ORDENAMIENTO PÚBLICO

Después de los manteros, la Ciudad endurece controles sobre la histórica feria de libros del Parque Centenario

Obliga a renovar los puestos del lugar con nuevas condiciones de seguridad y estética y advierte que el que no se adapte perderá la autorización
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 19 de Agosto, 2026

Puntos importantes

El Gobierno porteño exige a libreros de la Feria de Libros del Parque Centenario adecuar puestos o perderán permisos.

La Disposición 1787/DGPF/26 (CABA) detalla materiales ignífugos, chapa y medidas estándar para los puestos desde 1984.

Los libreros afrontan costos y plazos inciertos para las reformas exigidas, a diferencia de apoyos en previas readecuaciones.

Después de desalojar a más de 2.000 manteros de Parque Centenario, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires vuelve a intervenir sobre la actividad comercial que se desarrolla alrededor de uno de los espacios verdes más concurridos del barrio de Caballito.

Pero esta vez el foco está puesto en imponer nuevas condiciones a los libreros que tienen permiso para trabajar en ese parque con la advertencia de que quienes no las cumplan podrán perder esa autorización.

La decisión alcanza a la tradicional Feria de Libros de Parque Centenario, un paseo que funciona desde 1984 y cuyos puestos deberán modificar estructuras, materiales, techos, paredes, puertas, mesas e instalaciones eléctricas y de comunicaciones.

Las nuevas reglas son obligatorias y la Ciudad ya no admitirá revestimientos de madera, las estructuras deberán ser de chapa y material ignífugo, habrá dimensiones máximas y tampoco podrá existir cableado aéreo o expuesto.

Estas obligaciones surgen de analizar la Disposición 1787/DGPF/26, firmada el 14 de agosto y publicada este miércoles 19 en el Boletín Oficial de la Ciudad por la administración que conduce Jorge Macri.

La norma establece que el incumplimiento de las nuevas disposiciones podrá provocar "la caducidad del permiso de uso precario oportunamente otorgado, o la no renovación del mismo".

En otras palabras, adecuar el puesto se convierte en una condición para continuar trabajando en la feria.

Parque Centenario: una feria de 42 años que abre todos los días

La dimensión del paseo permite medir mejor el alcance de la decisión que acaba de tomar el gobierno de la Ciudad.

La feria funciona desde 1984, por lo que acumula 42 años de actividad en Parque Centenario, y en sus puestos se venden y canjean libros y revistas usados, además de discos, películas y otros materiales de colección.

A diferencia de otros paseos que concentran su actividad durante el fin de semana, los libreros trabajan de lunes a domingo.

Durante otoño e invierno, el horario oficial es de 10 a 18, mientras que en primavera y verano se extiende hasta las 20.

Si bien no hay una estadística pública sobre cuántas personas compran en los puestos, una estimación oficial calcula que unas 30.000 personas visitan el Parque Centenario durante cada fin de semana.

La cifra corresponde al conjunto del parque y no exclusivamente a la feria de libros, pero sirve para dimensionar el flujo que puede concentrar el espacio durante sus jornadas de mayor actividad.

Un relevamiento oficial anterior contabilizó además 38 espacios habilitados para la feria de Parque Centenario, aunque otros estudios más informales calculan que esa cifra supera el centenar.

El deterioro que llevó a la Ciudad a intervenir

El argumento oficial para avanzar sobre esta feria ahora es contundente y quedó plasmado en la propia disposición que reconoce el "notable deterioro" que presentan las estructuras instaladas en la Feria de Libros de Parque Centenario y sostiene que es necesario "jerarquizar el Espacio Público" mediante una mejora de su imagen.

La intervención comprende los puestos habilitados para la compra, venta y permuta de revistas y libros usados y también aquellos que comercializan cassettes, películas, discos y otros materiales fonográficos y videográficos originales usados, además de reproducciones de partituras y material gráfico de colección.

La Ciudad pretende que el paseo abandone la heterogeneidad que presentan actualmente algunas de sus estructuras y adopte parámetros comunes.

Para conseguirlo no optó por recomendaciones sino por vincular directamente el cumplimiento de esas condiciones con la continuidad de los permisos.

Chapa, materiales ignífugos y nuevas medidas obligatorias

El cambio que establece la norma oficial será visible para cualquiera que habitualmente recorra la feria ya que, por ejemplo, ningún puesto podrá superar los 2,5 metros de altura, tres metros de frente y dos metros de profundidad.

Además, la estructura deberá tener una base sólida, interior consolidado y patas resistentes de por lo menos 10 centímetros.

Los techos tendrán que permanecer sin filtraciones y las puertas deberán contar con bisagras y rieles en buen estado, además de hojas pintadas y consolidadas.

Una de las modificaciones más importantes afecta a los materiales si se tiene en cuenta que la normativa establece que tanto el interior como el exterior deberán ser ignífugo.

Además, determina expresamente que no se admitirán revestimientos de madera y que los puestos deberán ser de chapa.

También se limitará el espacio utilizado para exhibir mercadería ya que hacia el exterior solamente podrá existir un anexo o mesa de hasta 80 centímetros de profundidad, tres metros de frente y una altura máxima de 1,20 metros.

Dentro de cada estructura deberá instalarse además una mesa metálica de aproximadamente dos metros de largo por 80 centímetros de ancho.

La intención es modificar incluso la dinámica de atención obligando al vendedor a permanecer del lado interior mientras el comprador es atendido desde afuera.

Según la documentación oficial, el objetivo es evitar accidentes y conseguir que los puestos mantengan una configuración homogénea.

Una reforma que también llega a cables y conexiones

La transformación también llegará a todas las instalaciones eléctricas, que deberán ser realizadas por un electricista matriculado, cumplir con la normativa vigente y garantizar las correspondientes condiciones de seguridad.

La exigencia se extiende a las instalaciones comunes de las góndolas y a las conexiones de internet y telefonía.

Además, la disposición prohíbe expresamente que exista cableado aéreo o expuesto.

De esta manera, el plan combina una renovación estética con una actualización de las condiciones de seguridad de estructuras que, según el diagnóstico oficial, muestran signos evidentes de deterioro.

Por otra parte, la Dirección General de Permisos y Ferias estableció que formas, dimensiones, estética e instalaciones deberán respetarse "estrictamente".

El cumplimiento será una "condición esencial" tanto para mantener las autorizaciones vigentes como para conseguir posteriormente su renovación.

La pregunta que todavía no tiene respuesta

El grado de detalle utilizado para definir cómo deberán quedar los puestos contrasta con la ausencia de precisiones sobre el costo de la transformación.

La disposición no establece un presupuesto ni un mecanismo de financiamiento y tampoco determina quién deberá hacerse cargo de las inversiones, ni deja en claro una fecha límite general para tener terminadas las reformas.

La norma ordena notificar formalmente a los interesados y por eso, existe la posibilidad de que plazos y condiciones adicionales aparezcan en esas comunicaciones.

El interrogante adquiere más relevancia cuando se observan los antecedentes como el del 2009 cuando, frente a las dificultades económicas que habían planteado algunos permisionarios para afrontar la renovación de sus estructuras, la Ciudad dispuso la entrega gratuita de nuevos puestos.

Luego, en el 2014, los libreros de Parque Centenario tuvieron la posibilidad de afrontar por su cuenta la readecuación o solicitar una estructura entregada en comodato.

El antecedente de los manteros

La decisión adquiere además otra dimensión porque Parque Centenario ya había sido uno de los escenarios centrales de la política de Jorge Macri para recuperar y ordenar el espacio público.

En agosto de 2024, la Ciudad desplegó más de un centenar de inspectores, operarios y efectivos policiales para impedir la instalación de alrededor de 2.000 manteros que ocupaban el parque durante los fines de semana.

El operativo había sido impulsado después de reclamos de vecinos y comerciantes registrados de la zona.

En ese momento, Macri defendió públicamente la decisión y diferenció a quienes utilizaban el espacio sin autorización de quienes desarrollaban actividades dentro de los mecanismos formales de la Ciudad.

Esa distinción resulta particularmente relevante ahora ya que los libreros sobre los que avanza la nueva regulación pertenecen justamente al segundo grupo.

No son manteros ni vendedores instalados sin autorización, sino comerciantes incorporados a un régimen legal de permisos.

Por eso lo que muestra la secuencia es un cambio en el alcance de la política de espacio público para elevar las condiciones que deberán cumplir quienes sí están autorizados para ocuparlo.

El espejo de Parque Rivadavia

La decisión sobre Parque Centenario también resulta significativa porque la Ciudad posee otro gran polo tradicional de libros usados a pocas cuadras de distancia como es el Parque Rivadavia.

Ambos funcionan de lunes a domingo y forman parte del mismo sistema de ferias reguladas.

En Parque Rivadavia conviven además los puestos de libros con las ferias dominicales de filatelia, numismática, antigüedades y objetos de colección.

La propia Ciudad reconoce antecedentes de renovación de estructuras en ese paseo: durante la gestión 2015-2019 fueron renovados los puestos del Paseo Beauchef de Parque Rivadavia.

Sin embargo, la disposición publicada ahora está dirigida a la feria que el propio gobierno porteño diagnosticó con un "notable deterioro" de las estructuras y donde, dos años antes, había protagonizado uno de sus operativos más grandes contra la venta informal.

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