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El "sí­ndrome Cocoon": ¿qué pasará con el trabajo a medida que aumenta la expectativa de vida?

El "sí­ndrome Cocoon": ¿qué pasará con el trabajo a medida que aumenta la expectativa de vida?

Mientras los trabajadores temen que la inteligencia artificial y la robótica los deje desempleados, ocurre una revolución demográfica silenciosa

Por Gabriel Schwartz, Director de Psicologí­a Laboral – Consultores
15.02.2018 13.29hs Management

Son muchos los trabajadores que miran perplejos los cambios en la cultura y la economí­a que se producen de la mano de los avances tecnológicos, y algunos están asustados por los robots que amenazan con dejarlos sin trabajo.

Pero ese temor ante un escenario posible no es nuevo. Pensamos, mejor, cómo nos arreglarí­amos hoy mismo si tenemos más de 45 años y estamos desempleados.

La inteligencia artificial, la biotecnologí­a, la robótica y la nanotecnologí­a están generando cambios asombrosos que, probablemente, modifiquen nuestra vida cotidiana dentro de no tanto tiempo.

Sin embargo una revolución más profunda se está gestando y de la que no somos tan conscientes. Es una revolución demográfica.

En solo unos pocos años el mundo estará poblado sobre todo por adultos mayores. Como en la pelí­cula "Cocoon", los ancianos serán mayorí­a, estarán en muy buen estado de salud y con energí­a para todo tipo de actividades.

Una persona que tiene hoy alrededor de 17 años y vive en un paí­s desarrollado, probablemente llegue a vivir hasta los 100 y con muy buenas condiciones fí­sicas y mentales.

El aumento de las expectativas de vida viene creciendo desde hace décadas. Japón encabeza el ranking (allí­ las personas viven, en promedio, hasta los 84 años) y lo siguen Suiza, Singapur y Australia (casi 83 años).

El quinto paí­s en el ranking es España, con un promedio de vida de 82 años. En Latinoamérica, los mejor posicionados son Chile (82), Costa Rica, Cuba y Panamá.

En Argentina, las personas viven, en promedio, hasta los 76 años. Hace 50 años la esperanza de vida en nuestro paí­s era de 65 años.

Aunque, por una parte, es una alegrí­a saber que viviremos bien y más tiempo del que habí­amos pensado, las implicancias de estas modificaciones son enormes: desde la planificación de la jubilación, el aumento de los costos de salud, la implementación de nuevas maneras de organizar nuestras vidas y, desde luego, cambios en el mundo del trabajo.

¿Qué pasará con la jubilación?
Para empezar, tendremos que pensar que, poco a poco, aumentará la edad en la que podremos retirarnos.

Si lo pensamos tiene cierta lógica, ya que viviremos más tiempo y los sistemas de pensiones quedaran inevitablemente desfasados para sostener a quienes están jubilados con los aportes de los laboralmente activos.

Tendremos que trabajar hasta una edad más avanzada, pero además, la buena noticia es que tendremos ganas de hacerlo.

En Japón, por ejemplo, las personas se jubilan a los 65 años, pero al dí­a siguiente pueden seguir trabajando en la misma empresa pero con la mitad del salario.

Hay cuestiones culturales que también influyen: el trabajo es un honor y una responsabilidad para los japoneses y están convencidos que ser productivos y aportar es indispensable para sentirse plenos.

Pero en Dinamarca cada cual puede decidir en qué momento retirarse. Eso sí­, quien trabaja durante más tiempo, accede a una pensión mayor. De cualquier manera, para los daneses -uno de los paí­ses con mejor calidad de vida del planeta- es evidente que las personas prefieren mantenerse activas laboralmente, más que jubilarse.

En cualquier caso, tendremos que ser creativos para aportar soluciones.

Una manera diferente de planificar la vida
Quienes tenemos más de 50 años tení­amos en mente que a los 60/65 años serí­amos "viejos". Nos casamos y fuimos padres cerca de los 25/30 y organizamos nuestra vida laboral en base a estas proyecciones. Incluso educamos a nuestros hijos con esta idea.

¿No hubiésemos planificado de una manera diferente si hubiésemos sabido que vivirí­amos hasta los 85? ¿Qué previsiones tomaremos ahora que sabemos que estaremos activos mucho más tiempo? Deberí­amos ir preparándonos y pensar cuáles serán nuestras actividades.

Algunos expertos en el tema apuntan a mejorar la formación financiera para ser previsores respecto de los ahorros para el futuro, y en capacitar, desde la escuela secundaria a los jóvenes en la manera de generar oportunidades diferentes de acuerdo a la etapa de la vida.

Las personas tendrán unos 3 o 4 cambios de carrera en sus vidas. Quizás haya que volver a la escuela en diferentes momentos para seguir aprendiendo.

Por otra parte, los jóvenes -quienes hoy tienen entre 25 y 32 años - no están tan apurados por establecerse, de armar su familia o generar un empleo estable. Se toman su tiempo para tener diferentes experiencias: dejan sus trabajos para viajar, encaran proyectos propios, cambian de empleo para probar y aprender, piden traslados a otros paí­ses y no se preocupan demasiado por la estabilidad o seguridad.

De acuerdo a las estadí­sticas, se casan o forman parejas estables con quienes conviven casi 10 años más tarde que hace 40 años, y tienen hijos, también a una edad más avanzada.

La tasa de natalidad se está reduciendo. En unos años veremos que la población promedio será unos cuantos años mayor que la actual. Se calcula que en Japón, dentro de 20 años, la franja que va de los 64 a los 80 será la más numerosa.

Probablemente uno de los grandes desafí­os que se avecinan sea el de generar condiciones -productos y servicios- que satisfagan las necesidades de este grupo etario, que será cada vez mayor.

¿Y qué pasará con el trabajo? Las empresas han tomado nota y ya piensan que la manera de crear condiciones para que "los mejores" se queden en la compañí­a es ofrecerle oportunidades y flexibilidad en vez de tratar de retenerlos.

Las vacaciones en enero y febrero ya no son una norma, pueden tomarse en cualquier momento del año. Las oportunidades de capacitarse o hacer experiencias de trabajo en el exterior se promueven en las multinacionales.

Cada vez hay más trabajos "a distancia" y los equipos se coordinan organizando a los recursos que pueden estar en diferentes paí­ses.

Si los mayores de 45 están, ahora, preocupados porque les resulta difí­cil reinsertarse, en un tiempo será moneda corriente, ya que habrá menos jóvenes trabajando y las empresas deberán destinar energí­a para amalgamar a las personas de 30/35 que tengan en sus equipos a adultos mayores.

Se prevé que existirán más oportunidades de trabajo a tiempo parcial que requieran, por ejemplo, 20 horas por semana. Si el trabajo es presencial, tendrá mucha relevancia la cercaní­a al domicilio.

Eso sí­, habiendo mayor fuerza laboral disponible, probablemente, los salarios sean más bajos.

Cada vez es mayor el número trabajadores que prevé tener su negocio propio o desenvolverse como consultores una vez que dejen las organizaciones.

Hay quienes piensan que el problema será el de mantenerse activos y saludables más que asegurarse un sustento. En varios paí­ses ya se han hecho experiencias de asignar un ingreso que cubra las necesidades básicas, sin tener que trabajar. Se discute mucho sobre el resultado y las prácticas no se han extendido demasiado.

Quizás el problema en el futuro, aunque sea difí­cil de imaginar, no sea cómo mantenernos sino qué hacer con el tiempo libre. Ya lo decí­a el economista John Maynard Keynes: "Para aquellos que sudan diariamente para ganarse el pan, el ocio es un bien anhelado. Hasta que lo consiguen". 

De cualquier manera, esta será otra discusión. Seguimos teniendo otras prioridades: no tenemos que perder de vista que mientras en algunas partes del mundo nos maravillamos porque la gente vive hasta los 100 años, admiramos a quién no baja los brazos hasta lograr llegar con sus cohetes a Marte o festejamos que hay más obesidad que desnutrición, en otros paí­ses el promedio de vida no llega a los 49 o los operarios ganan u$s7 por dí­a de trabajo. La distribución de los recursos parece EL problema a resolver.

Si queremos trabajar hasta los 100, no nos preocupemos, hay mucho por hacer.

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