Lácteos Verónica se presentó en concurso acorralada por deudas millonarias y pedidos de quiebra
Puntos importantes
Lácteos Verónica se presentó finalmente en concurso preventivo de acreedores después de más de un año de crisis, con salarios impagos, miles de cheques rechazados y múltiples reclamos judiciales que terminaron convirtiéndose en pedidos de quiebra. La decisión llegó esta semana, cuando la situación financiera de la empresa ya había dejado de ser un problema puntual de liquidez y había alcanzado a toda su estructura productiva.
La compañía láctea llegó a esta instancia después de intentar sostener la actividad con acuerdos de producción a fasón y esquemas de trabajo parciales que permitieron mantener algún movimiento durante parte del último año. Pero esas alternativas se fueron agotando y las plantas de Lehmann, Clason y Suardi quedaron prácticamente paralizadas.
El concurso preventivo se suma así a una larga serie de episodios que muestran el deterioro de la compañía: meses de salarios adeudados, pérdida de proveedores, reclamos de productores, miles de cheques rechazados, deuda bancaria y una sucesión de expedientes judiciales.
La crisis de Lácteos Verónica también golpeó a los trabajadores
La situación de los empleados fue uno de los principales frentes del conflicto. Verónica llegó a tener más de 700 trabajadores directos, pero los atrasos salariales se acumularon durante meses y llevaron a muchos empleados a buscar otras fuentes de ingresos o directamente abandonar sus puestos.
El conflicto tuvo distintas etapas de negociación y protesta. Hubo movilizaciones, reclamos frente a las plantas y cortes de ruta, mientras los trabajadores reclamaban el pago de los salarios y una definición sobre el futuro de la empresa. La situación también llegó a la Legislatura de Santa Fe, donde se reclamó la intervención de las autoridades frente al impacto que la paralización tenía sobre las localidades donde están radicadas las plantas.
Durante 2025, además, la empresa intentó avanzar con un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) que contemplaba una reducción de personal de alrededor de 200 trabajadores. La iniciativa fue discutida con el gremio Atilra y no consiguió destrabar el conflicto. En otro momento, la compañía también había planteado modificaciones de jornada en las plantas de Lehmann y Clason.
El problema laboral se fue convirtiendo así en una consecuencia directa de la falta de actividad. Sin producción suficiente, la empresa perdió capacidad para generar los recursos necesarios para pagar salarios y sostener la compra de leche y de insumos.
Cheques rechazados, deuda bancaria y productores sin cobrar
El deterioro financiero también aparece en los registros del sistema bancario. Según los últimos datos del Banco Central (BCRA), en junio Lácteos Verónica tenía obligaciones con Catalinas Cooperativa de Crédito, Credibel, Banco Galicia, Banco Santander, Banco Provincia, Banco Ciudad, Banco Industrial, Banco Nación y Banco Macro.
Los montos informados para esas entidades superaban en conjunto los $4.700 millones. Dentro de ese total aparecen, entre otros, unos $1.377 millones con Banco Galicia, $1.327 millones con Banco Nación y $1.115 millones con Credibel. La central de deudores también muestra créditos clasificados en situaciones de mayor riesgo.
A ese pasivo se suma uno de los indicadores más contundentes del deterioro: más de 2.900 cheques rechazados por más de $11.200 millones. El volumen de documentos sin fondos fue aumentando durante el conflicto y terminó afectando a una extensa red de proveedores y acreedores.
Los problemas tampoco quedaron limitados al sistema financiero. Productores tamberos y proveedores acumularon acreencias mientras la empresa reducía la recepción de leche y dejaba de operar con normalidad. Durante el conflicto, alrededor de 150 productores reclamaron por pagos pendientes y distintas estimaciones ubicaron la deuda con ese grupo en torno de u$s60 millones.
La falta de materia prima fue, justamente, uno de los factores que terminó profundizando la paralización. La empresa había llegado a procesar más de un millón de litros diarios en sus mejores momentos, pero la recepción fue reduciéndose hasta niveles mínimos.
Una reactivación que todavía no empezó
En paralelo con la presentación en concurso, apareció una alternativa para intentar recuperar parcialmente la actividad. Según trascendió, la firma acordó que Copalac, una empresa láctea de Morteros integrada por productores tamberos, podría operar a fasón la planta de Suardi, una posibilidad que permitiría volver a procesar leche en una de las instalaciones de Verónica y recuperar parte de los puestos de trabajo.
Pero, por ahora, la planta todavía no reabrió y no hay producción en marcha. El acuerdo constituye una posibilidad de reactivación, no una vuelta efectiva de la actividad. Tampoco implica que Lácteos Verónica haya recuperado su operatoria habitual ni alcanza a sus otras dos instalaciones.
Lehmann y Clason continúan paralizadas, mientras que Suardi permanece a la espera de que se concrete el esquema anunciado. Después de meses de intentos para sostener algún nivel de producción mediante acuerdos a fasón, la diferencia ahora es que existe una alternativa planteada para esa planta, aunque todavía falta que se materialice.
Para la empresa, el desafío sigue siendo mucho mayor que poner nuevamente en marcha una planta. El concurso llega con una cadena de pagos quebrada, miles de cheques rechazados, deudas bancarias, reclamos de productores y proveedores y un conflicto laboral que lleva meses. Por eso, incluso si finalmente se concreta la producción a fasón en Suardi, se trataría de una recuperación puntual y no de una solución para la crisis integral de Verónica.
La presentación en concurso de Lácteos Verónica marca así un nuevo capítulo para una empresa que lleva más de un año intentando sostenerse. La posibilidad de volver a producir en Suardi todavía debe concretarse, mientras las otras plantas permanecen detenidas y la Justicia deberá ordenar ahora el escenario de acreedores que se fue acumulando durante todo este período.