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¿Alberto Fernández puede irse antes de tiempo?: las preocupantes "entrelíneas" de Cristina Kirchner

El paralelismo que insinuó entre el momento actual y el final del gobierno de Alfonsín implica un pronóstico de caos económico y social por el plan del FMI
POLÍTICA - 04 de Abril, 2022

"¡Despabílense, muchachos!". La recordada frase de Cristina Kirchner en su discurso del pasado 10 de diciembre en Plaza de Mayo fue tomada en aquel momento como una chicana a los dirigentes de la Unión Cívica Radical, pero en estas horas quedó en claro quién era el verdadero destinatario de ese mensaje y cuál era la advertencia entrelíneas.

El destinatario era Alberto Fernández. Y el mensaje entrelíneas era que él, al igual que Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, corre el riesgo de tener un final abrupto de su gobierno y tener que abandonar el poder antes de tiempo, como consecuencia de un caos económico y social provocado por el programa acordado con el FMI.

Ya había causado inquietud en el ámbito político la filtración de un pronóstico hecho por Cristina mientras se debatía en el Senado el proyecto de ley para el acuerdo con el organismo internacional. En ese momento, había senadores del Frente para la Victoria que se resistían a votar en contra, porque no querían ser señalados como responsables de un eventual default. Ante lo cual el argumento de la vice para convencerlos de cambiar de actitud era contundente: "Con el Fondo o sin el Fondo, todo va a saltar dentro de un mes".

Y el diagnóstico de Cristina terminó de completarse con otro discurso, el que acaba de pronunciar el sábado 2 de abril, fecha en que la conmemoración de la guerra por las islas Malvinas coincidió con el cumpleaños 63 del presidente Alberto Fernández.

Y la muy comentada mención al regalo del libro "Diario de una temporada en el quinto piso" implica toda una definición sobre el momento político actual -por cierto, poca gente debe hoy estar tan agradecida a CFK como la editorial Edhasa, dado que, por su mención, el libro cuenta con chances se ascender rápidamente a la lista de best-sellers políticos-.

La propia Cristina explicó que el libro de Juan Carlos Torre, ex miembro del equipo económico de Raúl Alfonsín -quien relató desde dentro cómo fue el proceso que llevó al default y la hiperinflación de los años ’80-, conserva "una gran actualidad".

Aunque la líder kirchnerista prefiera no decirlo en forma explícita, sus señales son lo suficientemente claras como para que en el entorno de Alberto Fernández -y también en la oposición y en la cúpula empresarial- se pueda decodificar el mensaje. Ella cree que la magnitud de la crisis económica es grave, que el acuerdo con el FMI no sólo es incumplible, sino que operará como un factor agravante y que se corre un riesgo cierto de estallido social que pueda hasta desestabilizar al propio Gobierno.

El regalo del libro de Torre a Alberto Fernández, todo un diagnóstico político por parte de Cristina Kirchner

Una comparación histórica inquietante

En diciembre, cuando se celebró el aniversario 38 del regreso a la democracia, Cristina recordó cómo Alfonsín, que había recibido una economía endeudada, había sido desestabilizado desde el exterior por el "condicionamiento" que le imponía el FMI. La interpretación histórica de la vice es que fue el organismo internacional el responsable tanto del caótico final del gobierno alfonsinista como de la crisis que llevó a la renuncia de Fernando de la Rúa en 2001.

De ahí el "despabílense", dirigido a la Unión Cívica Radical. Pero también dejaba en claro que su frase no se limitaba a la oposición. "Es hora de que nos despabilemos todos los argentinos", reclamaba la ex mandataria, y mientras Alberto Fernández escuchaba con gesto serio, advertía sobre el peligro de insistir con "políticas de hambre y de ajuste que nunca dieron resultado".

Ya en esa noche surgió por primera vez la mención a la idea de que la deuda fuera pagada por "los que fugaron los dólares". Es decir, el proyecto que finalmente fue concretado con la iniciativa ahora en debate legislativo sobre un fondo creado con el 20% de las cuentas bancarias y activos no declarados que mantienen los argentinos en el exterior.

Luego, a través de sus principales voceros, Cristina hizo saber la alarma que la causaba el hecho de que regresaran las misiones técnicas del FMI, que no sólo implicaban una especie de auditoría y cogobierno, sino que ponían al país "a tiro de default" ante la eventualidad de un incumplimiento de las metas.

La saga continuó con las críticas explícitas al plan anti-inflacionario del Gobierno, al que el kirchnerismo ya le auguró un destino de fracaso, porque se queda a medio camino y no se anima a confrontar con los "poderes concentrados". Para el ala más radicalizada del Frente de Todos, la medida que exige el momento es la suba generalizada de retenciones a la exportación agrícola, justificada en el nuevo escenario global que trajo la guerra de Ucrania.

Y, de la mano de esa crítica, son cada vez menos disimulados los reclamos para que Alberto Fernández dé un golpe de timón, que implique dar espacio al kirchnerismo en la gestión. Lo cual implica la destitución de al menos cuatro ministros que desde hace tiempo están en la mira de Cristina: el canciller Santiago Cafiero, el ministro de Economía, Martín Guzmán, el de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y el de Trabajo, Claudio Moroni.

Claudio Moroni y Martín Guzmán, dos ministros cuyo recambio reclama el kirchnerismo

Funcionarios en la mira de Cristina

A Guzmán no le perdonan el haber "ocultado datos" en la negociación con el FMI y el estar promoviendo de hecho un recorte en los ingresos de salarios y jubilaciones. En los últimos días se llegó a mencionar la posibilidad de que el protegido de Joseph Stiglitz vuelva a Estados Unidos, ya sea como embajador o en un alto cargo de un organismo de crédito.

Moroni ya sufrió en plena cuarentena una operación política para forzarlo a renunciar. Los cuestionamientos del kirchnerismo se centraban en que el ministro beneficiaba con el programa ATP para pagar el salario de grandes empresas que no calificaban para esa situación de emergencia.

Y ahora las críticas recrudecieron por su negativa a una suba salarial por decreto, bajo el argumento de que, con las paritarias funcionando, los salarios le están ganando a la suba de precios.

Sobre Kulfas, la propia Cristina tuvo una mención irónica, cuando aludió al anuncio sobre las metas de exportación de combustibles que hizo el ministro en la presentación del plan Argentina Productiva 2030.

A esos nombres, en las últimas horas se agregaron los del ministro de Agricultura, Julián Domínguez -a quien se le atribuye el haber boicoteado la posibilidad de una suba de retenciones- y el de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, que mantiene una "mano dura" ante el reclamo piquetero que llevó al masivo acampe en la avenida 9 de Julio.

Pronósticos a contramano

Pero el cuestionamiento más duro de todos es hacia el propio Presidente. La mención que acaba de hacer Cristina sobre el libro de Torre trasciende la mera anécdota o chicana discursiva a las que es afecta la vicepresidenta. Implica un pronóstico político que empieza a ser tomado muy en serio en el entorno de Alberto.

Para empezar, el primer mensaje de Cristina, según las versiones que dejan trascender quienes tienen acceso al entorno cercano de la vice, es que Alberto debe abandonar su sueño reeleccionista. Cristina cree que cuanto más se haga explícita esa aspiración, menores serán las chances peronistas en 2023.

Y, en paralelo, todos en la interna toman nota de los guiños cómplices de Cristina hacia Sergio Massa.

La tensión entre el Presidente y Cristina Kirchner se agudizó por el diagnóstico de la vice sobre una profundización de la crisis económica

Pero, sobre todo, el gesto más contundente de Cristina es el de la advertencia sobre una agudización de la crisis económica y social. Lejos de coincidir con el diagnóstico que hizo el ministro Kulfas el día que se dio a conocer el dato de pobreza, el kirchnerismo no cree que a partir de ahora empiece un proceso en el cual todos los años un millón de argentinos dejará de ser pobre.

El diagnóstico es que la inflación se agudizará, en parte por la "inflación importada" y en parte como consecuencia del propio programa del FMI. Cristina cree que el ajuste de las tarifas, la suba de combustibles y el deslizamiento del dólar más rápido que pidió el organismo funcionarán como un aliciente a la suba de precios.

Hace saber, además, su temor a que rápidamente se revelen como incumplibles las metas acordadas con el Fondo y que el organismo exija mayor dureza en el ajuste fiscal y monetario.

Olor a los años ‘80

Curiosamente, ese temor de Cristina coincide con el diagnóstico que hacen los economistas ortodoxos, que no sólo desconfían del pronóstico sobre un crecimiento de 4,5% hecho por Guzmán, sino que ven signos de un enfriamiento en la actividad productiva.

En los últimos días han proliferado los informes de consultoras que advierten sobre las dificultades que se avecinan, ante la necesidad de Guzmán de buscar financiamiento por un monto equivalente a 1,6% del PBI, ante un mercado que estará cada vez más desconfiado a medida que se acerquen las elecciones.

Las advertencias de Cavallo sobre un default de la deuda en pesos, inquietante paralelo con la situación previa a la hiperinflación de 1989

Por si faltaba un complemento para el recuerdo que trajo Cristina sobre los años ’80, en los últimos días Domingo Cavallo alertó sobre el alto riesgo de que haya un default de la deuda interna en pesos. Ese tipo de alarmas hace que el mercado se vuelque cada vez más a la deuda de corto plazo y -en una proporción de 80%- con un "seguro" de ajuste por inflación.

Cavallo fue muchas veces señalado como un factor que aceleró la crisis hiperinflacionaria en 1989, al avisar que el siguiente gobierno no estaría dispuesto a honrar la deuda que emitía Alfonsín.

Lo cierto es que, por más que muchos afirmen que la historia nunca se repite, Alberto Fernández haría bien en aceptar el regalo de Cristina y leer con resaltador el libro de Juan Carlos Torre.

En su diario de aquellos días turbulentos, escribió una frase que sintetizaba la sensación de impotencia: "Regresé a casa deprimido ante la perspectiva muy probable de ver a mis amigos destruidos en el corto plazo por la crisis que avanza, inexorable".

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