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Efecto Groenlandia: ¿mejoran las chances del reclamo argentino sobre la soberanía de Malvinas?

Los argumentos que cuestionan la soberanía danesa sobre Groenlandia guardan similitud con la postura argentina sobre las islas. ¿Es el momento de actuar?
21/01/2026 - 00:22hs
Efecto Groenlandia: ¿mejoran las chances del reclamo argentino sobre la soberanía de Malvinas?

En un escenario global en el que lo que hasta hace poco parecía imposible ahora se debate públicamente, y en el que hasta el concepto de soberanía tal como se la entendía desde la post guerra mundial está siendo relativizado, se vuelve a hablar sobre las islas Malvinas.

En concreto, está empezando un debate sobre si las pretensiones de Donald Trump sobre Groenlandia -y su argumentación sobre por qué Dinamarca no puede reclamar derechos soberanos- podrían eventualmente ayudar al histórico reclamo de Argentina sobre las islas hoy dominadas por Gran Bretaña.

Es un debate que ya empezó en las redes sociales pero que no tardará en pasar al terreno político. Hay quienes ven "una ventana de oportunidad", aprovechando el momento de malas relaciones entre Washington y Londres, para pedir apoyo a Trump sobre Malvinas. Y hay también quienes argumentan que, lejos de ser una situación ventajosa para Argentina, la crisis geopolítica no sólo perjudica su reclamo sobre Malvinas sino que hasta pone en riesgo la soberanía en Tierra del Fuego.

En todo caso, lo que sí genera consenso es que se está asistiendo a un cambio de época. Como dijo el primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro de Davos: "Sabemos que el antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo, la nostalgia no es una estrategia".

El aplaudido discurso del líder canadiense, dirigido a las potencias de tamaño medio, hizo una apelación a "dejar de fingir y llamar las cosas por su nombre". Los analistas interpretaron ese discurso como la aceptación de que la OTAN, la alianza militar entre Estados Unidos y Europa, ya no volverá a ser lo mismo.

Y hasta el premier británico, Keir Starmer, pronunció un duro discurso en el que criticó la suba de tarifas aduaneras impuesta por Trump para castigar a los países que movilizaron tropas en Groenlandia. Y le advirtió al estadounidense que la alianza debe estar basada en la confianza y no en la presión.

El británico fue particularmente claro respecto de que no aceptará el cuestionamiento a los derechos soberanos de Dinamarca sobre Groenlandia. De todas maneras, se mostró comprensivo en el sentido de que, por el cambio climático, que torna más navegable el Ártico, debe replantearse la perspectiva defensiva en esa región.

Trump critica a Gran Bretaña

Las analogías entre Groenlandia y Malvinas surgieron de manera inevitable. ¿Puede inferirse que Starmer estaría dispuesto a aceptar bases estadounidenses en Malvinas siempre que desde la Casa Blanca no se cuestione su soberanía?

En todo caso, el énfasis puesto por el premier británico respecto de su determinación a usar todos los medios para la defensa del interés nacional, deja dudas respecto de si solamente está preocupado por Groenlandia o si teme que Gran Bretaña puede entrar también en el radar de los avances de Trump.

Keimer tiene motivos para desconfiar: un tuit de Trump calificó como "una gran estupidez" la disposición de Gran Bretaña a cederle al estado de Islas Mauricio, en África oriental, la isla Diego García, donde EE.UU. tiene una base militar.

Y le dedicó esta frase amenazante: "No hay duda de que China y Rusia tomaron nota de ese acto de total debilidad. Estas son potencias internacionales que solamente reconocen la fuerza, y ese es el motivo por el cual Estados Unidos ahora, bajo mi liderazgo, es más respetado que nunca". 

El mensaje fue claro: si Gran Bretaña se muestra débil, será tratada como tal. Desde el punto de vista de Londres, puede verse como un incentivo para endurecer su postura sobre Malvinas.

"Un legado colonial"

El inédito distanciamiento con Gran Bretaña no es el único elemento que llamó la atención en Argentina. También es sugestiva la argumentación sobre por qué Estados Unidos no reconoce la soberanía danesa en Groenlandia. "Sus líderes ni siquiera van allí. El hecho de que un barco haya llegado allí hace 500 años no otorga un derecho de propiedad".

Justificó su interés en el hecho de que si Estados Unidos no domina Groenlandia, entonces Rusia o China lo harán. Curiosamente, Vladimir Putin dijo que le parecía comprensible que EE.UU. quisiera reforzar su presencia en el polo norte, tanto por motivos de defensa como económicos. Y dijo que no se sentía partícipe de la controversia. Más aun, reconoció derechos históricos estadounidenses sobre Groenlandia, acaso con un mensaje entrelíneas que justifica su propio afán intervencionista en Ucrania y otros ex miembros de la Unión Soviética.

Pero la argumentación más llamativa la dio el ministro de relaciones exteriores ruso: "Groenlandia no es una parte natural de Dinamarca ni de Noruega, es un legado colonial".

En Europa, se tomaron las declaraciones provenientes de Estados Unidos y de Rusia como un aviso de que otros cuestionamientos a la soberanía podrían proseguir. En España, por ejemplo, se teme por la continuidad de las colonias africanas Ceuta y Melilla.

Un giro drástico en el orden internacional

¿Qué significa exactamente que una isla no sea "parte natural" de un país? Desde el punto de vista geográfico, el argumento sería que no forma parte de la misma plataforma continental. Es el argumento que históricamente Argentina planteó sobre Malvinas, pero no todos los países lo toman como válido. Si se aplicara universalmente, España perdería su soberanía sobre las Canarias, por ejemplo.

Es por eso que, además, se aplican criterios históricos y de derecho internacional. En el caso de Groenlandia, hay una declaración del gobierno estadounidense de 1916 que reconoce el derecho de Dinamarca a extender en toda la isla su control político y económico. Sin embargo, Trump afirma que no hay documentos válidos para sostener los derechos daneses, y Putin argumenta que EE.UU. ganó derechos adquiridos por haber establecido bases militares durante la segunda guerra mundial.

Esto es lo que genera el clima de que, como diría el canadiense Carney, "el viejo orden no va a volver".

Es bastante elocuente al respecto la justificación que dio Stephen Miller, asesor de seguridad nacional de Trump: "Dinamarca en un pequeño país con un pequeño ejército. No puede defender Groenlandia. Según todas las leyes que han existido sobre el control territorial durante 500 años, para controlar un territorio hay que ser capaz de defenderlo, mejorarlo y habitarlo. Dinamarca ha fracasado en todas y cada una de estas pruebas".

Y, además, se quejó de que EE.UU. ha "subsidiado" de hecho a Dinamarca en la defensa de Groenlandia.

Para los analistas del derecho internacional, es una situación inédita, que cambia el propio concepto de soberanía: ¿el hecho de que un país sea pequeño y con imposibilidad de frenar militarmente a una potencia lo hace susceptible de perder soberanía sobre un territorio al que se considere "estratégico"? Con ese criterio, decenas de países deberían ceder sus derechos sobre sus islas, tanto en Europa como en América.

¿Llegó el momento de las Malvinas?

En ese escenario confuso, las miradas se posan sobre Malvinas. El Atlántico Sur también es, para Estados Unidos, un lugar estratégico. Y dejó en claro su preocupación por el avance chino con su observatorio científico en la Patagonia. Y la presencia de la general Laura Richardson en Tierra del Fuego hace dos años, acompañada por Milei y con la banda militar entonando la marcha de las Malvinas -"Tras un manto de neblina no las hemos de olvidar"-, dio una pauta de cuál puede ser la estrategia.

En ese momento, ya había analistas que planteaban que una alianza política entre Milei y Trump podría llevar a un acuerdo estratégico entre EE.UU., Argentina, Gran Bretaña y Australia, para garantizar la seguridad en el Atlántico Sur, y que parte de ese acuerdo podría implicar un cambio gradual en la soberanía de las islas.

Hoy, esa posibilidad parece estar fuera de las posibilidades, dada la firme respuesta del premier británico a Trump.

Pero Argentina podría plantear, que, para mantener una línea de coherencia diplomática, Estados Unidos y otras potencias apliquen el mismo argumento que usan para Groenlandia. Es decir, que las islas forman parte de la plataforma marítima argentina, que hay derechos históricos que llegan hasta los tiempos del virreinato y que la presencia inglesa es un resabio colonial.

El politólogo Julio Burdman argumenta: "Starmer no entiende la lógica regional del nuevo ordenamiento mundial. Es por eso que Malvinas y su régimen de soberanía se convierten en un elemento cada vez más relevante de la discusión geopolítica del año 2026".

El economista Darío Epstein -que en la campaña electoral formó parte del equipo de Milei- fue más allá y planteó, a propósito de la cesión de la isla Diego García: "Inglaterra está liberando territorios tomados por la fuerza en su momento. ¿Por qué no nuestras queridas islas?".

Hay planteos algo excéntricos, como el de Federico Domínguez, un economista cercano al gobierno, quien propuso que Argentina, en un gesto similar al de Trump, ofrezca "comprar" las Malvinas. Es un punto que suele genera rechazo, porque si alguien propone comprar algo, tácitamente está reconociendo que la contraparte es la propietaria, algo que va contra la postura diplomática argentina.

Por eso, Domínguez propone que no hay que negociar con el Reino Unido, sino con los isleños. Su idea es que Argentina ofrezca u$s2 millones a cada uno de los 2.000 kelpers que no forman parte de las fuerzas armadas británicas.

¿A quién prefiere Trump?

Pero la mayor parte de los argumentos sobre Malvinas van por el lado geopolítico: aprovechar que los polos ganaron importancia estratégica para las potencias globales y sacar rédito del temor de Trump al dominio chino en el Atlántico Sur.

Claro que no necesariamente ese temor puede motivar a Trump a apoyar la causa argentina. Si lo que prioriza es la capacidad militar en esa zona, no le molestará la continuidad británica en las islas.

O, eventualmente, planteará su intención de contar con una base militar estadounidense, algo que Milei podría llegar a aceptar, pero que eventualmente un futuro gobierno de distinto signo político pueda revertir.

En principio, todo indica que a Trump le da más tranquilidad la bandera británica en las Malvinas antes que tener a Argentina como aliado militar.