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El "voto consumo" apuntala al Gobierno y lleva a la oposición a un callejón sin salida

El "voto consumo" apuntala al Gobierno y lleva a la oposición a un callejón sin salida
En pleno boom de compras resulta difícil para los "anti K" apuntalar sus discursos de cara a las urnas. Las cuestiones que deberían resolverse casi ni se mencionan porque, paradójicamente, resultan ser "piantavotos". ¿Por qué hablar de bajar la inflación puede convertirse en un boomerang?
Por Fernando Gutiérrez
16.05.2011 13.58hs Actualidad

La clásica frase de Juan Domingo Perón que indica que "la única verdad es la realidad" suele sufrir algunas alteraciones cuando pasa por el tamiz de los expertos en campañas electorales.

Es que, a la hora de conquistar a los votantes, empieza a tener más importancia la "realidad percibida" que la "realidad fáctica".

Vale decir que si un gobierno quiere atribuirse el rótulo de "industrialista", poco importa que la cantidad de gente empleada por la industria sea hoy inferior a la que había en los denostados años 90 (13% actual versus 15% en 1998, según datos de la consultora Econviews).

Tampoco resulta relevante que diversos analistas adviertan sobre cómo la economía nacional se ha hecho cada vez más "materia prima-dependiente".

O los dichos de Rogelio Frigerio, director de la consultora Economía & Regiones, que niega que el "modelo K" sea comparable con el desarrollismo de los años 60 y argumenta: "Por cada $100 que se crean, $36 son para el sector público, $6 para la industria y buena parte del resto de los puestos de trabajo se generan en el sector informal, en gran medida con sueldos que se ubican por debajo de la línea de pobreza".

Un modelo productivo cada vez más amenazado por las importaciones, una mayor dependencia de algo inmanejable localmente como lo es la evolución de las commodities, un sector público que "engorda" cada vez más en cantidad de personal.... ¿Por qué todo esto importa poco en el actual momento electoral?

Sucede que el campo de batalla ha pasado a ser no tanto el de los hechos, sino el del "relato".

Y allí es donde el Gobierno está ganando ampliamente.

Lo demuestra una encuesta realizada por la firma Carlos Fara y Asociados, en la que se midió el grado de coincidencia de la opinión pública respecto de una serie de logros reivindicados por el kirchnerismo.

Queda en evidencia, por ejemplo, que la frase "Ahora, en la Argentina, hay más industrias que en la década del ‘90" es compartida por un rotundo 60% de los encuestados.

También, que se está mejor que en la época de Menem (65%) y que se está aplicando un modelo productivo (59%).

¿Realidad concreta o percibida? El campo del relato domina los hechos....

Pocos comprenden esta situación mejor que Cristina Kirchner, que en sus discursos públicos -a un ritmo de hasta dos veces por día- suele repetir, casi hasta el hartazgo, sus dos expresiones preferidas: "valor agregado" (para el modelo industrialista) e "inclusión social".

En aras de esas banderas ha logrado transformar en virtudes las medidas más criticadas por los economistas, como es el gradual cierre del comercio del país con el mundo.

La Argentina ha ido cerrando sus fronteras a los productos importados. Y no como parte de una estrategia planificada, sino porque se le hace muy difícil competir, producto de una inflación en dólares (15% anual) que la va dejando fuera de carrera.

Paradójicamente, en el campo del relato, el protegerse contra la "amenaza importada" es visto como algo positivo, sin que se repare demasiado en las causas que la originan.

Fara, al analizar el resultado de su encuesta, concluye que "la penetración en la sociedad del relato del Gobierno es mucho más intensa de lo que se podía suponer a priori".

En este marco, los sondeos electorales muestran que la insistencia en "el discurso" de la reindustrialización y la redistribución de la riqueza, en un momento de alto consumo, está dando sus frutos.

Según los números de la consultora Poliarquía, Cristina tiene una imagen positiva del 55%. Y si las elecciones se realizaran en este momento, se impondría en primera vuelta, con un 47% de los votos.

En tanto, las encuestas sobre confianza del consumidor parecen confirmar algo que entre los asesores del Gobierno está claro desde hace tiempo. Y es que la capacidad de consumo y la estabilidad laboral tienen un fuerte correlato con la intención de voto al oficialismo.

Tal es así que en la encuesta de la Universidad Católica, la percepción de los argentinos sobre la marcha de la economía alcanzó su pico histórico, con altos índices de entrevistados que prevén mejoras en sus ingresos y que consideran que es un buen momento para comprar bienes durables.

El triunfo táctico del argumento KLa gran mayoría de los sondeos de opinión, que hacen referencia al visto bueno hacia el Gobierno de buena parte de la sociedad, suele generar expresiones de asombro y hasta de desconcierto.

En particular, entre todos aquellos que se alarman por la elevada inflación, por la pérdida de competitividad de las empresas argentinas, por la falta de estadísticas oficiales creíbles o por los indisimulables síntomas de fragmentación social.

Pero hay también quienes no se sorprenden en absoluto, porque saben que en la sociedad argentina existe una tolerancia a la inflación -diferente a la que puede haber en otros países- siempre y cuando perciban que el empleo no peligra y que existen mecanismos de indexación para proteger los ingresos.

En consecuencia, la explicación que dan los expertos (tanto los que comulgan con el modelo K como aquellos que lo critican) es que el Ejecutivo está ganando el debate económico de la campaña electoral, al llevar -estratégicamente- a que la discusión gire en torno a la antinomia "crecimiento-enfriamiento".

"La inflación existe y es irritante, pero la sociedad entiende que un fuerte freno en la economía y un aumento en el desempleo sería algo desastroso", afirma Fernando Braga Menéndez, el publicitario que diseñó las estrategias de campaña "K", en 2003 y en 2007, y que aún permanece cercano al oficialismo.

Por eso, sostiene que "el Gobierno va a defender a rajatabla el actual modelo".

"Néstor Kirchner decía, en confianza, que había que aceptar a la inflación como un mal menor", confiesa Braga Menéndez.

Y manifiesta su convicción de que, cuanto más la oposición hable de este tema, o de sus recetas para combatirla, peor resultado obtendrá.

Desde esa línea de análisis, declaraciones de economistas como Federico Sturzenegger -principal asesor económico del PRO- que prometió una abrupta caída en la suba de precios -del 25% al 9% en un año- no sólo que no ayudaría a quienes buscan darle pelea a los "K" sino que, además, podría dar lugar a un efecto boomerang.

Claro está, no porque a los argentinos les guste pagar más por los bienes y servicios que utilizan, sino por el temor que les genera el camino que tomaría la oposición para llegar a tal fin.

Y esa visión la comparten también algunos de los críticos más acérrimos del Gobierno.

Como Gustavo Lazzari, directivo de la Fundación Atlas, de tendencia liberal, que cree que el error fue no haber puesto sobre el tapete las fragilidades del modelo hace dos años.

"Ahora ya es tarde, hay cosas que no pueden plantearse en medio de una campaña electoral. La verdadera pelea era demostrar la inviabilidad del modelo y lo peligroso que es depender del precio de la soja", se queja Lazzari, quien cree que la oposición comete errores tácticos.

"Si se pretende decir que se va a bajar la inflación sin tocar el gasto público y sin que se afecte el nivel de actividad y empleo, no solamente es un discurso piantavotos sino que, además, no resiste el análisis desde el punto de vista técnico", afirma.

En la misma línea, Alejandro Corbacho, director de ciencias políticas en la UCEMA, cree que la oposición ahora encuentra dos grandes contras, que la llevan a perder la batalla comunicacional en temas económicos.

"La primera es que es muy difícil elaborar un discurso fácilmente entendible que cuestione a una política económica, justo cuando el Gobierno exacerba el consumo. Esto, más allá de que el Ejecutivo cuenta con "caja" para compensar a quienes quedan rezagados por la inflación", señala Corbacho.

"En segunda instancia, se da que buena parte de la oposición está de acuerdo con medidas intervencionistas, como la reestatización de las AFJP o con el proyecto de reparto de ganancias de las empresas. Entonces la crítica termina siendo tibia".

También Jorge Vasconcelos, director de Ieral, de la Fundación Mediterránea, opina que el debate económico está condenado a quedar "en un cono de sombra", por las dificultades para plantear los problemas de la sostenibilidad del modelo.

Y señala que el caso paradigmático es el del gasto público.

"Lo racional es bajar los subsidios. Pero cuidado. Esto podría ser visto como una iniciativa para encarecer el boleto de colectivo o del subte en Buenos Aires, junto con las tarifas de gas y electricidad. El asunto es que esto toca al grueso de los votantes", afirma Vasconcelos.

En consecuencia, considera que el debate económico quedará limitado a la discusión de "matices" y tecnicismos, sólo distinguibles por expertos, dado que las críticas de fondo les genera a los opositores K el temor de asumir posturas antipáticas.

Haciendo una analogía con un partido de fútbol, tenemos a la oposición jugando de visitante, con miedo a atacar por temor a caer en "offside" y a los locales (el oficialismo) conformes con el empate, porque ese resultado los clasifica. Huyendo de los piantavotosUna gran cantidad de cuestiones sin resolver conforman el listado de los temas prohibidos por ser "piantavotos".

Paradójicamente, coinciden con las críticas más frecuentes que se le hacen al modelo económico.

Uno de ellos es el atraso en la suba del dólar frente a la inflación. Algo que afecta la competitividad.

"Históricamente, hablar sobre una devaluación complicó a quien hizo el planteo", afirma Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía.

"El Gobierno tuvo hasta la suerte de que el dólar a nivel mundial se debilitara, lo que le permitió lograr una especie de devaluación pero sin tener que tocar la cotización a nivel local", agrega.

El segundo tema "tabú" en la campaña es el del retraso en el precio de las tarifas.

Hasta ahora, no sólo se evitó hacer mención de modo directo, sino que incluso aquellos que están en la vereda de enfrente al oficialismo tratan de no hablar de un ajuste del gasto público.

Quien sí está haciendo referencia a este tema es la agrupación liderada por Elisa Carrió, cuyo referente en economía es Alfonso Prat Gay: "El gasto crece a niveles altísimos, muy por encima de la recaudación tributaria. La política fiscal ha sido en estos años pro-cíclica, en lugar de preservarse para momentos en que el ciclo económico le reclame un rol activo".

¿Logrará este discurso su objetivo? Los analistas son escépticos.

"A quienes digan que quieren recortar el gasto, le van a contestar que quieren menos salud y educación. Y hoy la sociedad no tiene ganas de que le digan que van a recortarle nada", advierte Corbacho.

Hay, por último, una ayuda extra para Cristina: el FMI pide enfriar la economía.

Y en la Argentina de hoy, el decir que uno hace lo opuesto a las recomendaciones del tan "vapuleado" Fondo resulta, en términos electorales, algo muy redituable.

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