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Pese al pedido de juicio político, Ginés sobrevive: la verdadera razón de la permanencia del ministro más cuestionado

Pese al pedido de juicio político, Ginés sobrevive: la verdadera razón de la permanencia del ministro más cuestionado
El escándalo de la compra de vacunas dejó al ministro de Salud al borde del juicio político. ¿Por qué el kirchnerismo exige que no lo "toquen"?
Por Fernando Gutiérrez
21.12.2020 06.47hs Política

"Vayan a buscar otro laburo". La frase de Cristina Kirchner, como es habitual, sacudió la agenda nacional y se transformó en un hecho político en sí mismo. Los destinatarios eran aquellos funcionarios, incluyendo ministros, que eludían la confrontación y no se animaban a adoptar una actitud firme ante "los poderes fácticos".

Y de inmediato, como suele ocurrir cada vez que habla Cristina –por ejemplo, como había ocurrido con su carta en la que hablaba de "funcionarios que no funcionan"- se reanimó el gran deporte de la política argentina, que es interpretar lo que está pensando la vicepresidente y cuáles serán las consecuencias de sus decisiones.

Es por eso que en el fin de semana abundaron las especulaciones sobre quiénes podrían ser víctimas del discurso cristinista. Hasta ahora, el único cambio ministerial fue el de María Eugenia Bielsa, que dejó el ministerio de Hábitat luego de la crisis por la ocupación de terrenos en Guernica.

Y ahora aparecen como blanco de su enojo la ministro de justicia, Marcela Losardo, por una actitud que Cristina percibe como de pasividad ante el endurecimiento de la Corte Suprema de Justicia. Los anteriores cuestionamientos de Cristina sobre la continuidad de la vigencia del "lawfare" hacen que esta funcionaria sea candidata a la remoción.

No es la única, sin embargo. Desde comienzos del plan de emergencia por la cuarentena hay críticas desde el kirchnerismo hacia Claudio Moroni, el ministro de Trabajo que es además un hombre de la máxima confianza de Alberto Fernández. A Moroni se le cuestiona no haber sido más duro con las grandes empresas y hasta haberlas premiado con subsidios estatales en el peor momento de la recesión.

Hay también un ala radical del kirchnerismo ofuscada por la ambigüedad de la política exterior argentina, que se evidenció hace meses cuando la polémica interna por el voto a un documento de la ONU que denunciaba violaciones a los derechos humanos en Venezuela.

Cristina dio una de sus advertencias más duras hacia los funcionarios que eluden la confrontación.
Cristina dio una de sus advertencias más duras hacia los funcionarios que eluden la confrontación.

Cuestionado pero en pie

La lista de cuestionados sigue. Pero una de las situaciones a primera vista más extrañas es que uno de los funcionarios más cuestionados por la opinión pública no parece correr riesgo. Se trata del ministro de Salud Pública, Ginés González García.

Durante el pico de la pandemia, cuando la tasa diaria de contagios llegó a la marca de 18.000 infectados por día, las encuestas marcaban una contundente desaprobación de 53% contra 45% -números de la encuestadora Management & Fit- en la percepción de la opinión pública sobre cómo se estaba manejando la situación sanitaria.

Luego, en la medida en que los casos diarios de infección cayeron al nivel de 7.000 personas por día, los números de aprobación experimentaron una mejora, pero en los últimos días una nueva situación –la polémica sobre la campaña de vacunación- volvió a golpear la imagen del ministro.

En otros países, la acumulación de contradicciones, confusiones y hasta sospechas de corrupción vinculadas al manejo de la vacuna habrían motivado la remoción del ministro. De hecho, hay un pedido de juicio político en marcha, motorizado por la Unión Cívica Radical, que tiene por objeto conocer los detalles de la negociación de Ginés González García con Pfizer, y que llevó a que la vacuna mejor valorada a nivel mundial no haya podido llegar al país.

La referencia del ministro a ciertas "condiciones inaceptables" que solamente se solicitaron en Argentina mientras otros países de la región llegaron a acuerdos alimentó la sospecha a nivel político sobre situaciones irregulares en las negociaciones de precios.

Los impulsores del juicio político dicen que ya en anteriores negociaciones Ginés se negó a brindar información al Congreso y que en ese caso en particular hay una "falta de acceso a la información sobre vacunación que es responsabilidad exclusiva del Gobierno".

La realidad es que por situaciones bastante menores, como cuestionamientos a sobreprecios en la compra de alimentos para ayuda social, hubo funcionarios que debieron dejar su cargo.

Sin embargo, Ginés continúa con respaldo político del Gobierno. Mientras en los medios de comunicación era excluyente el papelón provocado por las declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, en el sentido de la vacuna Sputnik no había sido aprobada para mayores de 60 años, el ministro argentino intentaba mostrar una imagen de normalidad en la gestión.

Fue así que escribió en su cuenta de Twitter que estaba viajando hacia Córdoba y Santa Fe para continuar con los detalles del plan sanitario "Estamos ampliando derechos en todo el país y planificando la campaña de vacunación más importante de la historia".

A esa misma hora, todo el país estaba poniendo en cuestión si la promesa presidencial de vacunar a 10 millones de personas durante el verano seguiría en pie. Porque claro, la premisa fundamental del plan, tal como había explicado en conferencia de prensa Alberto Fernández, era que la campaña se iniciara con la población mayor, por ser considerada la de mayor situación de riesgo.

El "factor Putin" terminó dándole un tinte tragicómico a una campaña vacunatoria que ya venía siendo cuestionada. Para empezar, dejó mal parado –casi en situación de transformarse en "meme" de las redes- la promesa de Alberto Fernández sobre ser el primero en vacunarse. El Presidente argentino tiene 61 años y será difícil que adopte una actitud diferente a la del mismísimo Putin.

Pero, sobre todo, quedó en evidencia la fragilidad de la situación argentina sobre la vacunación. La apuesta original, que era la de la vacuna desarrollada por la universidad de Oxford y producida por AstraZeneca, quedó relegada a un segundo plano.

En aquel momento, el anuncio había causado euforia en el Gobierno: iba en línea con una de las consignas preferidas de Alberto Fernández, la que refiere a que el suyo sería un "gobierno de científicos", a diferencia del macrismo, en el que había una gestión "en manos de los CEOs".

Pero de inmediato la oposición le respondió con una serie de chicanas, tales como que el Estado no tendría nada que ver con la fabricación, que resultaba de un acuerdo entre privados, y que además era Mauricio Macri quien tenía el mérito de que el laboratorio AstraZeneca haya tenido en cuenta a la Argentina. Y, como si fuera poco, la producción de la vacuna en Argentina será posible gracias al aporte financiero de la fundación del multimillonario mexicano Carlos Slim.

Aun así, el Gobierno apostó a que esa sería la puerta de salida para la pandemia. Sin embargo, se trata de la vacuna que viene con más retraso en su confección y, además, la que ha demostrado resultados menos satisfactorios en la proporción de inmunidad lograda durante las pruebas.

Lo cual dejó a la de Pfizer como la vacuna más confiable. Pero la caída del contrato llevó a que Argentina tenga que depender de la provisión de la vacuna rusa, que fue objeto de críticas a nivel científico por la falta de apertura informativa sobre la fase de investigación.

Lo cierto es que uno de los mayores desafíos de Ginés será el de convencer a la gente de que se aplique la Sputnik. Una reciente encuesta marca que el 38% de la población prefiere "esperar unos meses" antes de vacunarse mientras un 19% se niega de plano a sumarse a la campaña.

La gestión de Ginés González ha sido cuestionada por los pronósticos erróneos sobre contagios
La gestión de Ginés González ha sido cuestionada por los pronósticos erróneos sobre contagios.

Un símbolo polémico

Lo cierto es que, después de todo, el apoyo político del que sigue gozando Ginés González García en el peronismo no resulta tan raro de explicar. En el manual del político argentino figura la máxima de que no se sustituye a un ministro justo en el momento en que es más cuestionado, porque eso implica dar una señal de debilidad no sobre el funcionario en cuestión, sino sobre todo el gobierno.

En esa lógica de pensamiento político, deshacerse de un funcionario criticado por la oposición equivale a perder una pulseada. Los ejemplos al respecto abundan y se vieron tanto durante la gestión de Cristina Kirchner como en la de Mauricio Macri.

Y, en el caso de Ginés, tal vez la importancia simbólica sea mayor que con cualquier otro funcionario, dada la trascendencia política que el Gobierno le ha dado a haber "recuperado el ministerio", que durante el macrismo había sido rebajado a la categoría de subsecretaría.

Lo cierto es que bajo el eslogan "Salud es ministerio" y con la irrupción de la pandemia, Ginés se transformó para el kirchnerismo es argumento político en sí mismo: la jerarquización de la salud pública.

Claro que los hechos no siempre coincidieron con esa prédica. Como ha sido destacado hasta el hartazgo por la oposición, Ginés empezó minimizando la probabilidad de que la pandemia llegara a Argentina. Luego hizo recomendaciones contradictorias con las de la Organización Mundial de la Salud, al desaconsejar el uso del barbijo casero, por ejemplo.

El colapso evitado y la batalla que viene

Pero la mayor batalla de la opinión pública fue la defensa de la cuarentena estricta. Un informe de abril advertía que si no se adoptaba el aislamiento, Argentina sufriría el destino de los países europeos más castigados y podría llegar a los 20.000 muertos.

La estadística es elocuente respecto de cómo le fue al país: se infectaron 1,5 millón de personas, de las cuales murieron 41.000, lo cual pone al país en el ranking de los más afectados por la pandemia.

Y en el medio de esa situación, Ginés hizo reiterados pronósticos erróneos. Por ejemplo, cuando la estadística marcaba 3.000 infecciones por día, el ministro había dicho que se estaba alcanzando el punto de quiebre de la tendencia y que a partir de allí iniciaría el descenso, gracias a las medidas oficiales de aislamiento. Cuando eso no se constató y la famosa "curva" empezó a empinarse, culpó a la población por la proliferación de reuniones y asados.

En el medio de esta situación, los reiterados roces diplomáticos por hacer comparaciones con cantidad de contagios en otros países, las polémicas sobre cómo se realizaban los test a la población, la indignación popular por las restricciones a la circulación -que llegó a su punto máximo en el caso Abigail- y una larga lista de contramarchas y contradicciones.

Hay, sin embargo, un dato que hacia la interna del kirchnerismo es valorado positivamente y que, en definitiva, es lo que ha sostenido a Ginés durante la lucha contra la pandemia: a pesar de las dificultades, el sistema de salud no llegó a un punto de colapso. Y las temidas imágenes vistas en Italia, de gente teniendo que quedarse sin asistencia respiratoria por carencias de infraestructura en terapia intensiva, lograron evitarse.

También ahí puede verse una pista en el reciente discurso de Cristina Kirchner sobre cuál será la prioridad en materia de salud pública, y acaso el tema de lo que dependerá la continuidad de Ginés: en la agenda del Gobierno, se prevé una "reorganización del sistema a nivel nacional".

Y Cristina ya insinuó que no se tratará de una política indolora: como todas las reformas a las que ella le asigna importancia política, implica afectar intereses económicos del sector privado y estar preparado para situaciones conflictivas. Y, al funcionario que esa situación le resulte demasiado estresante, ya sabe la respuesta que le espera: "vayan a buscar otro laburo".