Harrods lleva casi 28 años cerrado bajo el control total de un empresario local
Puntos importantes
Las persianas permanecen bajas sobre la calle Florida, entre Paraguay y San Martín es la evidencia de un deterioro acumulado que ya acumula casi 30 años.
Detrás de las vidrieras que se destacan sobre esos 100 metros de la peatonal porteña más famosa, sobreviven escaleras de mármol, pisos de madera, antiguos ascensores, una barbería y parte del mobiliario de la única sucursal que la tienda británica abrió fuera de su país y que permanece cerrada desde 1998
Se trata del edificio de Harrods, exactamente ubicado en Florida 877, y que atravesó proyectos de venta, anuncios de reapertura, restauraciones parciales y propuestas que lo imaginaron como tienda, shopping, hotel, mercado gastronómico, complejo de oficinas, viviendas y espacio de coworking.
Todos quedaron inconclusos y hasta ahora la sociedad que registra el inmueble entre sus activos lo mantiene cerrado y sin un plan que indique un escenario diferente, por lo menos en el corto plazo.
Harrods Buenos Aires Limited es la sociedad propiedad del mítico edificio y continúa activa en el Reino Unido al punto que en agosto pasado presentó sus estados financieros correspondientes al ejercicio cerrado un año antes.
En ese documento, entre otras novedades, se destaca que Atilio Gibertoni, quien está asociado con Harrods desde fines de la década de 1970, pasó a concentrar directamente todas las acciones.
El empresario nació en octubre de 1940, tiene 85 años, ingresó a Harrods como ejecutivo comercial cuando Pérez Companc y Tornquist tomaron el control en 1977 y, en pocos años, se transformó en su principal accionista, al punto que desde el 1° de diciembre de 2025 figura como titular directo del 100% de Harrods (Buenos Aires) Limited.
Ese dato surge de una presentación entregada el pasado 14 de abril a Companies House, el registro oficial de comercio y de empresas del Reino Unido, encargado de incorporar, disolver y almacenar la información pública de todas las sociedades limitadas del país.
Hasta entonces, las acciones aparecían a nombre de Milville Holdings Inc., una sociedad anónima registrada en Panamá (una compañía del tipo offshore o de plaza extraterritorial).
Ese vehículo societario transfirió a Gibertoni las 20,02 millones de acciones ordinarias y las 70,4 millones de acciones diferidas de la sociedad controlante de Harrods que, de este modo tiene ahora un único accionista directo.
Según una investigación de iProfesional, la comprobación dominial absoluta del inmueble corresponde a un informe del Registro de la Propiedad, pero la documentación británica permite acreditar la cadena económica detrás del edificio de la calle Florida que ya se asemeja a un "Elefante Blanco" del microcentro porteño.
Promesas archivadas
Harrods fue inaugurado el 31 de marzo de 1914 y el proyecto original estuvo a cargo de los arquitectos Paul Bell Chambers y Louis Newbery Thomas.
Las ampliaciones posteriores extendieron la tienda hasta ocupar gran parte de la manzana delimitada por Florida, Paraguay, San Martín y Córdoba con una superficie de 6.529 metros cuadrados, con más de 47.000 metros cubiertos distribuidos en ocho niveles y dos subsuelos.
El edificio está catalogado como representativo dentro del régimen de protección patrimonial de la Ley 2548 e integra el Área de Protección Histórica 51 Catedral al Norte.
A la obra estructural se suma la restauración de pisos, escaleras, ascensores, aberturas, molduras, cúpulas y mobiliario.
Su esplendor llegó hasta 1998, cuando debió cerrar como consecuencia de un largo juicio legal por su autonomía, las crisis económicas acumuladas y la competencia de los nuevos centros comerciales.
En ese momento, Mohamed Al-Fayed, dueño de Harrods en Londres, e inversores locales pelearon por el control de la filial argentina en un juicio que terminó dictando su autonomía, pero sin fondos ni plan de rescate.
Lo que vino después fue un constante deterioro de su negocio que se agravó por la inflación histórica, las recurrentes crisis financieras del país y años de desinversión.
En ese contexto, hubo muchos intentos de reabrir el edificio que comenzaron pocos años después del cierre
En 2003 se propuso instalar locales de unas 80 marcas de indumentaria, una cafetería y una librería.
Luego, en 2008 y 2009 volvió a recibir público durante el Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires, pero con aperturas temporales y que se limitaron a sectores acondicionados.
También en 2009, CBC Interconfianz anunció la presentación de permisos para recuperar la tienda y en abril de 2010 se difundió una inversión de u$s40 millones y una fecha de reapertura para 2013.
La iniciativa conservaba la casa de té, los cinco ascensores de hierro y bronce, las escaleras de mármol y los pisos de madera, mientras que para los niveles superiores se proyectaban oficinas y un hotel.
Durante 2011 surgió una operación condicionada a que un fondo británico desembolsara u$s280 millones por el edificio y la marca local.
En 2012 se evaluó un centro comercial con indumentaria, antigüedades, gastronomía, arte y hotelería y en 2013 apareció Falabella como posible operador.
La propuesta más ambiciosa llegó en 2018 de la mano del estudio Bodas-Miani-Anger, que diseñó un complejo que combinaba una nueva tienda departamental, boutiques, mercado gastronómico, oficinas, coworking, viviendas compartidas y terrazas de acceso público.
La obra demandaría tres años y unos u$s60 millones y la reapertura fue proyectada para 2020, al punto que los trabajos ejecutados alcanzaron la limpieza, el tratamiento de filtraciones y la recuperación de sectores exteriores.
Pero el calendario de esa obra llegó a 2020 con el proyecto detenido que nunca má se retomó y que muestra la foto actual de un edificio con persianas cerradas, pérdida de ornamentación, cristales dañados y deterioro visible en la cúpula de Córdoba y San Martín.
Las razones detrás de los fracasos
Harrods fue diseñado como una gran tienda departamental que concentraba indumentaria, perfumería, juguetes, artículos para el hogar, gastronomía, peluquería, barbería y otros servicios.
Ese formato perdió espacio frente a los shoppings, los locales especializados, las plataformas digitales y las ventas directas de las marcas.
Una reapertura limitada a la antigua tienda exigiría sostener decenas de miles de metros cuadrados con un modelo minorista que prácticamente desapareció de la Argentina.
En el caso de una reconversión hacia viviendas, hotelería u oficinas requiere adaptar una estructura centenaria, protegida y concebida para otra forma de circulación.
De hecho, el último balance de la sociedad controlante aporta una imagen concreta del negocio detrás del edificio cerrado.
Harrods (Buenos Aires) Limited declaró activos netos por 18,77 millones de libras al 31 de agosto de 2025, equivalentes a unos u$s25,2 millones según el tipo de cambio actual.
Dentro de ese total, los terrenos y edificios fueron contabilizados en 6,37 millones de libras, cerca de u$s8,6 millones.
Pero el dato más llamativo del balance aparece en la estructura operativa, con una empresa que tuvo un promedio de un empleado durante el ejercicio y cerró el período con apenas 77 libras en efectivo o u$s103.
En el balance se plantea además la continuidad de Harrods, pero bajo dos condiciones: el respaldo financiero de los accionistas y el éxito de las negociaciones de los directores para establecer una fuente alternativa de ingresos.
Se trata de la única referencia concreta sobre el futuro económico de Harrods que aparece en la documentación societaria reciente y en la cual se mantienen esas negociaciones abiertas, al margen de una venta, reapertura comercial o reconversión determinada.
Un cambio de escenario que no favorece
El problema actual para lograr una reapertura del edificio es que la permanente inmovilización de Harrods coincide con un deterioro comercial más amplio y vinculado a su entorno cercano.
Según el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad, la calle Florida terminó el tercer cuatrimestre de 2025 con una ocupación de locales del 89,3%, 1,9 puntos porcentuales por debajo del año anterior y con un promedio de 3,3 locales desocupados por cuadra.
El Microcentro registró una situación todavía más delicada, con una vacancia que alcanzó el 36,8%, el nivel más alto entre los 53 ejes analizados.
En ese contexto, las vidrieras inactivas de Harrods ocupan gran parte de una manzana situada muy cerca de Galerías Pacífico y cortan la continuidad comercial entre Florida, Córdoba y Plaza San Martín.
A esto se suma que el programa de reconversión del Microcentro creó beneficios tributarios para transformar oficinas en viviendas y atraer residentes.
Pero Harrods requiere una ecuación diferente por su tamaño, el costo de las obras y las restricciones patrimoniales.
El hombre detrás del "Elefante Blanco"
El vínculo de Gibertoni con Harrods comenzó en 1977, cuando los grupos Pérez Companc y Tornquist compraron las acciones de la tienda.
Distintas reconstrucciones históricas lo ubican primero como director comercial y luego como gerente general de la operación y la fecha más firme sobre su ingreso al capital aparece en un fallo de la Justicia estadounidense de 2001, dictado durante una disputa por el registro de dominios de Internet.
La sentencia reconstruyó la historia societaria de Harrods Buenos Aires a partir de los antecedentes de dos procesos judiciales británicos.
Según ese documento, en 1979 el banco mercantil William Brandt’s Sons & Company vendió Harrods (Buenos Aires) Limited a Intercomfinanz Holdings y Ladenimor.
Gibertoni era entonces uno de los principales accionistas de Intercomfinanz y, en ese proceso, los compradores asumieron el compromiso de mantener la tienda abierta durante al menos cinco años.
La información coincide con las publicaciones de archivo que ubican a Gibertoni al frente del negocio desde comienzos de los años 80, además de que una reconstrucción publicada en 2017 sostuvo que, después de ingresar como director comercial, logró quedarse con el 51% de la tienda.
Por lo tanto, existen tres momentos diferentes que conviene separar. Gibertoni llegó a la conducción en 1977; se incorporó al grupo propietario desde 1979 y alcanzó el control mayoritario a comienzos de los años 80, mientras que el traspaso realizado en diciembre de 2025 completó ese proceso al convertirlo en titular directo de todas las acciones.
Durante años, el empresario mantuvo un perfil reservado y actuó mediante sociedades, pero la reciente declaración británica elimina esa intermediación y ahora su nombre figura sobre las dos clases de acciones emitidas por Harrods (Buenos Aires) Limited.
También concentra más del 75% de los votos y posee la facultad de nombrar o remover a la mayoría del directorio, por lo cual Companies House lo registró como persona con control significativo.
De todos modos, las directoras formales de la empresa son las argentinas Leticia Emilia Rosa Martínez de Da Costa y Nélida Beatriz Bengochea, en tanto que la sociedad tiene domicilio legal en Sterling House, Redhill, Inglaterra, y mantiene el número de inscripción que recibió el 17 de septiembre de 1913, seis meses antes de la apertura de la tienda porteña.
La marca como parte del activo
En 1985, Mohamed Al-Fayed compró la tienda de Londres e intentó recuperar el control de la filial porteña, pero Gibertoni y sus socios defendieron la autonomía de la empresa argentina ante los tribunales británicos.
La Justicia reconoció a Harrods Buenos Aires el derecho contractual para operar con ese nombre en América del Sur, además de que la compañía registró marcas en la Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
La disputa continuó posteriormente en Estados Unidos por el registro de casi 300 dominios de Internet.