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Vassalli acelera la reactivación y pone fecha para volver a producir a pleno

Con nuevos dueños, la fabricante de cosechadoras apuesta a normalizar la actividad en noviembre, pero antes deberá resolver un pesado frente laboral
14/08/2026 - 09:21hs
Vassalli acelera la reactivación y pone fecha para volver a producir a pleno

Con la llegada de nuevos propietarios, Vassalli empieza un proceso que definirá si este cambio de manos fue simplemente otro capítulo de su accidentada historia societaria o el comienzo de una recuperación real.

La fabricante de cosechadoras de la localidad de Firmat se fijó noviembre próximo como horizonte para volver a trabajar a pleno.

La meta supone reconstruir en apenas tres meses una operación industrial que llega a esta etapa con jornadas reducidas, meses de salarios pendientes y problemas financieros que terminaron afectando prácticamente todos los engranajes del negocio.

Para recuperar escala, la compañía necesita capital de trabajo, piezas e insumos, proveedores dispuestos a acompañar la nueva etapa y una red comercial capaz de volver a colocar sus máquinas en el mercado.

Al mismo tiempo deberá destinar recursos a solucionar buena parte de las obligaciones que dejó la crisis como parte del gran desafío que recibió la nueva administración encabezada por Roberto Santiago Chinelli.

Una fábrica que necesita recuperar volumen

Vassalli conserva un activo que no puede comprarse fácilmente que es el de tener décadas de historia dentro de la industria de la maquinaria agrícola argentina y una marca conocida entre los productores.

Su estructura industrial también es considerable si se tiene en cuenta que el complejo de Firmat está conformado por tres plantas y alrededor de 99.000 metros cuadrados cubiertos, según información de la propia compañía.

En el caso de los trabajadores que permanecieron activos, llegaron a cumplir un esquema de cuatro horas diarias, una señal del deterioro productivo que atravesó la compañía mientras se buscaba una salida societaria.

Ahora, la nueva gestión pretende comenzar a revertir esa situación desde el 18 de agosto próximo a partir de la puesta en marcha de un proceso de recuperación que será escalonado y que también debe determinar qué áreas están en condiciones de ampliar primero sus horarios.

La lógica detrás de esa decisión es industrial ya que una fábrica no puede recuperar automáticamente toda su capacidad después de meses de restricciones simplemente aumentando las horas de presencia de los trabajadores.

El costo oculto detrás de la marca

La transferencia de la compañía estuvo rodeada por un dato impactante: durante el proceso se manejó un precio accionario simbólico de u$s1.

Pero interpretar ese número como el valor económico de Vassalli sería equivocado ya que la operación estuvo condicionada por los pasivos y compromisos que acompañaban a la empresa.

Para los compradores, el desembolso relevante no estaba necesariamente en adquirir las acciones sino en conseguir los fondos para sostener la compañía después del traspaso.

Uno de los indicadores públicos de ese deterioro surgió de los registros de cheques rechazados que llegó a 869 por aproximadamente $1.337 millones, de acuerdo con información proveniente de registros del Banco Central difundida mientras se negociaba el futuro de la compañía.

Ese número no representa por sí solo la totalidad de la deuda de Vassalli pero ayuda a dimensionar las dificultades de caja que había acumulado.

A eso hay que sumar compromisos laborales, proveedores y las necesidades financieras propias de una industria intensiva en capital.

El frente que no puede esperar

Una parte de esos recursos deberá ir directamente a los trabajadores para normalizar el pago de haberes incompleto dentro de un período que va desde septiembre de 2025 hasta junio de este año.

La nueva conducción se comprometió a eliminar ese atraso en un máximo de 120 días como parte de un plan de regularización que será gradual y mediante pagos que se irán descontando de lo adeudado a cada empleado.

Pero existe una segunda exigencia que pasa por evitar que aparezca nueva deuda, por lo cual sus dueños establecieron un calendario para los salarios corrientes.

La primera quincena de agosto tiene como fecha prevista de pago el 21 de agosto, mientras que los haberes correspondientes a julio quedaron incorporados al proceso inmediato de normalización posterior al cierre del traspaso.

El cambio implica además abandonar un mecanismo de liquidación que la compañía utilizaba desde hace más de dos décadas y acercar nuevamente los pagos a los tiempos establecidos en los convenios laborales.

El plan deja así tres horizontes distintos con este mes de agosto que debería mostrar las primeras señales de recuperación productiva y normalización de los pagos corrientes.

Durante los siguientes dos meses debería recomponerse la situación de las coberturas de los trabajadores y noviembre tendría que encontrar a las instalaciones nuevamente operando a pleno.

Volver a competir después de la crisis

Después de estabilizar sus cuentas más urgentes, la compañía deberá convencer nuevamente a productores y contratistas de invertir en sus máquinas.

Ese desafío llega en un momento particular en el cual el mercado de maquinaria agrícola había mostrado una recuperación importante durante 2025.

De acuerdo con los datos del INDEC, durante ese año se comercializaron 17.049 unidades entre tractores, cosechadoras, sembradoras e implementos.

Las cosechadoras habían sido uno de los segmentos con mejor comportamiento: pasaron de 713 unidades en 2024 a 975 en 2025.

El comienzo de 2026 modificó esa tendencia y durante el primer trimestre se vendieron 3.330 máquinas, con una baja interanual del 8,2%. Dentro de ese escenario, las unidades de cosechadoras disminuyeron 13,3%, al tiempo que la producción nacional también comenzó un retroceso.

Es que el segmento está disputado por fabricantes internacionales con presencia productiva o comercial en la Argentina, redes extensas de concesionarios y herramientas financieras que se convirtieron en una parte fundamental de la venta.

Una histórica fabricante que casi desaparece

Fundada por Roque Vassalli en 1949, la empresa se convirtió en una referencia de la industria metalmecánica de Firmat y llegó a ocupar un lugar relevante dentro del negocio argentino de cosechadoras.

Su historia reciente, sin embargo, estuvo marcada por dificultades financieras y sucesivas reestructuraciones.

Uno de los capítulos centrales ocurrió después del proceso concursal que derivó en una reorganización societaria en la que aparecieron Esteban Eskenazi, integrante de la familia controlante del Grupo Petersen, y el empresario Matías Carballo.

Eskenazi llegó a concentrar el 90% del capital, mientras que Carballo quedó con la participación restante.

La estructura volvió a modificarse en 2024 cuando apareció Eduardo Marsó, empresario entrerriano que acordó adquirir la fabricante por alrededor de u$s8 millones, mediante una operación que contemplaba un pago inicial y un esquema de cancelación extendido.

Tampoco esa etapa consiguió darle estabilidad definitiva y los problemas de caja reaparecieron, la producción perdió ritmo y la relación con trabajadores y proveedores comenzó a deteriorarse hasta desembocar en la nueva negociación societaria de 2026.

En ese escenario reapareció Roberto Santiago Chinelli, quien ya conocía la estructura de Vassalli y se convirtió en la principal figura pública de la nueva administración.