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A todo o nada: Moyano se "caceroliza" con reclamos tí­picos de clase media y pone en riesgo su liderazgo sindical

A todo o nada: Moyano se "caceroliza" con reclamos tí­picos de clase media y pone en riesgo su liderazgo sindical
La marcha atípica de hoy, sin identificaciones gremiales, y con una agenda de reivindicaciones "de clase media" es una jugada extraña del líder camionero
Por Fernando Gutierrez
14.05.2014 07.04hs Economía

Qué lejanos parecen hoy aquellos días en los que se consideraba a Hugo Moyano tan poderoso que se lo comparaba con el legendario sindicalista estadounidense Jimmy Hoffa.

Eran tiempos en los que el camionero inspiraba temor al punto de que Néstor Kirchner consideraba que no se podía gobernar sin tenerlo como aliado.

En aquellas jornadas de grandes movilizaciones, donde llevaba cientos de miles de militantes a las calles, o cuando llenaba el estadio de River, Moyano se permitía soñar en voz alta con ser el nuevo Lula de las Pampas.

No es que el líder de la CGT disidente haya perdido su capacidad de sabotaje. Al fin y al cabo, sigue manejando el mismo control de toda la cadena logística, como para justificar que sus seguidores sigan entonando el clásico cántico "Siga, siga el baile/ al compás del tamboril/ si lo tocan a Moyano/ les paramos el país".

Pero la verdad es que la convocatoria "a todos los hombres y mujeres de buena voluntad sin distinciones gremiales", para participar en una marcha en la que no habrá discursos por parte de dirigentes sindicales y donde apenas se leerá un comunicado, mientras el estrado estará ocupado por niños, parece un cambio demasiado brusco.

Tanto que socios de Moyano, como el líder de la CTA, Pablo Micheli, prefirieron ausentarse de la jornada de protesta que se realiza hoy.

Hasta trascendió que la decisión del jefe de la CGT disidente se impuso a la opinión de Luis Barrionuevo y a la de otros dirigentes sindicales, que se mostraban proclives a una medida de protesta contundente, como un paro general nacional de 36 horas, que subiera la apuesta de la masiva huelga realizada el 10 de abril.

El cambio de estilo, sin embargo, es apenas una parte de la mutación del líder camionero. Porque lo que más llama la atención es el viraje a una agenda de reivindicaciones que no difiere demasiado de la que enarbolaban los "caceroleros" que se autoconvocaban desde las redes sociales de Internet.

La inseguridad en primer plano y el énfasis en el impuesto a las Ganancias -que afecta al 20% superior en la pirámide de ingresos- suponen una agenda mucho más en sintonía con las quejas de la clase media que con las reivindicaciones clásicas del sindicalismo argentino.

Hasta sus referencias a la inflación suenan extrañas. Hasta hace muy poco tiempo, el líder sindical relativizaba la gravedad de los aumentos de precios, afirmando que el alza era preferible antes que la deflación de los años '90 que generaba desempleo.

"Una inflación controlada como la que tenemos no es perjudicial para el hombre de trabajo, que todos los años recupera su poder adquisitivo. Posibilita una movilidad social muy importante", decía Moyano antes de pelearse con Cristina Kirchner, cuando ante cada paritaria lograba incrementos varios puntos por encima de la inflación y se empezaba a hablar de una "nueva clase media obrera".

Lo cierto es que aquella definición del líder sindical no parecía una opinión solitaria, sino compartida por buena parte de la sociedad argentina.

La sensación que se percibía entre los analistas era que el sentido común adhería a la célebre "curva de Philips", planteada por un economista neozelandés que, en los años 50, armó un revuelo a nivel mundial, al proponer que existía una relación inversa entre inflación y desempleo.

Es decir, que en una economía con precios en alza había mayores probabilidades de mantener los puestos de trabajo y que, por el contrario, en situaciones de estabilidad crecía el riesgo de que los ajustes se produjeran no en el nivel de los salarios sino en la cantidad de gente empleada.

A juzgar por lo que se escucha en estos días, parecería que Moyano y la gran mayoría de la dirigencia sindical se pasaron al ala "ortodoxa" de la economía y ya no consideran a la inflación como un mal menor. Ni cree que la suba del índice y el desempleo vayan en sentidos opuestos.

Una exposición arriesgada
El interrogante que se plantea ahora es si puede lograr objetivos políticos relevantes este "nuevo Moyano", habitué de los programas políticos de TN, que enarbola reivindicaciones de clase media, que critica al "relato kirchnerista", que elige métodos "pacifistas" y que suele ser "chicaneado" con la acusación de ser "funcional a la derecha".

Tras el último paro general, no estaba claro si esa jornada debía ser considerada como el primer paso en una escalada creciente de conflictividad sindical o si, por el contrario, esa movilización representaba lo máximo que podría lograr y que, a partir de ese momento, sólo cabía esperar que su influencia se fuera diluyendo.

Por lo pronto, no da la sensación de que Cristina Kirchner haya cambiado ninguna de sus políticas como consecuencia de la presión de Moyano.

A lo sumo, lo único observable había sido un apuro por parte del ministerio de Trabajo para cerrar varias paritarias con el "modelo Caló", que implicaba aumentos salariales inferiores al 30% en dos cuotas.

Pero, más allá de ello, no hubo cambios importantes que puedan ser atribuidos a la presión gremial.

"Espero que la inteligencia les dé como para empezar a dar respuesta a los reclamos. Quiero pedirle encarecida y humildemente al Gobierno que preste atención a lo que expresa la gente, dejen de lado la soberbia, la actitud de maltrato", expresó Moyano.

A juzgar por las decisiones de política económica, no parece que Cristina esté demasiado impresionada por su capacidad de movilización.

De hecho, la sensación que queda es que la Presidenta siempre le temió más a la reacción de la clase media, lo cual queda en evidencia por las numerosas ocasiones en las que se dio marcha atrás en temas como el recorte de subsidios a los servicios públicos.

Pero hoy, con un clima social ya no tan propicio a los "cacerolazos", el Gobierno avanza con su plan que mezcla medidas de ajuste clásico con otras políticas expansivas, típicas de los buenos años del "modelo".

Irónicamente, los mayores dolores de cabeza que Cristina está sufriendo en el frente sindical vienen por el "fuego amigo" de Antonio Caló, que no logra calmar a sus bases de la Unión Obrera Metalúrgica para evitar acciones de fuerza por reivindicaciones salariales adicionales.

Fue, además, una inesperada ayuda que recibió Moyano, justo en la víspera de su movilización, porque estas señales de descontento en el seno de la propia "CGT Balcarce" le dieron pie para hablar a favor de una futura reunificación sindical con tinte opositor.

"Algunos muchachos se están dando cuenta de que no pueden seguir sumisos, recibiendo órdenes del Poder Ejecutivo. Algo está pasando", afirmó el líder gremial camionero.

Y deslizó un pronóstico: "Cuando se agote eso y se den cuenta de que no tienen destino al lado de los funcionarios, ahí vamos a priorizar la unidad".

¿No puede o no quiere?
Está claro que para que se produzca esa reunificación todavía falta mucho. Y, por lo pronto, parecería haber un único criterio por el cual se juzgará si Moyano mantiene o no su vieja influencia: la cantidad de gente que hoy pueda movilizar.

A fin de cuentas, se trata de una marcha que no implicará paros de actividad en ninguna rama. No tendrá discursos de los dirigentes que la convocan, no habrá colores partidarios ni gremiales y las reivindicaciones serán generalistas y no sectoriales.

Y el Ejecutivo, por intermedio del ministro Carlos Tomada, ya dejó en claro cuál será el tono de su respuesta: "Es un acto extemporáneo, porque todos los temas que se reivindican en la marcha están siendo especialmente atendidos por el Gobierno y se han conseguido resultados importantes".

Es decir, que la gran expectativa de hoy es saber cuánta gente va a concurrir a la plaza.

Desde el paro general del 10 de abril había quedado una especie de desafío flotando en el aire: la acusación, por parte de dirigentes kirchneristas de que el alto acatamiento ocurrido en esa oportunidad sólo había sido posible por los piquetes hechos por las organizaciones de izquierda, que impidieron el traslado de los trabajadores a sus puestos.

Ese día, desde la prensa oficialista se especuló con que la ausencia de un acto masivo -algo que formaba parte del programa clásico de los paros de la CGT- había obedecido a la escasa confianza que Moyano se tenía como para generar una gran movilización.

Con ese antecedente, puede suponerse que la convocatoria de hoy puede marcar un punto de inflexión: si la marcha pasa apenas como una manifestación más -comparable con la que realizó Pablo Micheli la semana pasada-, entonces puede significar un duro revés político para el líder camionero.

Recién entonces se verá si fue un error haberse negado a la adopción de medidas más drásticas, a pesar de que el clima de recesión generaba cierta propensión a la radicalización.

Como observó con agudeza el propio Facundo Moyano -el hijo de Hugo que fuera electo diputado por el kirchnerismo-: "Lo que define hoy a un dirigente sindical es cómo se para frente al ajuste".

A partir de ahora, al líder camionero se le planteará la disyuntiva sobre profundizar su "cacerolización" o volver al viejo estilo de bloqueo a las empresas, discurso duro y movilización callejera.

En esa decisión juegan varios factores, tanto políticos como personales.

"El clima social irá empeorando, pero no creo que Moyano quiera tensar mucho las cosas. Él quiere desafiar al Gobierno pero sabe que la calle puede ser incontrolable. Así que contribuye al proceso de ocaso del kirchnerismo pero no lo quiere hacer tambalear", argumenta Jorge Giacobbe, uno de los politólogos más reconocidos en temas sindicales y de la interna peronista.

Su visión es que este momento de la política argentina está muy influenciada por el pedido del Papa Francisco respecto de "cuidar a Cristina" y facilitar una transición pacífica hasta las próximas elecciones.

"Hay que tener en cuenta que Moyano está tratando de conservar poder personal, él también quiere llegar bien a diciembre del 2015", agrega Giacobbe.

De momento, hay un tema del que nadie duda, y es que sigue teniendo poder, aun cuando en el ranking de la imagen personal esté "peleando la promoción".

Como apunta el analista Jorge Asís: "Moyano supo perforar la plácida negatividad de las encuestas; reducirlas a la dimensión de la papelería intrascendente, mera temperatura de una sociedad sin líderes".

Pero recuerda, claro, que su poder se reduce a una única certeza: la de que sigue siendo capaz de paralizar el país.

 

 

 

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