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Schiaretti: guiños a Macri y el último oxígeno para el espacio peronista alternativo

Schiaretti: guiños a Macri y el último oxígeno para el espacio peronista alternativo
Schiaretti tomó distancia del kirchnerismo en su discurso del triunfo electoral. Y dio a entender que hay más coincidencias con el gobierno nacional
Por Fernando Gutiérrez
13.05.2019 06.29hs Política

Juan Schiaretti sabía que tenía la atención de todo el país político. Tal vez como hacía años que no ocurría con una elección provincial cordobesa, la sensación reinante era que el reelecto gobernador podía erigirse en algo así como un juez que inclinara la balanza del mapa político nacional.

El abrumador triunfo le daba esa pátina de prestigio incuestionable y de razón que sólo pueden ostentar quienes pueden mostrar un caudal de votos a prueba de discusiones. Y, desde temprano, era notoria cierta intención en todo el arco político por "apropiarse" de los sufriagios de Schiaretti.

Hasta que el gobernador se subió al escenario, la pelea que se estaba disputando en las redes sociales y en los medios de comunicación era la "batalla por la intepretación". Los dos grandes perdedores de la jornada –el macrismo y el kirchnerismo- intentaban aparecer lo más cercanos posible al ganador y señalando que el resultado cordobés era un anticipo contundente de lo que ocurriría a nivel nacional.

Para el kirchnerismo, se trataba de una derrota sin levante de Mauricio Macri, que anticipaba un cambio de humor del electorado cordobés. Mientras que para los partidarios de Cambiemos, se trataba apenas de otro triunfo de un oficialismo provincial –una tendencia que se viene repitiendo en todo el país desde que se inició el calendario electoral- pero que perfectamente podía repetirse el escenario de 2015, en el que los cordobeses le dieron el empuje final a Macri para derrotar a Daniel Scioli.

Y, naturalmente, estaba la expectativa por saber si los dos principales pre-candidatos del peronismo alternativo, Sergio Massa y Roberto Lavagna, aprovecharían la situación para ir hasta Córdoba y tratar de compartir protagonismo con el gran ganador de la jornada, en un intento por insuflarse vitalidad al tambaleante "espacio del medio".

Finalmente, Massa y Lavagna optaron por mantenerse en un respetuoso segundo plano y solamente enviaron felicitaciones vía Twitter. De manera que Schiaretti fue el único protagonista, con un país ansioso de que diera señales sobre sus preferencias a nivel nacional.

Y fue allí cuando el cordobés inclinó la partida en favor de Macri. Su discurso estuvo plagado de guiños al Presidente y de tomas de distancia respecto del kirchnerismo.

Desde su alusión a que quiere un peronismo "republicano" hasta su reivindicación de que Córdoba nunca declaró un defult de la deuda. Desde su mensaje conciliador con las fuerzas armadas hasta su defensa del rol del empresariado. Desde su orgullo por el equilibrio fiscal hasta su explícita mención a que los cordobeses podrían perfectamente volver a votar a un presidente de un partido diferente al gobernador, todo pareció ir en el sentido de la sintonía con Macri.

Hubo también, como era de esperar, críticas al macrismo, como cuando rechazó la preeminencia del mercado y recordó el rol preponderante que había jugado el Estado para canalizar recursos hacia el sector más pobre de la provincia. Pero en el balance, fueron más los guiños que las críticas al macrismo. En cambio, hacia el kirchnerismo hubo frialdad y un intento de diferenciación para posicionar a la tercera vía que pueda romperá la lógica de la "grieta" y la polarización.

En definitiva, es fácil imaginar que Macri, pese a la dura derrota de sus aliados, no se habrá ido a dormir tan amargado como los números del escrutinio cordobés parecían señalar. Para Cristina, queda en evidencia su mayor desafío: volver a seducir a una provincia que guarda un mal recuerdo de su gobierno y que mantiene abiertas las heridas de hechos tales como la guerra por las retenciones, el ahogo financiero para el pago de las jubilaciones y el corte de la ayuda nacional cuando la provincia tuvo una huelga policial.

Para Massa y Lavagna, el desafío es tratar de aprovechar una situación irrepetible. El "timing" político marca que es ahora que la tercera vía se consolide como alternativa real o se diluya irremediablemente. Para ello hay que superar la discusión entre los dos pre-candidatos, que saben que no hay lugar para los dos y que es demasiado tiempo el que resta hasta las PASO de agosto.

Acaso será Schiaretti, con la autoridad que le da su segunda y abrumadora reelección, el árbitro que terminará de terciar en esa disputa interna.

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