El consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en más de un siglo
El consumo de carne vacuna en la Argentina disminuyó de manera sostenida durante las últimas décadas y alcanzó nuevos mínimos históricos en 2026. El estancamiento de la producción ganadera, el aumento de los precios relativos frente a otras carnes y los cambios en los hábitos alimentarios explican una transformación que modificó la composición del consumo de los argentinos.
A fines de la década de 1960, el consumo de carne vacuna superaba los 80 kilos por habitante al año y llegó a los 84 kilos, según los datos históricos citados por Argendata, de Fundar. Desde entonces, la tendencia fue descendente, aunque con variaciones entre períodos.
De acuerdo con los registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el consumo pasó de 84 kilos por habitante a 49 kilos en 2023, una reducción de casi el 42% respecto de aquel nivel.
La caída continuó en los años siguientes. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), durante los primeros ocho meses de 2026 se consumieron 1,37 millones de toneladas de carne vacuna, medidas en res con hueso, un 11,3% menos que en el mismo período de 2025.
A su vez, el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses se ubicó en 46 kilos anuales, el nivel más bajo de la serie histórica de Ciccra, que comienza en 1914.
La evolución muestra una reducción acumulada durante varias décadas, que se profundizó en las mediciones más recientes. Sin embargo, el retroceso de la carne vacuna no implica que los argentinos hayan dejado de consumir carne: el pollo y el cerdo ganaron participación y modificaron la composición de la dieta.
Por qué la producción de carne vacuna quedó estancada desde hace décadas
Uno de los factores que explican la reducción del consumo es la evolución de la producción. En 2024, la Argentina produjo 3,18 millones de toneladas de carne vacuna, un volumen similar al de casi cinco décadas atrás. Durante ese período, la población aumentó, pero la oferta total no registró un crecimiento equivalente.
El informe de Argendata identifica varios factores detrás de ese estancamiento:
- La competencia de la agricultura por el uso de la tierra
- La inestabilidad macroeconómica, que dificultó las decisiones de inversión en una actividad cuyos ciclos productivos requieren varios años
- Las restricciones a las exportaciones aplicadas en distintos períodos para contener los precios internos, que redujeron los incentivos para ampliar la producción
- Factores climáticos: la sequía de 2008 y 2009 provocó una liquidación de vientres, reduciendo el stock ganadero
Aunque esa decisión incrementó la oferta de carne en el corto plazo, también redujo el stock ganadero y condicionó la producción posterior.
La explosión del pollo y el cerdo que cambió el consumo argentino
Mientras la producción vacuna permaneció prácticamente estable, las carnes aviar y porcina ampliaron su participación en el mercado argentino.
La producción de pollo se multiplicó por 64 desde 1961: pasó de 36.000 toneladas a 2,3 millones de toneladas en 2024. El crecimiento estuvo acompañado por mejoras en genética, nutrición animal y manejo sanitario, que elevaron la productividad y permitieron producir mayores volúmenes con mejor competitividad frente a la carne vacuna.
La producción porcina también creció, especialmente desde comienzos de los años 2000, aunque a un ritmo menor.
La transformación modificó la composición de la oferta de carnes. Según Argendata, la carne vacuna pasó de representar alrededor del 90% de la producción total a cerca de la mitad.
También cambiaron las preferencias de los consumidores, entre otros factores por la percepción del pollo y el cerdo como alternativas más saludables.
La evolución del consumo refleja ese proceso. El pollo superó los 45 kilos por habitante al año, mientras que la carne porcina alcanzó más de 17 kilos por persona en 2023. De esta manera, ambas variedades ganaron espacio frente a la vacuna, que perdió parte del protagonismo que tuvo históricamente.
Cómo los precios relativos aceleraron el cambio de dieta
La diferencia de precios entre los distintos tipos de carne también influyó en las decisiones de compra. Cuando la carne vacuna se encarece frente al pollo o al cerdo, parte de la demanda se desplaza hacia las opciones relativamente más económicas.
Un ejemplo ocurrió entre 2003 y 2006. En ese período, la relación entre el precio de la carne vacuna y el del pollo pasó de 1,55 a 2,08. Es decir, la carne vacuna pasó de costar una vez y media el precio del pollo por kilo a valer más del doble.
Durante esos años, el consumo de carne vacuna se mantuvo prácticamente estable, mientras que el de pollo aumentó un 41%, de 19,4 a 27,3 kilos por habitante al año.
Otro caso se registró entre 2009 y 2011, después de la sequía y la reducción del stock ganadero. La relación de precios entre la carne vacuna y el pollo pasó de 2,05 a 2,84. En el mismo período, el consumo de carne vacuna cayó de 53,5 a 49 kilos por habitante, mientras que el de pollo subió de 32,8 a 37,5 kilos.
La evolución de esos indicadores muestra cómo las variaciones en la oferta y en los precios relativos contribuyeron a modificar la composición del consumo de carnes en el país.
Argentina sigue en el podio mundial de consumo total de carnes
La caída de la carne vacuna no implica una reducción equivalente en el consumo total de carnes de origen animal. En 2023, los argentinos consumieron 122,7 kilos por habitante, lo que ubicó al país en el puesto 23 a nivel mundial, según los datos citados en el informe.
Ese volumen fue similar al promedio de los países de altos ingresos y superior al registrado por cualquier otro país de América Latina.
La diferencia con el resto del mundo se redujo durante las últimas seis décadas. A comienzos de los años 60, el consumo mundial promedio rondaba los 32 kilos por habitante al año; en 2023, había ascendido a unos 65 kilos.
Pese a la caída registrada desde sus máximos históricos, la Argentina continúa encabezando el consumo per cápita de carne vacuna a nivel internacional, según el análisis de Argendata.
China se consolida como principal comprador y acelera las exportaciones
La evolución del consumo interno también se relaciona con el destino de la producción nacional. En 2024, cerca de un tercio de la carne bovina producida en el país se destinó a los mercados externos, en un año de volumen récord de exportaciones.
China se consolidó como el principal comprador de carne vacuna argentina. La demanda externa permitió colocar una proporción mayor de la producción fuera del mercado local, en un contexto en el que el consumo interno venía disminuyendo.
El análisis de Argendata describe así una transformación de largo plazo: la Argentina mantiene niveles elevados de producción y consumo total de carnes, pero la vacuna perdió parte del peso que tuvo históricamente frente al crecimiento del pollo y el cerdo y a los cambios en los precios y las preferencias de los consumidores.