de los pilares del negocio de consumo masivo del holding familiar.
Su importancia no pasa solamente por el tamaño de la compañía sino por la penetración de sus productos en los hogares argentinos.
De Matarazzo y Lucchetti a Gallo y Granja del Sol
Molinos construyó durante décadas un portafolio que le permite participar simultáneamente en numerosas categorías del supermercado.
Entre sus marcas aparecen Matarazzo, Lucchetti, Gallo, Cocinero, Granja del Sol, Exquisita y La Salteña, entre otras.
Esa diversificación funciona como una fortaleza, pero también expone a la empresa de manera directa a los movimientos del consumo.
A diferencia de compañías concentradas en categorías específicas, Molinos participa de buena parte de la compra cotidiana de alimentos y necesita defender simultáneamente participación, precios y rentabilidad en numerosos segmentos.
Es precisamente allí donde adquiere sentido el plan de eficiencia que comenzó a ejecutar y que consiste en construir una estructura con menores costos para disponer de mayor margen para competir comercialmente sin destruir la rentabilidad.
La pelea que viene por el consumidor
Ese escenario explica también por qué la reducción de costos se convirtió en una pieza comercial y no solamente financiera.
Las grandes alimenticias necesitan reconstruir márgenes sin perder consumidores y esa ecuación resulta especialmente delicada en categorías donde existen productos sustitutos y segundas marcas capaces de capturar rápidamente compradores cuando aumenta demasiado la brecha de precios.
Para Molinos, contar con marcas líderes representa una ventaja pero también implica sostener inversiones, distribución, publicidad, innovación y presencia en prácticamente todos los canales comerciales.
La compañía define tres pilares sobre los que pretende sostener su estrategia: productividad, fortaleza de sus marcas y amplitud de su portafolio.
A eso suma una mayor estabilidad del contexto de negocios que, según su evaluación, debería permitirle aprovechar nuevas oportunidades de crecimiento.
Molinos anticipó que continuará profundizando sus iniciativas de productividad y eficiencia y que mantendrá como prioridades al consumidor y sus marcas.
También buscará avanzar sobre productos que define como más saludables, prácticos y accesibles, una señal sobre hacia dónde pretende orientar parte de su innovación.