JOVEN TALENTO ARGENTINO

Tiene 24 años, estudió en Stanford y crea gemelos digitales con inteligencia artificial en Silicon Valley

El ingeniero argentino Armando Borda diseña agentes de inteligencia artificial en Silicon Valley capaces de clonar la memoria de los empleados
Por Laura Andahazi Kasnya
NEGOCIOS - 29 de Agosto, 2026

Puntos clave

  • Armando Borda, un argentino de 24 años egresado de Stanford, trabaja en el desarrollo de agentes de inteligencia artificial en Silicon Valley.
  • Los gemelos digitales funcionan como clones de memoria que asimilan correos y llamadas para delegar flujos de trabajo en las empresas.
  • En la startup Aida desarrolla sistemas que permiten automatizar tareas de ventas, reportes y gestión de información empresarial.
  • Su objetivo a futuro es impulsar soluciones de inteligencia artificial para empresas de Latinoamérica y fomentar el desarrollo tecnológico en la región.

El joven Armando Borda tiene 24 años, estudió Ingeniería Eléctrica y una maestría en inteligencia artificial en Stanford y hoy trabaja en Silicon Valley, donde desarrolla agentes de IA capaces de aprender cómo trabaja una persona y ejecutar tareas a partir de todo ese conocimiento. Su próximo objetivo está más cerca de casa: quiere llevar ese tipo de tecnología a Latinoamérica.

A los 13 años ya tenía en la cabeza una idea bastante concreta: quería estudiar en Estados Unidos y llegar a Stanford, donde veía el centro de la innovación tecnológica.

Nació en Buenos Aires, vivió sus primeros años en Estados Unidos y a los seis se mudó con su familia a Santiago de Chile. Allí hizo la primaria y la secundaria, entre el rugby, el fútbol, las competencias de matemática y un interés que fue sumando capas; primero la física, después la programación y, más tarde, las startups.

"Siempre fui muy curioso y enfocado. Ya desde chico me interesaba estudiar y leer mucho, aprender por el hecho de aprender, de tener más conocimiento", cuenta a iProfesional. También reconoce otra característica que lo acompañó desde entonces; era competitivo, incluso consigo mismo.

Hubo un profesor que tuvo un papel especial en ese recorrido. Se llamaba Scott, era británico y daba física en su colegio. Borda recuerda que era muy riguroso y que no aceptaba respuestas vagas. "Era muy claro al hablar y muy preciso; tenía una explicación para todo, no te dejaba con esas respuestas generales. Me ayudó a meterme de verdad en esta ciencia", recuerda.

Mientras tanto, en la adolescencia empezó a leer sobre empresas como Airbnb y Uber. Le interesaba tanto la tecnología como la historia detrás de esos negocios y de quienes los habían construido. Silicon Valley empezó a convertirse en un objetivo.

Borda trabaja en Aida, una startup de Silicon Valley enfocada en agentes de inteligencia artificial (Gentileza Armando Borda)

"Ver cómo estos emprendedores de Silicon Valley estaban cambiando el mundo a través del software, y cómo habían empezado cuando nadie les creía, hizo un click en mí. Mi objetivo era llegar a trabajar en tecnologías así", recuerda.

¿Qué hace en Silicon Valley con inteligencia artificial?

Stanford fue el paso siguiente. Para Borda, la universidad reunía lo que estaba buscando; ingeniería, tecnología, startups y contacto directo con el ecosistema de innovación de la Bahía de San Francisco, donde se encuentra Silicon Valley. "El objetivo siempre fue apuntar alto, tratar de entrar a las mejores", explica.

En cuatro años completó Ingeniería Eléctrica y una maestría vinculada con inteligencia artificial. El ritmo fue intenso. Había semanas en las que estudiaba prácticamente todo el día, incluso los fines de semana, con proyectos y evaluaciones que se acumulaban.

Lo que más recuerda es la gente que encontró ahí. "La ambición de estos estudiantes, y lo que llaman en Stanford 'curiosidad intelectual', es increíble. La mayoría siempre piensa para arriba, te empuja a hacer más y más", cuenta.

Después llegó Aida, una startup de Silicon Valley especializada en agentes de inteligencia artificial. Borda se incorporó como "founding engineer", uno de los primeros ingenieros de la compañía, y pasó a trabajar sobre la arquitectura tecnológica de un producto que busca convertir la información acumulada por cada trabajador en una especie de memoria digital.

Ahí aparecen los llamados gemelos digitales.

La idea, explicada sin demasiada jerga, es que un agente de IA pueda conocer el trabajo de una persona a partir de sus correos, llamadas, mensajes, reuniones y herramientas que utiliza todos los días. En Aida, esa información incluye plataformas como Salesforce y HubSpot, además de Slack y otros sistemas de la empresa.

En Stanford encontró estudiantes ambiciosos que lo impulsó a plantearse objetivos cada vez más altos (Gentileza Armando Borda)

"El gemelo digital es tu clon; toda la información que vos tenés, la tiene él también. Eso permite que otros empleados de la empresa, y vos mismo, le puedan delegar trabajo, hacerle preguntas y obtener respuestas sin tener que interrumpirte", explica Borda.

No se trata solamente de preguntarle algo a un chatbot. El sistema incorpora información nueva a medida que pasa el tiempo y utiliza ese contexto para actuar. Puede preparar una reunión, redactar un seguimiento después de una llamada, actualizar un CRM o generar un documento con información que ya conoce.

En ventas, la aplicación puede ser bastante concreta. El sistema puede revisar las últimas cien llamadas con un cliente, detectar sus objeciones y preparar diez mails personalizados para que el vendedor los revise antes de enviarlos.

Borda trabajó especialmente en las integraciones de IA con Salesforce y HubSpot y también diseñó y construyó el sistema de reportes de agentes de inteligencia comercial. Cada semana, esos agentes recorren llamadas, mails y datos del CRM para analizar el estado de cada negocio y generar informes para los gerentes y CEOs de los clientes.

La apuesta es que estos agentes puedan hacerse cargo de procesos cada vez más largos, con menos intervención humana. "Concretamente, van a poder resolver workflows de principio a fin por sí solos", proyecta. Habla de ventas, finanzas, procesos legales y también de tareas vinculadas con documentos y presentaciones.

¿Por qué quiere llevar esta tecnología a Latinoamérica?

Trabajar en Silicon Valley también le cambió la vara. "Hay muchísima gente de 24 años que ya tiene su empresa, que está innovando, que está construyendo la próxima cosa y no para. Eso te empuja", cuenta. Y enseguida agrega que siente que todavía tiene mucho por hacer y mucho impacto por generar en otras partes, como Latinoamérica.

"Acá nadie pide permiso. La gente siente que puede construir cualquier cosa y esa ambición se contagia. Latinoamérica tiene ingenieros extraordinarios, pero necesitamos más personas que se animen a emprender y a no ponerse límites", sostiene.

Borda ve una oportunidad concreta en la región. Muchas empresas latinoamericanas todavía tienen información repartida entre sistemas antiguos, bases de datos y herramientas que no necesariamente se comunican entre sí. Para él, la inteligencia artificial puede permitirles dar un salto tecnológico sin tener que repetir todas las etapas que atravesaron las compañías estadounidenses.

La posibilidad de emprender con su propia startup también aparece en su horizonte. Le interesa cada vez más la inteligencia artificial aplicada al mundo empresarial, especialmente cuando puede demostrar un impacto concreto sobre la productividad.

"Me gustaría, y ese sería un objetivo, armar una plataforma que impacte distintas regiones, Latinoamérica incluida, Argentina, Chile, creando productos y plataformas de inteligencia artificial que lideren en la región", dice.

Sin embargo, Borda no tiene demasiado interés en ponerle un punto de llegada a su carrera. Dice que en Silicon Valley las cosas cambian demasiado rápido como para saber dónde estará dentro de seis años. Sí tiene claro qué quiere encontrar cuando llegue a los 30; tecnología que no se quede en la demostración y que pueda generar un impacto medible.

"Silicon Valley es un ecosistema donde hay mucho capital para crear, pero no está tan claro siempre qué de verdad sirve, qué realmente le va a cambiar la vida a las personas afuera de este lugar. Me gustaría poder tener un impacto tangible", concluye la joven promesa.

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