La Ciudad simplifica la venta de licencias de taxi tras el derrumbe de su valor

Reduce trámites en un sector que perdió la mitad de sus unidades y con habilitaciones que llegaron a costar u$s20.000 y ahora se publican en u$s1.200
La parte superior de un taxi andando en una fila con otros autos de noche con luces prendidas

Puntos importantes

Checkbox Checked CABA simplificó la transferencia de licencias de taxi.
Checkbox Checked Esto responde a la fuerte caída de su valor y de taxis activos por apps como Uber.
Checkbox Checked El nuevo proceso usa declaración jurada, abaratando y agilizando el trámite.

La Ciudad de Buenos Aires simplificó la compra y venta de licencias de taxi, un activo que llegó a cotizar por encima de u$s20.000 y que perdió gran parte de su valor con el avance de Uber, Cabify, DiDi y otras plataformas digitales.

La decisión llega en medio de una contracción profunda del negocio en el marco de la cual las licencias se publican actualmente entre $1,5 millones y $2 millones y con solamente 15.000 taxis circulando, de los 38.000 que se encuentran registrados.

El nuevo procedimiento permitirá realizar la transferencia mediante declaraciones juradas, incluso a través de apoderados, modificación que alcanza tanto a la licencia sola como a las operaciones que incluyen el automóvil afectado al servicio.

La decisión se encuentra fundamentada en la Disposición 21/DGGSM/26 , que fue publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad este martes 22 de septiembre con la firma del director general de Gestión de Servicios de Movilidad, Álvaro Quiroga.

La disposición aprobó dos modelos de declaración jurada. El primero se utilizará para transferir únicamente la licencia, mientras que el segundo contempla la venta de la habilitación junto con el vehículo utilizado como taxi.

En ambos documentos deberán identificarse el vendedor y el comprador, con sus respectivos DNI, domicilios reales, teléfonos y correos electrónicos, además de consignarse el número de licencia y la fecha en que fue otorgada por el Gobierno porteño.

Cuando la operación comprenda el automóvil, se incorporarán además el dominio, la marca y el modelo de la unidad.

Además, el cedente declarará su voluntad de transferir la habilitación con carácter definitivo e irrevocable en tanto que el comprador deberá aceptar la operación y comprometerse a entregar la documentación necesaria para completar el trámite y obtener la autorización para prestar el servicio.

Las partes asumirán responsabilidad por la veracidad de los datos y la legitimidad de los derechos invocados y cualquier falsedad podrá derivar en las sanciones previstas por la normativa.

De acuerdo a la norma, los formularios serán presentados ante la Gerencia Operativa Transporte de Pasajeros No Colectivo y Logística de Entrega Urbana en Motovehículos, dependiente de la Dirección General Gestión de Servicios de Movilidad.

La inscripción ante la autoridad porteña completará la transferencia y permitirá reconocer administrativamente al nuevo titular.

Un cambio que demoró casi tres décadas

Según la nueva normativa, el propietario también podrá actuar mediante un apoderado tal como aparece en el formulario que identifica a la parte cedente como titular o representante de quien posee la licencia.

Este cambio modifica un procedimiento vigente desde 1997, cuando la Ciudad estableció que las transferencias debían formalizarse mediante escritura pública ante un escribano con registro porteño.

La exigencia fue impuesta después de que la entonces Subsecretaría de Transporte y Tránsito denunciara operaciones realizadas mediante poderes falsos.

Para evitar ese delito, se establecieron normativas estrictas como que el escribano debía solicitar un certificado de titularidad, controlar la documentación de las partes e impulsar la inscripción de la transferencia en el Registro Único del Servicio Público de Automóviles de Alquiler con Taxímetro.

La reforma actual reemplaza esa instrumentación por una declaración jurada firmada por las partes, mientras que la inscripción administrativa y la presentación de la documentación exigida para habilitar al comprador continúan bajo responsabilidad de la Ciudad.

La vigencia de los costos

La simplificación de los trámites también reduce los honorarios y gastos vinculados con la intervención notarial, pero mantiene los pagos públicos relacionados con la operación.

En este sentido, la página oficial de la Ciudad informa un arancel de $23.210 para iniciar el trámite de transferencia por cesión del titular, además de un adicional por el pago de la tasa específica establecida por el Código de Tránsito y Transporte.

Por la Ley Tarifaria, ese valor se fija en el equivalente a 1.500 fichas de taxi que, con el precio diurno vigente de $192, representa $288.000. 

El costo público alcanza así al menos $311.210, al sumar el arancel de inicio y la tasa de transferencia, cifra que representa el 15,6% de una licencia ofrecida a $2 millones.

Cuando la operación requiere separar el automóvil de la licencia, el titular también debe tramitar la desafectación del vehículo.

Ese procedimiento figura actualmente como gratuito y exige el certificado de Verificación Técnica Vehicular (VTV), y la presentación presencial de la tarjeta magnética.

El gobierno porteño anticipó en mayo pasado que el proyecto de simplificación avanzaría sobre las tasas de transferencia y otros aranceles.

Cuánto se pide por una habilitación

Las licencias de taxi carecen de una cotización oficial y su valor surge de acuerdos entre particulares y varía según la antigüedad, la vigencia, la existencia de deudas y el estado del trámite de desafectación.

También influye el contenido de la oferta y en algunas publicaciones se incluyen únicamente la habilitación, mientras que en otras se incorporan el reloj taxímetro, la tiquetera o el automóvil utilizado para prestar el servicio.

Entre los avisos comparables aparecen licencias de la Ciudad ofrecidas entre $1,5 millones y $2 millones, rango mediante el cual se publican permisos desafectados, con documentación al día y presentados como listos para transferir.

En el caso de una licencia acompañada por el reloj y la tiquetera se ofrece desde $1 millón, mientras los paquetes con automóvil alcanzan cifras más elevadas porque el modelo, el año y el estado del vehículo explican buena parte del valor.

Licencia de taxis, un negocio en decadencia

La cotización actual de las licencias de los taxis contrasta con los valores que esos documentos alcanzaron antes del desembarco de las aplicaciones.

En este sentido, una investigación académica basada en información del Observatorio Nacional de Datos de Transporte de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), reconstruyó la evolución del mercado entre 1992 y 2018.

La serie muestra que una licencia costaba en promedio u$s24.861 en 2012; u$s23.292 en 2013; u$s21.967 en 2014 y u$s21.283 en 2015.

La caída se aceleró a partir de 2016 cuando el promedio descendió a u$s11.918; a u$s9.592 en 2017 y a u$s7.364 durante los primeros siete meses de 2018 y luego se acercaron a u$s4.000.

Durante años, la licencia funcionó como un activo capaz de conservar valor, teniendo en cuenta que el propietario compraba una habilitación escasa, la utilizaba para trabajar o incorporaba un conductor y mantenía la posibilidad de transferirla en el futuro.

La suspensión del otorgamiento de nuevos permisos reforzaba esa escasez ya que, para ingresar al negocio como titular, la vía habitual era comprarle una licencia vigente a otro propietario.

La llegada de las plataformas alteró ese esquema y los conductores pudieron comenzar a transportar pasajeros registrando un automóvil en una aplicación, sin realizar la inversión inicial que exigía la compra de una habilitación de taxi.

A ese cambio se sumaron la pérdida de poder adquisitivo, la reducción de los viajes, la devaluación y el aumento de los costos de renovación y mantenimiento de los vehículos.

Una flota reducida a casi la mitad

Ese contexto estuvo acompañado por una fuerte disminución del parque habilitado que, en 1995 contabilizaba 38.653 taxis, cifra que se mantuvo casi inamovible durante casi dos décadas.

La cifra comenzó a bajar en 2017, cuando llegó a 36.037 unidades, luego pasó a 31.724 en 2019 y la llegada de la pandemia del Covid 19 provocó la mayor caída de la serie, con 16.957 vehículos registrados.

El número se recuperó hasta 24.496 durante 2021, pero volvió a bajar a 23.115 en 2022 y a 20.881 en 2023, en tanto que en la actualidad los datos privados consideran la existencia de no más de 15.000 taxis en funcionamiento.

Dos estructuras para el mismo pasajero

La decadencia del taxi es contemporánea con el crecimiento de las aplicaciones, que compiten por los mismos viajes, pero lo hacen con estructuras económicas diferentes.

El titular de un taxi debe adquirir una licencia transferible, afectar un automóvil al servicio, instalar un reloj homologado, completar verificaciones específicas y renovar periódicamente su documentación.

Las plataformas incorporan automóviles y conductores mediante registros digitales y cobran una comisión sobre cada viaje, evitando el costo inicial de comprar una habilitación transferible.

En este sentido, Uber, Cabify y DiDi también extendieron el uso de pagos electrónicos, geolocalización, calificación de conductores, asignación automática de recorridos, promociones y precios variables según la demanda.

Mientras tanto, el taxi conserva la posibilidad de levantar pasajeros en la calle y utilizar paradas exclusivas, además de operar con una tarifa regulada y conocida, mientras que las aplicaciones pueden elevar sus precios en momentos de alta demanda.

La competencia abarca además la experiencia del usuario en cuanto a tiempo de espera, facilidad para pedir el vehículo, información previa del recorrido, medios de pago, promociones y posibilidad de identificar al conductor desde el teléfono.

La respuesta regulatoria

La modificación de las transferencias forma parte del Plan de Modernización que la Ciudad lanzó junto con la regulación de las plataformas digitales.

Para los taxis, el plan eliminó los porcentajes obligatorios de vehículos por turno y permitió que cada prestador defina sus horarios.

También quitó la exigencia de camisa para los conductores y avanzó con tarjetas identificatorias digitales.

En el caso de la renovación de la licencia, dejó de requerir la constancia de vinculación con BA Taxi o con otro prestador de despacho de viajes.

Los titulares también quedaron habilitados para ofrecer descuentos y promociones sobre la tarifa oficial.

El nuevo esquema amplió los vehículos permitidos ya que ahora se pueden incorporar unidades de categoría M1, con diferentes cantidades de plazas y configuraciones de espacio de carga.

Para las plataformas, la Ciudad estableció requisitos de VTV, seguro específico y licencia profesional para los conductores mayores de 21 años.

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