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El negocio más polémio de Moria Casán: cómo fue su playa nudista en Argentina

Playa Franka era la opción, a minutos de Mar del Plata, que encabezó la diva durante diez años. Corte de corpiños, menú erótico y final abrupto
Por P.L.
17/08/2026 - 16:00hs
Moria Casán en Playa Franka, foto Revista Hola

El flamante lanzamiento de la serie sobre la vida de Moria Casán reflotó en la memoria colectiva uno de los emprendimientos más rupturistas e icónicos del entretenimiento nacional. A mediados de la década de 1990, la diva del espectáculo dio un paso audaz en el ámbito empresarial al inaugurar una propuesta turística que desafió los convencionalismos culturales de la época y transformó de manera definitiva el mapa de la costa atlántica.

Aunque popularmente se la vinculó con la tradicional oferta de Mar del Plata, la Ciudad Feliz, el parador se ubicaba técnicamente en la localidad de Camet, dentro del partido de Mar Chiquita, justo en el límite norte con el municipio de General Pueyrredón. Esta localización estratégica le otorgó un marco geográfico de mayor aislamiento, porque estaba rodeada por dos acantilados, que facilitó el desarrollo de un espacio de esparcimiento centrado en la desinhibición y la ruptura con los prejuicios sociales instalados.

La sociedad detrás del mito y la inauguración en la costa

El proyecto cobró vida oficialmente en la temporada estival de 1994 y fue administrado por Moria Casán y Luis Vadalá, su pareja por aquellos años. Playa Franka fue inaugurada el 10 de enero, generando un impacto mediático inmediato al tratarse de algo absolutamente disruptivo: la primera playa nudista de Argentina. "La idea surgió porque hago nudismo y acá no tenía ningún lugar para hacerlo o en todo caso tomar sol en toples. Y entonces pensé '¿por qué no puedo tener un lugar acá?'", comentó la diva en esos primeros días a la prensa. 

La propuesta comercial combinaba sectores de carpas y sombrillas convencionales con una zona delimitada y reservada exclusivamente para la práctica del toples y el nudismo opcional. El ritual insignia del establecimiento consistía en la famosa ceremonia de "corte de corpiños", encabezada por la propia figura del espectáculo y que se repetía todos los años, al comienzo de cada temporada, con la participación de vedettes entre las que se destacaron Yanina Zilly, Flavia Miller y Mariana de Melo. Era un acto cargado de impacto mediático: las mujeres que decidían sumarse se desprendían de la parte superior de sus trajes de baño para colgarla en una red colectiva como símbolo de emancipación estética.

El fenómeno fue inmediato: la cobertura de los programas de televisión, los móviles en vivo y las revistas de espectáculos convirtieron al balneario en el centro de atención de los veraneantes de todo el país, atrayendo tanto a celebridades de la farándula como a curiosos que buscaban presenciar el ambiente del parador.

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Moria Casán y Luis Vadalá, en tiempos felices de Playa Franka.

La insólita carta gastronómica y las picantes opciones del menú

Como no podía ser de otro modo, la propuesta gastronómica del restaurante mantenía el mismo espíritu provocador que el resto del balneario. En un salón ambientado con cuadros y dibujos inspirados en la anatomía corporal de hombres y mujeres, la carta ofrecía platos con denominaciones que homenajeaban la libertad y la cultura pop de la época:

  • Entradas y picadas: se destacaba la "Picada Gaysoline" (guiño directo al célebre bar nocturno que regenteaba la actriz de Brujas) y la "Copa Playa Franka". Para compartir, la "Picada Brujas" combinaba milanesa, matambre, lengua a la vinagreta, maníes, salchichas, aceitunas, variedad de quesos, porotos, berenjenas en escabeche, jamón y la infaltable ensalada rusa.

  • Ensaladas: la variedad incluía nombres como "Qué fuerte que está esa mina", "Sacate el corpiño" (preparada con apio, nueces, ananá y manzana) o "Qué lindo chongo" (una combinación fresca de tomates, palmitos y huevos duros).

  • Minutas: las opciones rápidas lucían títulos inolvidables como "No me importan mis rollos" (clásica milanesa con papas fritas y huevos fritos), "Sacate el slip" (milanesa con banana frita, crema de choclo, morrones y papas fritas) y el especial "Plato Moria" (suprema de pollo con salsa de champagna, papas fritas, zanahorias y chauchas).

  • Pastas, sándwiches y precios: la oferta de pastas contaba con los ñoquis "Fuera de censura", mientras que el sector entre panes lucía opciones como la "Hamburguesa erótica", el "Lomito topless" y el infaltable "Lomito quelola". Durante su época de esplendor, el valor de estas preparaciones oscilaba entre los 3 y los $8 de la convertibilidad.

Las batallas legales, los motivos del cierre y su desenlace

La irrupción de un espacio con estas características generó una fuerte reacción en los sectores más conservadores de la provincia de Buenos Aires. Durante los primeros años de funcionamiento, el balneario enfrentó continuos recursos judiciales, denuncias por faltas a la moral y frecuentes inspecciones policiales que buscaban verificar el cumplimiento de las normativas vigentes sobre la exhibición corporal en la vía pública.

A pesar de los intentos de clausura, el parador logró mantenerse operativo durante casi una década gracias a la defensa legal de sus titulares y a la enorme repercusión pública que convertía cada polémica en una campaña publicitaria involuntaria. Sin embargo, hacia comienzos de la década de 2000, el desgaste de la sociedad entre la diva y su socio, sumada a la feroz crisis económica de 2001, aceleraron el cierre definitivo del complejo.

Para el verano de 2004, el parador ya no reabrió sus puertas bajo la firma original. En la actualidad en ese lugar funciona La Franca Aldea de Playa, emprendimiento que mantiene parte del nombre original pero que nada tiene que ver con sus dueños anteriores y sus propuestas: hoy es un espacio de cabañas familiares frente al mar.

Foto de portada: Revista Hola.

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