EMPRESAS EN CRISIS

La cadena de cafeterías Le Blé se presentó en concurso de acreedores con deudas por más de $1.500 millones

Be larch, la sociedad que opera la marca, se presentó en concurso con 76 acreedores. En el expediente explicó los factores que golpearon su estructura
Por Soledad Caprini
NEGOCIOS - 14 de Agosto, 2026

El escenario que hasta hace pocas semanas mostraba una cadena con cheques rechazados, pedidos de quiebra y una red de locales en retroceso ahora sumó un nuevo capítulo: Le Blé se presentó en concurso preventivo de acreedores con una deuda superior a los $.1500 millones. La sociedad Be Larch que opera la marca, recurrió a la Justicia para intentar ordenar sus pasivos y sostener la continuidad del negocio.

La presentación llega después de meses de tensión financiera. La empresa ya había comenzado a achicar su estructura y a perder franquicias, mientras los problemas de liquidez se trasladaban a bancos y proveedores.

En el expediente, Be Larch explicó que la crisis estuvo vinculada principalmente con una caída de sus ingresos durante 2024 y 2025. La compañía menciona la pérdida de unidades comerciales relevantes, la salida de franquiciados de alta facturación y el menor consumo en el negocio gastronómico, panadero y de cafetería.

También reconoce que el escenario terminó dejando sobredimensionada una estructura de costos que había sido armada para una etapa de crecimiento que finalmente no se concretó. A eso sumó el aumento de los costos operativos, laborales y financieros y las dificultades para conseguir crédito.

El dato que permite dimensionar el deterioro es la evolución de la red: Le Blé llegó a operar 39 locales entre propios y franquiciados y actualmente tiene alrededor de 20, la mayoría bajo la modalidad de franquicias.

Le Blé, una marca que creció con franquicias

Le Blé nació en 2008 de la mano de Pablo "Paul" Petrelli y su esposa, Donatienne Fievet, con una propuesta inspirada en las boulangeries europeas. El primer local abrió en Colegiales y la marca rápidamente encontró un espacio dentro de la gastronomía porteña. La compañía sumó sucursales, desarrolló un centro de producción y apostó fuerte por el modelo de franquicias para ampliar su presencia.

Ahora, la propia empresa reconoce ante la Justicia que la salida de franquiciados que manejaban locales de alta facturación fue uno de los factores que impactó sobre sus ingresos.

El cambio se produjo en un contexto en el que el negocio gastronómico enfrenta una combinación difícil: menos consumo, costos más altos y mayor dificultad para financiar el capital de trabajo.

Del ajuste a la presentación judicial

Antes de llegar al concurso, la firma intentó reducir el tamaño de su estructura. Según declaró en el expediente, avanzó con reducciones de costos, renegociaciones con proveedores, reprogramación de vencimientos, reducción de personal y cierre de locales propios deficitarios.

El ajuste también impactó en los trabajadores. Be Larch informó que pasó de unos 49 empleados en noviembre de 2025 a 15 en la actualidad. La empresa señala en el expediente que la preservación de esas fuentes de trabajo es una de las razones centrales para pedir el concurso.

Actualmente, además, Be Larch explota directamente un solo local, ubicado en Tres de Febrero 1059, en la Ciudad de Buenos Aires, donde también funciona su sede social y la administración central de la compañía. La sociedad fue constituida en 2016 y esa dirección es la que figura como domicilio legal en la presentación judicial.

La empresa sostiene que sigue desarrollando actividad comercial y que busca concentrarse en las unidades con mayor viabilidad. El escrito señala que durante el proceso de reorganización se aplicaron medidas para bajar costos y preservar la continuidad del negocio.

Una deuda que alcanza a bancos, proveedores y trabajadores

La nómina de acreedores muestra que el problema no quedó limitado a los bancos.

Entre las principales deudas aparecen Banco Galicia, por $196 millones; Lodiser, por $182,8 millones; Banco Ciudad, por $134,2 millones; Banco Nación, por $125 millones; Café Expreso, por $119,6 millones; y Banco Macro, por $75 millones. También figura ARCA con una acreencia de $163,1 millones.

El expediente también deja expuesto el peso de los reclamos laborales. Entre los acreedores privilegiados aparecen varios juicios por despido, con créditos de $112,5 millones, $76,1 millones, $66,6 millones y $57,9 millones, además de otros reclamos de menor monto.

La deuda total declarada por la compañía asciende a $1.566,8 millones.

El expediente también muestra que una parte importante de ese pasivo está vinculada con cheques de pago diferido entregados a proveedores. La propia empresa pidió la reapertura de las cuentas corrientes que tenía en Galicia, Macro, Nación y Ciudad, que habían sido cerradas por los bancos.

En la presentación explicó que esas cuentas son necesarias para continuar con la actividad, pagar a proveedores, cumplir con las obligaciones fiscales y transferir los sueldos de sus empleados.

Los cheques rechazados y los pedidos de quiebra

La presentación concursal llegó después de que los problemas de liquidez ya hubieran quedado expuestos en el sistema financiero. Be Larch acumulaba 175 cheques rechazados por más de $205 millones, según la información comercial relevada sobre la compañía.

Además, la empresa ya enfrentaba dos pedidos de quiebra iniciados por acreedores. Uno fue promovido por Posta Express, a raíz de un echeq rechazado por falta de fondos. El otro fue presentado por Molino Chacabuco, proveedor de harina e insumos para panificación, por tres cheques electrónicos rechazados.

El cuadro financiero se había complicado todavía más en mayo, cuando ARCA trabó un embargo general sobre fondos y valores por $16 millones, más otros $2,4 millones calculados para intereses y costas.

Ahora, con el concurso preventivo, la compañía busca ganar tiempo para ordenar sus deudas y mantener abierta la operación.

El caso de Le Blé muestra así el cambio que atraviesa una parte de la gastronomía argentina: un negocio que durante años creció con nuevas aperturas y franquicias ahora enfrenta menos consumo, una red más chica, menor acceso al crédito y una estructura que tuvo que ser recortada para intentar sobrevivir.

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