La Ciudad prepara fuerte suba en los taxis: de cuánto será la bajada de bandera y la ficha
El primer ajuste se proyecta para octubre próximo y el segundo para febrero, con bajadas de bandera que pasarán de $1.920 a $2.550 y luego a $3.100
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires puso en marcha dos aumentos sobre la tarifa de los taxis, que llevarán la bajada de bandera diurna desde los actuales $1.920 hasta $2.550 durante octubre y posteriormente a $3.100 en febrero de 2027.
En el caso de la ficha diurna, que se suma por cada 200 metros recorridos o minuto de espera, también tendrá un retoque y pasará de $192 a $255 en la primera etapa y llegará a $310 en la segunda.
En cuanto a la tarifa nocturna, mantendrá un recargo del 20% y elevará la bajada de bandera desde $2.300 hasta $3.060 y luego a $3.720.
La propuesta fue incluida en el Decreto 309/2026, firmado por el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad.
El incremento acumulado entre la tarifa vigente y la proyectada para febrero será del 61,5%, aunque antes de iniciar los cambios se deberá llevar a cabo una audiencia pública convocada para el 13 de octubre en la cual se debatirán los aumentos pautados.
Dos aumentos sobre el mismo reloj
El nuevo cuadro forma parte del expediente EX-2026-14009669-GCABA-SECT, en tanto que los importes fueron detallados en el Anexo I, identificado como IF-2026-39828908-GCABA-SECT.
La primera etapa elevará la ficha diurna desde $192 hasta $255, una actualización del 32,8%, mientras que la ficha nocturna, actualmente fijada en $230, subirá a $306.
Como la bajada de bandera equivale a 10 fichas, el monto inicial de cualquier recorrido pasará a $2.550 durante el día y $3.060 entre las 22 y las 6.
En el caso del segundo tramo, llevará la ficha diurna desde $255 hasta $310 y la nocturna desde $306 hasta $372 por lo que cuando se complete el cronograma, el reloj comenzará en $3.100 durante el día y $3.720 por la noche.
La segunda etapa representará otro incremento del 21,6% sobre los valores proyectados para octubre y, frente al cuadro actual, la diferencia final será de $1.180 en la bajada de bandera diurna y de $118 por cada ficha.
En el caso del equipaje de mano y una valija o bulto de hasta 0,90 por 0,40 por 0,30 metros, continuarán incluidos sin cargo pero cada pieza adicional podrá cobrarse al equivalente de cinco fichas diurnas.
Viajes más caros, incluso sin demoras
La actualización no afectará únicamente el importe que aparece cuando el pasajero sube al automóvil sino que también incrementará el precio por distancia y espera, dos componentes que pueden tener una incidencia importante en los recorridos realizados durante los horarios de mayor congestión.
Un viaje diurno teórico de tres kilómetros, sin detenciones, incluye la bajada de bandera y 15 fichas y con los valores actuales cuesta $4.800 pero después de la primera suba pasará a $6.375 y, con la segunda, llegará a $7.750.
En el caso de un recorrido de cinco kilómetros, también sin espera, avanzará desde los actuales $6.720 hasta $8.925 en la primera etapa y $10.850 en febrero.
De todos modos, el precio final de cada viaje dependerá del trayecto efectivo y del tiempo durante el cual el vehículo permanezca detenido.
Actualmente, 10 minutos de espera agregan $1.920 al recorrido durante el día, pero se incrementarán a $2.550 con el primer ajuste y $3.100 cuando se complete el segundo.
Para los viajes nocturnos, tanto la distancia como la espera se calculan con el recargo del 20% por lo que un recorrido de tres kilómetros sin detenciones, que actualmente cuesta $5.750, pasará a $7.650 en la primera etapa y a $9.300 en la segunda.
Casi dos años de congelamiento
El último aumento de los taxis porteños entró en vigencia el 1° de noviembre de 2024 como parte de la segunda etapa de la actualización autorizada mediante el Decreto 278/2024 y fijó los valores que continúan aplicándose: $192 para la ficha diurna y $230 para la nocturna.
El primer tramo había comenzado el 1° de agosto de 2024, cuando la ficha diurna pasó entonces de $85 a $128 y la bajada de bandera, de $850 a $1.280, en tanto que la ficha nocturna subió desde $102 hasta $154.
Tres meses después, la ficha diurna avanzó desde $128 hasta $192 y la bajada de bandera llegó a $1.920, mientras que en el horario nocturno, los valores subieron a $230 y $2.300, respectivamente.
Cada etapa representó un aumento del 50% que permaneció sin cambios hasta estos días, es decir durante cerca de dos años desde aquel ajuste.
El período contrasta con lo establecido por el Código de Tránsito y Transporte porteño, que dispone que el Gobierno de la Ciudad debe revisar semestralmente las tarifas y actualizarlas cuando corresponda para sostener los niveles del servicio.
Ahora, el Ejecutivo que dirige Jorge Macri fundamentó la nueva propuesta en los informes IF-2026-39680151-GCABA-DGGSM e IF-2026-39638841-GCABA-DGGSM, elaborados por la Dirección General Gestión de Servicios de Movilidad.
Según el Decreto 309/2026, el organismo analizó la rentabilidad de la actividad, la evolución de sus ingresos, el capital invertido y el incremento de los insumos necesarios para explotar cada unidad.
Entre los principales gastos aparecen la compra y renovación del automóvil, combustible, seguros, neumáticos, repuestos, mantenimiento, habilitaciones y Verificación Técnica Vehicular (VTV).
La norma sostiene que la actualización contribuirá a recomponer la ecuación económica de la actividad pero no reproduce en su texto el costo total estimado para operar un taxi ni la incidencia individual asignada a cada componente.
Miles de licencias fuera de circulación
El aumento llega en medio de una transformación del tradicional servicio que viene decayendo ya desde hace años y en la actualidad ronda las 38.500 licencias que no significan que sea la cantidad de taxis que trabajan diariamente.
En este sentido, la Asociación de Titulares de Taxis estimó que actualmente circulan por las calles porteñas alrededor de 12.000 unidades, menos de un tercio del padrón histórico.
La entidad relacionó la caída con la expansión de las aplicaciones, el encarecimiento de los vehículos y la pérdida de rentabilidad lo cual, además hace que haya licencias sin una unidad activa, vehículos que dejaron de trabajar, automóviles que no completaron las verificaciones exigidas y titulares que abandonaron la actividad.
La reducción también tiene una dimensión territorial y horaria si se tiene en cuenta que la oferta suele concentrarse en aeropuertos, terminales, centros comerciales, avenidas y zonas gastronómicas, mientras puede resultar menor en algunos barrios o durante determinados momentos del día.
En ese contexto, la contracción de la flota constituye uno de los datos centrales detrás de la nueva discusión sobre los precios que pagan los usuarios ya que una tarifa más alta puede mejorar el ingreso por viaje, aunque su resultado dependerá de la cantidad de pasajeros que el servicio logre conservar.
Costos que corren sin pasajeros
También se debe tener en cuenta que cualquier taxi funciona como un servicio público regulado por el gobierno porteño.
Cada vehículo debe contar con una licencia vinculada con la unidad, conductores habilitados, seguro específico, VTV y reloj taxímetro homologado.
La identificación negra y amarilla, el número de licencia y la información del titular y del conductor también forman parte de las condiciones obligatorias.
A diferencia de los colectivos y el subte, el taxi no recibe un subsidio operativo general que reduzca el precio pagado por los pasajeros y sus ingresos provienen fundamentalmente de los viajes realizados.
La estructura obliga a cubrir kilómetros recorridos sin pasajeros, tiempos de espera sin facturación y períodos de menor demanda y el propietario debe afrontar los costos del automóvil incluso cuando una parte de la jornada transcurre sin generar ingresos.
Queda claro entonces que la rentabilidad depende del valor de la tarifa, la cantidad de recorridos, las horas trabajadas, el mantenimiento y la forma de explotación y que una unidad conducida por su titular tiene una estructura diferente de otra utilizada por distintos choferes durante varios turnos.
Además, mantener un vehículo más antiguo puede requerir un gasto creciente en reparaciones, mientras que reemplazarlo exige una inversión difícil de recuperar cuando cae la cantidad de viajes.
Una batalla por cada viaje
En este contexto, la reducción del número de taxis también coincidió con la expansión de la aplicaciones de viajes como Uber, Cabify y DiDi, que modificaron la manera de contratar estos servicios.
Las plataformas permiten solicitar un automóvil mediante el teléfono, observar el trayecto, acceder a los datos del conductor y recibir una estimación del precio antes de confirmar la operación, además de que utilizan sistemas de calificación y promociones.
Sus valores pueden variar de acuerdo con la demanda, la zona, el horario y la disponibilidad de conductores y en determinados momentos pueden quedar por debajo del taxi, mientras que durante los períodos de mayor demanda la tarifa dinámica puede superar al servicio regulado.