Explota la crisis dentro del Gobierno: Cristina empuja a Alberto a tener que ceder el poder o quedarse solo

Explota la crisis dentro del Gobierno: Cristina empuja a Alberto a tener que ceder el poder o quedarse solo
La renuncia en masa de funcionarios K pretende imponer al Presidente un cambio total de rumbo y de nombres. Sería una virtual intervención del Gobierno
Por Fernando Gutiérrez
15.09.2021 15.44hs Política

Se veía venir. Desde la primera mención a los "funcionarios que no funcionan", pasando por el recordado discurso en el que instó a que "los ministros que tengan miedo que se vayan a buscar otro laburo". Y, luego de conocida la derrota electoral en las PASO, por las declaraciones en cascada de referentes del kirchnerismo sobre la necesidad de implementar cambios profundos, tanto de nombres como de políticas.

Desde Amado Boudou hasta Luis D’Elía, desde Fernanda Vallejos hasta "Coqui" Capitanich, hicieron oír un clamor que sólo podía leerse de una forma: había una orden de Cristina Kirchner para salir en forma coordinada a reclamar los cambios.

La actitud de la gobernadora Alicia Kirchner en Santa Cruz -que le pidió la renuncia a todo su gabinete-, seguida luego por Axel Kicillof, que hizo lo mismo en la provincia de Buenos Aires, no dejaron dudas sobre cómo interpretar el momento.

El kirchnerismo decidió que llegó la hora de intervenir el Gobierno. La renuncia del ministro del Interior, Eduardo de Pedro, junto a la plana mayor de funcionarios K, se produjo luego de que el Presidente apareciera -casi como un gesto de ratificación y apoyo- en actos públicos junto al jefe de gabinete, Santiago Cafiero, y al ministro de Economía, Martín Guzmán.

La carta de renuncia de De Pedro tiene una referencia casi irónica, al justificar su actitud en el discurso del propio Presidente en la noche de las PASO. "Escuchando sus palabras del domingo por la noche, donde planteó la necesidad de interpretar el veredicto que ha expresado el pueblo argentino, he considerado que la mejor manera de colaborar con esa tarea es poniendo mi renuncia a su disposición", afirma la misiva.

La disyuntiva de hierro de Alberto

El mensaje al Presidente es claro: los kirchneristas están dispuestos a quedar fuera de la coalición del Gobierno -en otras palabras, a retirarle su apoyo político a Alberto Fernández- si no hay una prueba concreta de corrección del rumbo. Y lo que se espera es que los demás ministros imiten el gesto de los funcionarios kirchneristas.

Esta situación pone al Presidente en una disyuntiva delicada. Si acepta el reto y le pide la renuncia al resto del gabinete, dará ante la opinión pública una imagen de debilidad. Él mismo había dicho que no había apuro por hacer cambios de nombres, y además tácitamente había apoyado a Cafiero y Guzmán, con lo cual no habría manera de leer una renuncia masiva que no fuera la de una imposición de Cristina.

Si, por el contrario, Alberto decide respaldar a sus funcionarios de confianza, lo que viene puede ser leído como una fisura interna sin marcha atrás, en la cual el kirchnerismo pasaría casi a convertirse en una fuerza opositora de un Presidente debilitado.

Para colmo, también están llegando señales inquietantes desde la otra pata de la coalición, la del Frente Renovador de Sergio Massa, que está analizando imitar el gesto de los funcionarios kirchneristas.

Massa había estado reunido con Máximo Kirchner luego del resultado electoral, con lo cual se está interpretando en el ámbito político que estaba al tanto -y probablemente compartía- la iniciativa de la renuncia masiva.

Massa no solamente representa la fuerza "moderada" de la coalición, sino que es el interlocutor del sector empresarial y de la embajada estadounidense. Y su nombre había sido mencionado con insistencia como posible nuevo jefe de gabinete o "super ministro" coordinador del área económica.

¿Un giro a la moderación o la radicalización?

Sea cual sea la resolución final de la crisis política interna, hay por lo pronto un primer efecto: el peronismo dejó en claro que salió de su estado "groggy" y que busca una reacción. De momento, está creando agenda, con lo cual se asegura que el tema del gabinete pasará a estar en el centro del debate y de los programas periodísticos, desplazando momentáneamente las dificultades de la economía.

Claro que, en el fondo, todos en el Gobierno saben que la fórmula para dar vuelta un resultado electoral no es cambiar ministros en el Gabinete. La derrota en las zonas más pobres del conurbano requerirá medidas muy concretas y no cambios de nombres que los votantes más afectados por la crisis nunca habían registrado.

Más bien, esta movida responde, en primer lugar, a la necesidad de contener a la propia militancia. Es la respuesta ante el clamor de "hagan algo" que se viene escuchando desde hace tiempo en el núcleo duro del kirchnerismo y que se intensificó tras la elección, cuando se responsabilizó por la derrota a la "tibieza" de Alberto Fernández y sus errores personales en la comunicación.

Ahora, la incógnita reside en saber si este recambio implicará una rectificación del rumbo en un sentido de moderación -si fuera el caso de que Massa y un economista del perfil de Martín Redrado se sumaran a la conducción- o si, por el contrario, si lo que viene es una radicalización.

Los antecedentes históricos de Cristina Kirchner marcan que, ante cada situación de crisis, decidió redoblar su apuesta. No siempre le salió bien, pero es una actitud que está marcada en el ADN kirchnerista.

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