Los cierres y suspensiones en la actividad fabril están llevando la tensión a un máximo entre los empresarios. Las ramas más expuestas a la competencia china afirman que hay un plan para transforman a los fabricantes en importadores. Y sospechan que la cúpula tiene un "pacto oculto" con el Gobierno
Por Juan Manuel Barca
01/03/2017 - 11,10hs

Una alarma se encendió en la UIA. Mientras su conducción mantiene un perfil bajo, una corriente de malestar empezó a extenderse entre los industriales por los crecientes casos de fábricas que cierran sus puertas y son ocupadas por sus operarios para evitar despidos masivos.

"Si empiezan a darse cuenta que la toma de plantas da resultados porque genera repercusión mediática, es preocupante", dijo a iProfesional el extitular de la UIA, José de Menguren.

El industrial se quejó de que las autoridades de la entidad no convoquen a su junta directiva para tratar esa problemática. "No quieren enfrentarse a las bases", señaló.

Los cierres y las medidas de fuerza ocurren en sectores golpeados por un combo de factores que impacta sobre la actividad, en algunos casos con bajas de hasta el 30%. Los empresarios destacan la caída del consumo, el aumento de las importaciones, la inflación y los tarifazos.

Desde el inicio del año, entre los casos más resonantes de empresas que bajaron sus persianas figuran Cerámicas San Lorenzo, la petrolera SP, la metalúrgica PMV y Minera Sierra Grande. Esta semana se sumó la química Atanor, que clausuró sus plantas de Baradero y Munro, y la textil Alpargatas, que hizo lo propio en Corrientes.

Por otra parte, fueron ocupadas en forma transitoria la electrónica Banghó, la metalúrgica Fumiscor y la plástica Mascardi, mientras que Textil Neuquén fue puesta a producir por sus empleadas, luego de encontrarse con la planta vacía al regresar de sus vacaciones.

En tanto, los petroleros tomaron el miércoles un yacimiento de Vaca Muerta, en Neuquén, para reclamar por los despidos, luego de que YPF bajara en diciembre 33 equipos. La medida ocurrió tan solo tres semanas después que se firmara el acuerdo para reactivar la reserva de gas.

La situación tensó la interna en la central fabril, donde los empresarios más afectados por la política económica reclaman que la cúpula reaccione y le exija al Gobierno un cambio de rumbo.

Se quejan del modelo de "apertura" que acompañarían los directivos de la UIA.

Las críticas apuntan contra el presidente, Adrián Kaufman Brea, el vice Luis Betnaza y Daniel Funes de Rioja.

Los hombres de Arcor, Techint y la cámara alimenticia (COPAL) pasaron a reflejar la mayor influencia de los gigantes en la UIA, tras la gestión de Héctor Méndez, que provenía del sector plástico y tenía más predicamento entre las pequeñas empresas.

"La UIA está en manos de grandes empresas, como Arcor y Techint, y ellos no quieren enfrentarse con el Gobierno, por eso no convocan a reuniones, pese al malestar que hay por el cierre de empresas", afirmó a este medio un industrial de la entidad que prefirió el anonimato.

Desde principios de año, la cámara no llamó a la reunión semanal de junta directiva. Si bien la central entra en receso en verano, los industriales disidentes advierten que hay una "situación de emergencia" que amerita adelantar las sesiones previstas para marzo.

El último informe de la central fabril mostró una caída acumulada del 4,9% en 2016. Fue el peor año para la actividad desde el 2011 y representa un panorama alejado de los "brotes verdes" que empezó a detectar el Gobierno en los últimos meses.

Un país "normal"

Según los últimos datos disponibles del INDEC, al finalizar el mes de septiembre había 573.302 firmas activas, frente a las 578.449 registradas en diciembre de 2015. Así, en el tercer trimestre de 2016, se produjo el cierre de 5.147 empresas.

Los datos fríos contrastan con la imagen que intenta dar el Gobierno. En su gira por España, el equipo de Mauricio Macri aseguró que "la Argentina se normaliza" y se mostró acompañado por una nutrida delegación de empresarios y media docena de sindicalistas cercanos a Cambiemos.

Como parte de la comitiva, participó Funes de Rioja. El líder de la UIA abogó por un "perfil exportador" y el avance en "reformas de segunda generación", que incluyen el capítulo impositivo, la logística, los costos laborales no salariales y el acceso a financiamiento.

Pero el Ejecutivo no solo se propuso atraer las demoradas inversiones extranjeras. También buscó mostrar un perfil hiperactivo, en momentos que la CGT prepara una protesta para el 7 de marzo en reclamo de una "rectificación" del rumbo económico.

"Ahora fueron a pedir a España que abran el libre comercio. Nosotros le vamos a vender granos, y ellos nos van a vender productos manufacturados", se mostró molesto el triunviro massista, Héctor Daer.

Los gremios industriales definieron el jueves que marcharán el martes 7 de marzo a las 14 desde Avenida 9 de Julio y Belgrano hacia el Ministerio de Producción. Al igual que la cartera laboral, el área comandada por Francisco Cabrera se convirtió en el nuevo blanco de la central obrera.

Ese es otro de los temas que preocupa a los industriales. Incluso a aquellos que ven con buenos ojos la orientación pro exportadora de la central fabril y que achacan los problemas sectoriales a "la herencia".

Desde esa óptica, la UIA debe acompañar al Gobierno en un escenario de crecientes reclamos. "Acá hay una lucha de poderes con la CGT y los sindicatos", afirmó a iProfesional Gerardo Stedile, titular de la Unión Industrial de Córdoba.El empresario señaló el caso de la industria láctea, donde sus pares preferirían el convenio de la Alimentación, como el que tiene Nestlé, en lugar del lechero, que les resulta un 30% "más caro" y su sindicato Atilra es visto como "combativo".

Frente al endurecimiento de la central obrera, Stedile sostuvo que "hasta ahora el Gobierno lo ha llevado bien". Pero planteó que el aumento de tarifas plantea una "incógnita" y reconoció que "muchas empresas esperan la reactivación". "Si no inyectás dinero, nadie va a comprar", señaló.

Polémica por los despidos 

Una empresa emblemática en crisis es Sancor. En medio de los rumores de cierre, el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, consideró días atrás que la empresa debe "dejarse ayudar" y encarar "un proceso de reestructuración".

En ese sentido, el Ejecutivo relanzó en las últimas semanas su Plan de Transformación Productiva, que contempla un subsidio a los empleados despedidos por el cierre de empresas y, a la vez, otro para las firmas que contratan nuevos trabajadores.

Desde España, el ministro de Trabajo Jorge Triaca sostuvo que en enero se crearon 20.000 empleos. Y acusó a los gremios industriales de impulsar un "clima de conflictos".

Explicó que los reclamos por la apertura de importaciones y el bono de fin de año "no son generalizados".

Pero tanto las medidas como el diagnóstico oficial difieren del de ciertos sectores industriales.

La CGERA, que nuclea a las Pymes y se sumó a la protesta de la CGT, registró 2.000 despidos en marroquinería, 5.000 en calzado, 20.000 en textil y 20.000 en metalurgia. Para la CGT, fueron 400.000 los despidos en 2016.

En tanto, los propios informes de la UIA muestran una recesión motorizada por Brasil pero también por "la contracción del mercado interno, el aumento de los costos y, sobre todo, las elevadas tasas de interés en conjunto de una mayor presión importadora".

Según los datos de la central fabril, la baja del año pasado fue traccionada por metales básicos (-15%), acero (-18%), minerales (-13%), construcción (-12,7%); automotriz (-10%); metalmecánica (-8,5%); edición e impresión (-6,2%) y plásticos, papel y cartón (-4%).

También se vieron afectados los sectores más mercado internistas como calzado (-11%), madera y muebles (-15%) y la cadena textil-indumentaria. Hasta la producción de alimentos y bebidas cerró el año con una caída (-1,2%).

Puja por el rumbo

En medio de las señales de descontento, Kaufman Brea y Betnaza mantuvieron semanas atrás una reunión con el titular de Hacienda, Nicolás Dujovne. Si bien mencionaron la caída de la actividad, se centraron en acercarle al ministro propuestas para impulsar la competitividad.Propusieron desgravar las inversiones del Impuesto a las Ganancias, eliminar el impuesto al cheque, armonizar la alícuota de Ganancias para ciertas empresas, subir el cómputo de pago a cuenta de IVA de las contribuciones patronales y reimplantar el ajuste por inflación impositivo.

Por otra parte, la UIA recibió a funcionarios de Producción en un encuentro reciente en el que analizaron las medidas no arancelarias que repercuten en las exportaciones hacia Brasil. Son temas que reflejan la preocupación por la inserción de los grandes jugadores en el exterior.

Pero la sensación en el "ala mercadointernista" es que las autoridades de la entidad mantienen un "pacto de silencio" sobre la recesión que afecta a gran parte del bloque industrial.

"Está planchada la conducción, en los últimos dos años jugaron en la B", disparó un hombre escuchado en la UIA.

Los cuestionamientos arrecian en el rubro textil. Con 450.000 empleos y 20.000 empresas, la cadena registró el año una caída del 25%, mientras que las ventas en el canal masivo se redujeron un 20%, según los datos de la Fundación Pro Tejer.

A fines del año pasado las grandes textiles suspendieron personal, adelantaron vacaciones y cerraron plantas. Ese es el caso de TN Platex y Alpargatas. Pero lo que viene ahora podría ser peor, ya que los empresarios no avizoran una reactivación de la demanda interna."El primer cuatrimestre va a ser un período de destrucción de empleos por la menor actividad y las importaciones. Es grave, no vemos una mejora de la demanda, sino pérdida de poder adquisitivo por la inflación y el tarifazo", dijo a iProfesional Ariel Schale, director ejecutivo de Pro Tejer.

Las actividades en rojo coinciden con las que el Gobierno considera de "baja competitividad". Según el Plan Productivo ideado por Cabrera, el "sector latente" o con posibilidades mínimas de crecimiento es el automotor, maquinaria agrícola y medicamentos, mientras calzado, textil y electrónica son candidatos a reconvertirse.

En estos últimos rubros es donde se concentran las críticas a la apertura de importaciones y la baja de aranceles. La semana pasada el Ejecutivo confirmó la reducción para artículos electrónicos a partir de marzo.

Una apertura controvertida

La lectura de más de uno es que la Rosada los alienta a convertirse en importadores antes que protegerlos frente a los productos subsidiados por China. "Muchos productores medianos para no perder la cadena de clientes se dedican a comprar todo en el exterior", reconoció un empresario textil.

En tanto, la fabricante de computadoras Banghó anunció en un comunicado sugestivo que "modificará la estrategia de abastecimiento de sus productos, continuando la producción nacional en los segmentos de alto valor agregado, e importando el resto".

En el sector Pyme, creen que los grandes fabricantes aprovechan para importar productos desde sus sucursales en el exterior y así compensar los mayores costos en el país. Eso es lo que ocurrió en el sector automotor, donde las terminales trajeron el 40% de autos desde Brasil.

Algo similar ocurrió en el rubro textil. "El año pasado Zara les compró menos de la mitad a los productores locales, porque la otra parte la importó", dijo a este medio Ariel Aguilar, dirigente de CGERA. "Hay una decisión de abrir la economía e invitar a convertirse en importador", disparó.

El Gobierno argumentó el año pasado que la avalancha de importaciones se debió a la acumulación de Declaraciones Juradas (DJAI) dejada por la gestión kirchnerista. Sin embargo, ahora ya no existe ese problema. Para las Pymes, se trata más bien de una decisión política.

En la industria también apuntan contra la cúpula de la UIA. Los empresarios pequeños y medianos aseguran que la caída del salario real y la reducción de personal favorece a los peso pesado para competir en el exterior.

"Necesitan ser competitivos vía salarios", señaló un empresario textil.

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