Supermercados cierran locales por menos ventas y la presión del contrabando

El volumen de ventas que antes permitía repartir los costos entre miles de compras ahora obliga a las cadenas a revisar qué locales pueden sostener
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Puntos importantes

Checkbox Checked La caída del consumo y los altos costos ahogan a supermercados argentinos.
Checkbox Checked La competencia ilegal (contrabando, informalidad) erosiona márgenes.
Checkbox Checked Las grandes cadenas cierran locales y comienzan una fase de reestructuración.

El negocio de las cadenas de supermercados se viene complicando cada vez más en la Argentina por una serie de factores y razones que se combinan entre la fuerte caída del consumo; el peso de los costos de cada sucursal y también la competencia de la mercadería que circula por fuera de los controles fiscales, aduaneros y sanitarios.

Con menos ventas, los alquileres, los salarios, la refrigeración y la logística de cada sucursal absorben una porción mayor de los ingresos, mientras que la necesidad de sostener precios competitivos limita el margen para trasladar esos gastos a las góndolas.

La presión es todavía mayor en las sucursales de menor facturación, donde la caída del volumen puede dejar a la cadena sin margen suficiente para cubrir el costo de mantenerlas abiertas.

A esta complicada ecuación contribuye también la economía en negro ya que mientras las cadenas compran con factura, registran a su personal y pagan impuestos provinciales y tasas municipales, los negocios que venden sin declarar o se abastecen de productos ingresados de contrabando pueden usar los costos que eluden para ofrecer precios más bajos.

En las grandes superficies también pesa la competencia de las importaciones y las compras directas al exterior en categorías como pequeños electrodomésticos y artículos para el hogar, donde el cliente puede comparar el precio de góndola con el de un producto que recibe por courier bajo un régimen tributario diferente.

Se trata de un deterioro que alcanza tanto a los supermercados que venden al consumidor final como a los autoservicios mayoristas que también abastecen a almacenes y comercios de barrio.

Para graficar el escenario se puede analizar un reciente informe del INDEC que muestra cómo entre enero y agosto pasados, las ventas a precios constantes bajaron 2,8% en los supermercados y 2,9% en los mayoristas respecto del mismo período del año anterior.

El mismo documento revela que en agosto, las caídas interanuales llegaron al 3,7% y al 3,6%, respectivamente, cifras que obligan a las cadenas a revisar la rentabilidad local por local y, según su situación financiera, a concentrar operaciones en las bocas que mejor funcionan, cerrar las que quedaron por debajo de sus costos o vender inmuebles para sostener la operación.

Supermercados en Argentina: una gran red que se achica

Esa revisión ya se refleja en el tamaño de las cadenas si se tiene en cuenta que entre el 2025 y octubre pasado, se contabilizan 82 cierres de sucursales de supermercados y mayoristas.

El mayor recorte fue protagonizado por Dia Argentina, que pasó de 1.041 a 1.007 tiendas en 2025, una baja neta de 34 locales, y perdió otras 16 hasta quedar en 991 en septiembre pasado.

Además, la filial local del grupo español perdió 54 millones de euros en los 12 meses terminados en junio pasado, cuando la operación consumió otros 14 millones de euros de caja.

El panorama obligó a sus dueños europeos a salir de la Argentina mediante la venta de la filial local al grupo empresario GDN, encabezado por Francisco De Narváez quien también es propietario de la cadena ChangoMás.

La casa matriz explicó que la salida evita nuevos aportes de capital y le permite concentrar recursos en España, su mercado más rentable, además de recibir u$s53,8 millones, de los cuales u$s40 millones corresponden a las acciones, u$s9 millones al adelanto por tres años de licencia de marca y u$s4,8 millones a créditos intragrupo.

El caso de Dia muestra una de las variantes más extremas que las cadenas extranjeras están adoptando para enfrentar la crisis doméstica ya que otras cadenas, como Cencosud, deciden ajustar su presencia con cierres puntuales.

En los últimos meses, la sociedad chilena dio de baja 13 locales de su filial Vea y un Disco en el último trimestre del 2025, a los cuales se sumaron otros cuatro Vea en lo que va de este año, con lo que el recorte llega a 18 supermercados.

En el mismo sentido, Carrefour contabiliza seis cierres entre enero y agosto pasados en Salta, en Mendoza y en la localidad bonaerense de Temperley.

En el mismo sentido, también ChangoMás dejó de operar una sucursal en la localidad de Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, después de 13 años.

Diarco y Yaguar, con la caja bajo presión

En los mayoristas, el ajuste se aceleró después de un primer semestre en el que las ventas reales cayeron 3%, con un retroceso interanual del 3,1% en junio pasado.

El caso de Diarco sirve para dimensionar el problema si se tiene en cuenta que cerró cuatro sucursales entre agosto y octubre, en Zárate, Tres Arroyos, Jáuregui y Junín de los Andes, todos debido a que las facturaciones quedaron por debajo de los costos operativos.

La cadena registra además otras cinco bajas anteriores en Lanús Oeste, Gualeguaychú, Concordia, Presidencia Roque Sáenz Peña y Concepción.

Otro caso que sirve como antecedente de la crisis es el de Caromar, que cerró tres locales en Burzaco, José C. Paz y Rosario, antes de recurrir a la protección del concurso preventivo de acreedores.

En esa presentación, el mayorista de limpieza y perfumería describió cómo la menor demanda y la presión de los proveedores fueron agotando su capital de trabajo.

Otros dos casos son los de Yaguar, que combinó cierres de sucursales deficitarias con reducción de superficies y retiros voluntarios, y de Supermercados Toledo, que vendió varias de sus bocas de venta además de demorar el pago de salarios a sus trabajadores y vender inmuebles para obtener efectivo.

De hecho, la cadena marplatense, que posee entre 1.400 y 1.800 empleos directos, se encuentra en conversaciones con dos grupos interesados como parte de la búsqueda de una salida para el negocio.

El valor de una sucursal

Pero así como un local deja de ser rentable para una cadena también puede encajar en la red de otro competidor que ya cuenta con proveedores y distribución en la zona.

Ese formato es el elegido por la Cooperativa Obrera, que avanzó sobre antiguos Vea en Lobos y San Pedro o lo que, a mayor escala, hizo La Anónima comprando 12 de los 14 hipermercados de Grupo Libertad y un centro de distribución, lo que amplió su presencia en Córdoba, Tucumán, Rosario y otras plazas del interior.

Un camino similar al de Libertad y Dia había tomando Carrefour Argentina el año pasado, cuando el grupo francés dueño de la filial local buscó comprador como parte de una revisión internacional de activos.

Pero en febrero pasado, esa búsqueda se frenó no porque el escenario macro hubiese cambiado sino porque ninguna de las ofertas recibidas fue suficiente para las pretensiones del holding europeo que preside el francés Alexandre Bompard.

Tras esa decisión, Carrefour pasó a priorizar el desempeño de la filial, con el formato mayorista Maxi entre sus apuestas.

La ventaja del circuito ilegal y el impacto del contrabando

La situación del sector se agrava mucho más cuando entra a jugar otro factor de desequilibrio negativo como es el comercio en negro.

Está claro que un proveedor regular que declara la mercadería, paga los tributos correspondientes y acredita su ingreso al país queda en desventaja con quien realiza el mismo procedimiento pero de contrabando o declara un valor inferior al real puede usar el ahorro para vender más barato.

Si la cadena que compra por el circuito regular quiere igualar esa oferta, tiene que ceder parte de su margen.

De hecho, una investigación de la Aduana encontró mercadería de ese origen dentro del propio canal supermercadista al punto que en septiembre pasado, el organismo informó el secuestro de bebidas alcohólicas extranjeras valuadas en más de $67 millones en distintos puntos del país, de los cuales unos $61,6 millones correspondieron a productos hallados en comercios.

En Mar del Plata, hubo una inspección simultánea en cinco supermercados que terminó con la incautación de 63 bultos con licores, whisky y bebidas blancas, valuados en $19 millones.

Lo mismo ocurre en la venta callejera, donde también hay mercadería que compite con el surtido de cercanía.

De hecho, el rubro Alimentos y bebidas representó el 58,7% de los rubros observados por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios en su relevamiento de septiembre en zonas porteñas, donde detectó 105 puestos, un 32,3% menos que un año antes.

Los datos permiten asegurar que son u$s32.000 millones anuales los que mueve el volumen del comercio ilegal, una cifra equivalente a alrededor del 5,5% del PBI.

Esos fondos también generan un alto costo fiscal que, según un relevamiento de MAP Latam, llega a u$s2.855 millones de recaudación perdida en lo que va de este 2026 por contrabando y subfacturación en 15 sectores, con unos u$s1.400 millones correspondientes a bebidas espirituosas.

La consultora estimó además que una reducción de esas prácticas permitiría generar más de 11.000 empleos formales en los sectores analizados.

En las categorías que completan el surtido de los hipermercados, MAP Latam estimó una incidencia del 40% en celulares, del 33% en juguetes y del 30% en textiles e indumentaria.

Para el caso de los teléfonos móviles también se asegura que ingresan al pais alrededor de tres millones de unidades anuales de contrabando que, a su vez, generan u$s410 millones de recaudación perdida.

La Unión Industrial Argentina (UIA), difundió otra estimación de u$s2.300 millones anuales de pérdida fiscal y señaló que seis de cada 10 empresas industriales declararon verse afectadas por el comercio desleal y cuatro de cada 10 por la competencia ilegal en canales digitales.

El costo de operar en regla

Estas diferencias de costos se pueden agravar si se tiene en cuenta el impuesto a los Ingresos Brutos, que puede incidir sobre la facturación del proveedor, el mayorista y el supermercado, con una incidencia de 1,5% para el proveedor, 5,5% para el mayorista y 5,5% para el supermercado que, de todos modos, varían según la actividad y la jurisdicción.

También se identifican tasas municipales de Seguridad e Higiene de hasta 6% en casos puntuales y obligaciones de percepción en determinados distritos.

Por ejemplo, en la localidad bonaerense de Pilar, una ordenanza municipal fija para supermercados, hipermercados y mayoristas una tasa de $45.000 por cada millón de pesos de ventas alcanzadas, aún si una promoción reduce el margen de esa operación.

A la diferencia tributaria se suma la laboral cuando un competidor elude contribuciones por su personal, más que nada en un país que muestra índices de informalidad que llegan al 45% de los ocupados de los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares, frente al 43,2% de un año antes.

El aumento general se concentró en el trabajo independiente mientras que dentro del rubro comercio, la diferencia de costos entre empleadores se produce cuando uno sostiene una nómina registrada y el otro elude las contribuciones que le corresponden.

En el caso de los alimentos, el control agrega una exigencia adicional como es la falsificación de productos, al estilo de la que descubrió la ANMAT cuando prohibió un aceite de oliva trucho que usaba la marca Nucete y otro, rotulado como Tierra de Oliva, cuyos números de registro del establecimiento y del producto eran inexistentes.

La compra directa

En otros rubros como los de indumentaria, calzado, cosméticos, artículos para el hogar y pequeños electrodomésticos, las grandes superficies enfrentan además la competencia de la importación legal.

Según el Centro CEPA, en base a datos del INDEC, las importaciones de bienes de consumo alcanzaron u$s5.362 millones en el primer semestre de este año, mostrando el mayor registro para ese período en la serie analizada ya que superaron en 1,8% los u$s5.267 millones de un año antes, cuando ya habían subido 73,5%.

Frente al primer semestre de 2023, el valor importado de electrodomésticos, baterías y lámparas creció 109,2%, el de prendas de vestir, 86,3%, y el de productos alimenticios, 51,9%.

El negocio del courier amplió ese canal con compras a través de plataformas como Shein, Temu y Amazon y los envíos pasaron de u$s239 millones a u$s894 millones en 2025, un 274% más, según Abeceb.

Entre enero y mayo pasado la consultora agrega que sumaron otros u$s518 millones, un 113,2% más que un año antes y solo en abril llegaron a u$s118 millones, con una suba interanual de 135,9%.

El ajuste que se extiende

La presión en los bienes durables también aparece en las cadenas especializadas que ya dieron de baja unas 74 sucursales de venta de electrodomésticos entre julio de 2025 y octubre pasado.

En este sentido, se pueden enumerar los casos de Start, que cerró 26 locales, o los de CARSA, que cerró todos los que llevaban la marca Musimundo; 14 de Pardo; los 11 de On City y los últimos tres de Garbarino antes de su quiebra, además de los achiques de Frávega y Megatone.

En el otro extremo de la distribución, la crisis de los kioscos afecta a uno de los clientes de los supermercados mayoristas, al punto que un relevamiento de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina estimó que en agosto quedaban unos 59.000 locales y que cerraban cerca de 50 por día, unos 1.500 al mes.

De todos modos, en el sector se proyectan otros 24.000 cierres ante una crisis que ya muestra una caída del consumo de 4,6% interanual en kioscos y comercios tradicionales y de 2,3% en el acumulado de este 2026, según datos de Scentia.

El documento recoge también un relevamiento de 277 locales vacíos en zonas comerciales porteñas en marzo y abril, un 30,7% más que un año antes.

El ajuste llega asimismo a los fabricantes que abastecen al comercio, un sector que sufrió un fuerte achique de personal como muestran datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo que hablan de una baja de más de 8.700 empresas empleadoras en el primer semestre y una caída interanual del 3,1% en julio.

En el mismo sentido, unas 1.070 firmas industriales dejaron de operar entre enero y abril y, según datos de la UIA, la baja de la actividad manufacturera ya es de 3,4% interanual en septiembre y 2,8% en el acumulado, con 21 meses consecutivos de retroceso del empleo industrial.

Entre los proveedores de alimentos, un caso paradigmático puede ser el de La Campagnola, que frenó a fines de octubre la producción de conservas de pescado en Mar del Plata y suspendió temporalmente a 60 trabajadores.

El Grupo Arcor, dueño de la marca, atribuyó el problema de abastecimiento a una temporada adversa de caballa, aunque la planta también acumulaba existencias de atún en un mercado de menor demanda.

El rastro de la mercadería

En el frente del contrabando, el control oficial se extendió a los canales donde se ofrece la mercadería a partir de una medida tomada el 26 de octubre por la Secretaría de Industria, Comercio y PyME que firmó acuerdos con cámaras y plataformas para intercambiar datos sobre productos publicados en internet.

De la acción, participan la Asociación de Supermercados Unidos (ASU); la Cámara Argentina de Comercio Electrónico y la Cámara de Importadores, además de importantes empresas de varios sectores como Mercado Libre, Meta, Frávega y Cetrogar.

El mecanismo prevé usar la información de las publicaciones para detectar ofertas de celulares, notebooks, cosméticos, juguetes y neumáticos que hayan ingresado al país de manera irregular.

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