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Tres ejecutivos se quedaron sin trabajo en 2001, crearon Anclaflex y hoy emplean a 170 personas

Anclaflex comenzó fabricando masilla para placas de yeso y hoy suma revestimientos, pinturas, exportaciones y una planta de más de u$s10 millones.
23/08/2026 - 07:55hs
Anclaflex, equipo en su 25 aniversario

Puntos importantes

Checkbox Checked Anclaflex cumple 25 años, fundada en 2001 por 3 ejecutivos +50 años que quedaron sin empleo en plena crisis.
Checkbox Checked De una vieja carnicería en 2001, Anclaflex creció a 170 empleados y exporta 10-14% de 30M kilos anuales.
Checkbox Checked Pese a baja rentabilidad en construcción, Anclaflex invierte y expande su oferta, con foco en productividad y calidad.

La empresa Anclaflex cumple 25 años con una historia que empezó cuando tres ejecutivos de más de 50 años se quedaron sin trabajo en plena crisis de 2001. Decidieron fabricar materiales para la construcción y arrancaron en una vieja carnicería de Villa Adelina. Hoy, con Emiliano Bonfiglio como CEO y Alfonso Bonfiglio, uno de los fundadores, como director, la compañía produce unos 30 millones de kilos de producto al año, emplea a 170 personas y busca nuevas formas de crecer en un mercado que volvió a poner a prueba sus márgenes.

No hubo un sueño emprendedor por cumplir, había que pagar las cuentas. Alfonso Bonfiglio había desarrollado buena parte de su carrera en Etex, el grupo belga que por entonces manejaba marcas como Durlock, Eternit, Cerámica San Lorenzo y Fademac. Había entrado como jefe de administración de ventas y había llegado a director delegado. Su idea era terminar allí su vida profesional. Hasta que una reestructuración de la empresa lo dejó afuera de un día para el otro y sin plan B

Tenía 54 años y salió a buscar trabajo, pero el problema era que el mercado tampoco lo estaba esperando. "Las chances de poder reinsertarte en una organización en la punta de la pirámide era muy complicada", recordó Alfonso. Algunos contactos le decían que su experiencia era valiosa, pero que tenía que esperar. "Yo no tenía tiempo de esperar", contó a iProfesional.

El país tampoco ayudaba. Corralito, Lecops, Patacones y una economía paralizada formaban parte del paisaje. Alfonso terminó reencontrándose con dos excompañeros de Etex, Pedro Guida y Ricardo Flores. Los tres tenían más de 50 años, experiencia en la industria y el mismo problema, necesitaban generar ingresos. "Ahí nació mi yo emprendedor", dijo Alfonso. "Por necesidad", remarcó.

Anclaflex nació en una vieja carnicería

No hubo proyecciones a cinco años ni estudios de mercado. Desconcertados, los tres ex Etex se preguntaron ¿Qué sabían hacer?, su expertise era lo único que los podía sacar del apuro. Claramente la respuesta estaba en los materiales para la construcción. Flores conocía la fabricación; Alfonso conocía el mercado de placas de yeso, sus clientes y proveedores. El proyecto inicial incluso contemplaba fabricar pisos vinílicos, pero la inversión necesaria era demasiado alta. La masilla para placas de roca de yeso aparecía como una alternativa posible con mucho menos capital.

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Emiliano Bonfiglio tenía 18 años cuando comenzó a acompañar a su padre en el nacimiento de Anclaflex

Los tres pusieron $15.000 cada uno. En tiempos de convertibilidad eran dólares. Y no estaban dispuestos a gastar de más.

La primera planta fue una vieja carnicería de Villa Adelina. "La señora que vivía arriba nos alquiló la parte de abajo y ahí pusimos una pequeña máquina y nosotros, cuatro, sentados ahí en los baldes tratando de desarrollar productos", recordó Alfonso.

Entre esos cuatro estaba Emiliano, que tenía apenas 18 años y acababa de terminar el secundario. Mientras su padre y Flores pensaban cómo vender, organizar y hacer crecer el negocio, él acompañaba a Guida en la búsqueda de máquinas y proveedores.

"Me saqué la corbata, me puse el jean y salí a vender. Contrariamente a lo que se piensa, eso no tuvo para mí nada de extraño. El cambio de líder a emprendedor no fue algo que me costara mucho, queríamos trabajar", contó.

El primer empleado fue Miguel Lucero. El Gobierno de entonces daba un subsidio a las personas que se habían quedado sin trabajo. Alfonso le propuso cobrar ese subsidio y que Anclaflex le pagara un complemento, porque la empresa todavía no podía pagarle un sueldo completo. Lucero se negó. "No, subsidio no quiero, yo quiero trabajar. Así que ustedes páguenme lo que puedan y vamos a ir creciendo juntos", recordó Alfonso que le respondió. Bonfiglio todavía lo menciona como "por lejos el mejor obrero que nosotros hemos conocido en mi vida".

La carnicería duró apenas tres o cuatro meses. Después llegó un galpón de unos 400 metros cuadrados en Morón. Luego otro de 700 y otro de 1.000. La empresa crecía más rápido de lo que alcanzaban a acomodarse.

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Anclaflex pasó de pequeños galpones en Morón a una planta industrial en General Rodríguez

El gran salto llegó con la masilla y la caída de la convertibilidad

En aquellos años, alrededor de la mitad de la masilla utilizada para placas de yeso que se vendía en el mercado era importada. Anclaflex empezó a desarrollar distintas fórmulas hasta llegar a la X22, probándolas directamente con instaladores. "El objetivo era conseguir una masilla similar o superior a la importada. Personalmente se las llevábamos a los instaladores para que nos den su opinión", explicó Alfonso.

Pero había otra apuesta detrás. Los fundadores sospechaban que el uno a uno no podía durar para siempre. Cuando llegó la devaluación, la masilla nacional quedó mejor posicionada frente al producto importado, que además prácticamente dejó de conseguirse. Anclaflex tenía entonces una alternativa local capaz de competir tanto en precio como también por sus prestaciones.

Trabajaron tanto para alcanzar esos estándares de calidad que los tres socios decidieron que, pasara lo que pasara, la calidad nunca se iba a negociar. Por eso, hace 25 años, cuando todavía nadie hablaba demasiado de sustentabilidad ni de empresas de triple impacto, Anclaflex tomó otra decisión que con el tiempo terminó formando parte de su identidad. "No vamos a hacer nada que no sea al agua", recuerda Alfonso. Los productos no llevan solventes ni tolueno. "¿Por qué? Para cuidarnos a nosotros, cuidar a nuestra gente, cuidar al medio ambiente, cuidar al vecino", explicó.

La compañía incluso resignó un cliente que representaba 40% de sus ventas porque le pidió bajar la calidad para conseguir un precio menor. Dijeron que no.

Qué busca Anclaflex después de 25 años

La empresa que empezó en una carnicería hoy tiene una planta en General Rodríguez que requirió una inversión de u$s10 millones. El proceso de industrialización fue acompañado por automatización, compras directas de materias primas y mejoras de productividad.

"Todas las inversiones que hicimos en los últimos años fueron destinadas a la productividad", explicó Emiliano a este medio. La empresa, cuenta, tiene actualmente 170 empleados y proyecta producir unos 30 millones de kilos durante este año en el mercado local, un volumen similar al de 2025.

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Entre 10% y 14% de las ventas de Anclaflex provienen de sus operaciones en mercados del exterior

El desafío ahora es menos evidente que en 2001. Ya no se trata de sobrevivir. "Se trata de sostener una estructura industrial eficiente cuando el mercado de la construcción atraviesa meses de bajo movimiento, cadenas con altos niveles de stock y problemas de rentabilidad.", detalla Emiliano

Emiliano calcula que la rentabilidad actual está tres o cuatro puntos por debajo de la de 2017 y 2018, años que la compañía toma como referencia de normalidad. Aun así, destaca que la empresa pudo sostener el nivel de producción y seguir incorporando personal en áreas de servicio, desarrollo, logística y control de calidad.

Según Emiliano, entre 10% y 14% de sus ventas provienen de las exportaciones, según el promedio de los últimos años. Uruguay es uno de sus mercados más importantes, pero también vende en Paraguay y Bolivia. "Fuimos a Uruguay a competir contra esas marcas multinacionales de Estados Unidos, de Canadá, de México, que iban a Uruguay como rutina y nosotros le sacamos 30, 40% de mercado en 10 años", contó Alfonso. Y hay un dato todavía más significativo. Consiguieron mantener esa participación.

Por eso, para la compañía, el costo de flete puede funcionar como una protección frente al producto importado en la Argentina, pero no explica todo. Si el producto no fuera competitivo por calidad, costo y productividad, no podría sostenerse en Uruguay, Paraguay o Bolivia.

También cambió el negocio. La masilla sigue siendo el corazón de Anclaflex, pero crecieron los productos para terminación y protección de obra, revestimientos y pinturas

El mercado interno, mientras tanto, obliga a revisar el modelo comercial. Los AnclaCentros, el formato de franquicia liviana que lanzó la compañía en 2016 sin canon ni regalías, hoy suma entre 18 y 20 puntos. La expansión, según los Bonfiglio, está frenada por el costo del alquiler de los locales en Buenos Aires y la competencia del e-commerce. La respuesta pasa por ampliar la oferta y ayudar a que esos comercios sean más rentables.

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Anclaflex mantiene una tradición de compartir los viernes un asado entre empleados y dueños

El próximo paso dentro de la planta responde a esa búsqueda. La compañía está construyendo un depósito de 4.700 metros cuadrados que prevé terminar hacia fin de año. El objetivo es ampliar la capacidad para materias primas y productos terminados y acompañar el lanzamiento de nuevos productos.

Pedro Guida y Ricardo Flores fallecieron. Alfonso todavía va a la empresa los lunes y viernes. Emiliano representa a la segunda generación y, en las reuniones con los accionistas, dice que en su rol de CEO es quien "rinde examen" y tiene que explicar qué piensa hacer con la empresa para que dentro de 25 años puedan volver a festejar, esta vez, medio siglo de actividad.

La compañía ya no se parece demasiado a aquella pequeña fábrica de Villa Adelina. Tampoco en la manera de trabajar. Antes, Miguel Lucero podía evaluar la viscosidad de un producto con una espátula y su experiencia. Hoy hay laboratorios, controles y procesos que requieren varias personas. Pero algunas cosas siguen siendo iguales como el asado de los viernes, que dueños, administrativos y operarios siguen compartiendo en la planta "llueva o truene siempre lo hacemos y lo compartimos entre todos", concluyen padre e hijo.

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