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"Decí­le que la quiero": el Papa recibe por 5° vez a CFK y el Gobierno logra la "bendición" de campaña

"Decí­le que la quiero": el Papa recibe por 5° vez a CFK y el Gobierno logra la "bendición" de campaña
El cariñoso mensaje fue transmitido a una periodista a modo de anticipo de este nuevo encuentro. El "timing" es perfecto, a sólo dos meses de las PASO
Por Fernando Gutierrez
05.06.2015 10.00hs Economía

Si, como afirma el dicho popular, una imagen vale más que mil palabras, entonces qué decir sobre una foto junto al Papa Francisco en medio de una campaña electoral.

En estos tiempos en los cuales el debate en profundidad brilla por su ausencia y los candidatos se limitan a la repetición de eslóganes y a sumar apariciones en programas de alto rating, el solo hecho de poder ser visto por millones de argentinos junto al pontífice supone una vidriera política insuperable.

Todos los dirigentes lo saben, y por eso han buscado afanosamente la ansiada reunión con Francisco en el Vaticano. El Papa también es consciente de esto, y por eso se ha quejado sobre el uso que se ha hecho de su figura en la política argentina.

Un hecho destacado de esta maniobra fue la foto en la que Cristina Kirchner "coló" a Martín Insaurralde en el encuentro que los mandatarios de la región tuvieron con el Papa durante la visita pontificia a Brasil, que justo coincidía con la campaña para las legislativas 2013. La foto fue inmediatamente convertida en afiche en las calles de la provincia de Buenos Aires.

Otro de esos momentos de utilización de la imagen papal tuvo lugar durante el último viaje de la Presidenta al Vaticano, en septiembre del año pasado, cuando concurrió junto con una nutrida comitiva.

Entre sus acompañantes figuraba el diputado Andrés "Cuervo" Larroque, quien llevó a la entrevista una remera con el logo de la agrupación "La Cámpora" y la puso en manos de Francisco.

El afán por mostrarse junto al Papa no es, desde ya, una exclusividad kirchnerista. Se han trasladado hasta Roma en busca de la foto Mauricio Macri y Daniel Scioli, quienes fueron recibidos en audiencia privada. Menos suerte tuvo Sergio Massa, que debió contentarse con ver el papamóvil desde la plaza San Pedro.

Enojados con el Papa
Lo cierto es que tras la queja del Papa expresada en entrevistas periodísticas, todo apuntaba a que iba a tomar un rol equidistante de las fuerzas políticas argentinas, considerando el contexto de un año electoral.

Sin embargo, este domingo se producirá -por quinta vez desde haber asumido el papado- un encuentro entre Francisco y Cristina Kirchner. Tres anteriores tuvieron lugar en el Vaticano y otro en Brasil. 

Es cierto que, a diferencia de las reuniones anteriores, no se tratará de un almuerzo a solas ni de una larga audiencia, como sucedió anteriormente.  

Esta vez el encuentro será breve y protocolar, en el marco de las entrevistas que mantendrán otros mandatarios latinoamericanos que viajan a Roma para participar en la cumbre de la FAO, la agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

Sin embargo, por más que ahora no haya candidatos ni militantes camporistas, por más corta y protocolar que sea la reunión, lo cierto es que en un contexto de campaña electoral una nueva foto no es un detalle menor.

Así lo entendieron los anti-kirchneristas que se mostraron decepcionados cuando, hace dos meses, se confirmó la realización de este encuentro.

Más aun en un contexto en el que comenzaban a aparecer las primeras señales de que el kirchnerismo -luego de haber asimilado el shock de la muerte de Nisman- empezaba a recuperarse en la consideración de la opinión pública.

Lo que ocurrió en ese momento fue una ola de protestas por parte de un público mayoritariamente católico o, al menos, simpatizantes de la figura papal.

Muchos se preguntaban cómo era posible que el Pontífice le diera esa oportunidad a la Presidenta, en un gesto que -por su "timing" electoral- casi parecía un favor político.

Quien llegó más lejos en esta expresión de decepción fue el periodista Alfredo Leuco, que generó polémica al enviarle al Papa una carta indicando lo que a su entender era una actitud errónea.

"Usted dijo que no iba a recibir a ningún político más hasta después de las elecciones y expresó que se había sentido usado por la política argentina", le recordó Leuco, argumentando que la máxima autoridad de la Iglesia estaba "faltando a su palabra".

"Permítame que le diga papa Francisco, usted reclama manos limpias, uñas cortas y ética para la función pública. Pero este Gobierno es el más corrupto de la historia argentina", agregaba el periodista.

La gran sorpresa fue que el propio Pontífice haya respondido públicamente a esa misiva. Y, si bien no dio explicaciones sobre por qué recibía a Cristina, pareció enviar un mensaje político.

Para empezar, agradeció a Leuco el "tono sereno" con el que expresó su discrepancia.

Luego le recordó las virtudes de la mansedumbre: "Esa actitud tan ligada a la paciencia, a la escucha, a la ponderación y que -a veces- en el imaginario colectivo se la confunde con pusilanimidad. Pero no es así: en realidad es la virtud de los fuertes".

Para quienes leen entrelíneas, puede haber allí una justificación. A fin de cuentas, el Papa es el jefe de un Estado que debe mantener sus relaciones diplomáticas con todos los países, más allá de las situaciones políticas internas de cada uno. 

Y, por otra parte, quienes critican la actitud de Francisco tal vez estén pasando por alto el detalle no menor de que ha evitado venir a la Argentina, a pesar de haber estado muy cerca, en Río de Janeiro.

Y que recién volverá a pisar su suelo natal en 2016, cuando ya no sea Cristina Kirchner quien lo reciba en Ezeiza.

"Decile que la quiero"
Por más que los opositores al kirchnerismo siguen disgustados con este nuevo encuentro, después de esa carta papal empezaron a interpretar la actitud de Francisco como la culminación de su deseo de que la Argentina mantuviera la normalidad institucional durante el recambio presidencial.

La ya famosa consigna "cuiden a Cristina" había sido difundida entre dirigentes políticos, empresariales y sindicales.

Y si bien la agenda nacional siguió agitada como siempre, se notó una mayor cautela en todos los sectores por no ganarse el mote de "desestabilizadores" que la Presidenta suele endilgar a sus críticos.

Esto no significa que la Iglesia haya sido tibia a la hora de dar su visión sobre la realidad nacional. Los documentos respecto del avance del narcotráfico, así como la difusión de cifras de pobreza, que difieren notablemente de las que difundía el Indec, pusieron una nota de tensión.

Cristina recibió, sobre fin de año, a la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal, luego de un duro documento en el que se denunciaba "la corrupción y la falta de ejemplaridad que empobrece el nivel moral de la sociedad".

La Presidenta, acaso bajo el influjo del estilo de Jorge Bergoglio -que nunca contestó agravios, ni en su etapa de arzobispo de Buenos Aires ni luego, al ocupar el trono de San Pedro- reprimió su natural tendencia a responder las críticas.

Por el contrario, recibió a las máximas autoridades de la Iglesia y se preocupó por remarcar su buena relación, tal como hizo en la reciente celebración del 25 de mayo, al destacar el aporte estatal para la restauración de la histórica Basílica de Luján, donde concurrió al tradicional Tedeum.

Incluso, hasta consiguió que algunas de las manifestaciones críticas de la Iglesia le jugaran a su favor, como cuando recientemente el secretario general del Episcopado, Carlos Malfa, arremetió contra la "farandulización penosa de la política".

La dura expresión parecía tener destinatarios claros en Scioli, Macri y Massa quienes habían concurrido con sus respectivas esposas al programa inaugural de Marcelo Tinelli.

En cambio, no resultó ofensiva para Cristina, que insiste en reclamarle a los candidatos opositores que expliciten sus planes económicos y debatan las propuestas.

Esto va en línea con el pedido de monseñor Malfa para que los presidenciables demuestren capacidad de diálogo y de gestión y, "fundamentalmente, que se ocupen en serio de los pobres".

En este contexto de coincidencias y de críticas amables entre Gobierno e Iglesia es que se inscribe el especial cuidado del Papa para que la Presidenta llegue al final de su mandato sin sobresaltos.

"Decile que la quiero mucho", fue el cariñoso mensaje de Francisco a Cristina, a través de la periodista Alicia Barrios, a quien le anticipó que recibiría a CFK en el Vaticano.

Las opiniones de Francisco, dentro del "relato"
Todavía es un misterio hasta qué punto el kirchnerismo estará dispuesto a explotar electoralmente esta nueva reunión de la Presidenta y el Sumo Pontífice.

Pero, aun cuando se resistiera a la tentación de recordar las imágenes de la reunión en los entretiempos de Fútbol para Todos y de empapelar la ciudad con la foto del apretón de manos, no cabe dudas de que el oficialismo cuenta con un hándicap político respecto de la oposición.

Cristina ha demostrado, en ocasiones anteriores, habilidad para ligar su discurso político con los mensajes "Urbi et orbi" del Pontífice.

Por caso, el muy comentado documento papal en el cual se critica el funcionamiento de la economía mundial y en el que se pone en duda la efectividad de la llamada "teoría del derrame".

La misma se refiere a que los gobiernos deben propiciar un crecimiento económico y disminuir las regulaciones. Además, que la riqueza de los sectores de altos ingresos se derramará al resto de la sociedad.

"Esta opinión -que jamás ha sido confirmada por los hechos- expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante", fue la frase papal que sonó como música para los oídos de funcionarios kirchneristas, en un momento en el que su política económica es cuestionada por todos los flancos.

Para una dirigente cuya principal preocupación es que su "proyecto" continúe sin que se produzca un "retroceso noventista", esas opiniones del Papa tienen el atractivo de coincidir con algunos puntos del "relato".

No en vano, en su anterior visita al Vaticano, Cristina aprovechó para decir, en relación con el Papa, que "muchos deberían leerlo y no solamente venir a sacarse una foto con él".

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