Milei lanzará la nueva fase reformista de su gestión y apelará a una alianza con los gobernadores
Lo peor ya pasó, pero la batalla cultural no debe descuidarse, porque el enemigo sigue al acecho: esa es la síntesis del mensaje que dará Javier Milei el próximo domingo al inaugurar la sesión legislativa en el Congreso.
En el auditorio estarán los legisladores de La Libertad Avanza, que expresarán su euforia por haber logrado, por fin, imponer leyes de la agenda libertaria. Y las cámaras de televisión se regodearán, como de costumbre, en las figuras que aparezcan en los palcos, como Karina Milei, Santiago Caputo y otros integrantes de la "mesa chica" del presidente.
Pero lo interesante será la presencia de legisladores y gobernadores provinciales del "peronismo dialoguista", en definitiva el sector que hizo posible que Milei pudiera reponerse de la seguidilla de derrotas parlamentarias del año pasado y que haya quedado en una inédita situación de control del Congreso.
Por eso, la parte políticamente más fuerte del discurso estará dedicada a las reformas "federales", principalmente al nuevo sistema tributario y de relacionamiento fiscal entre la Casa Rosada y las provincias.
No es, por cierto, un tema novedoso, sino que ya había formado parte de los dos mensajes anteriores: el discurso de 2024, cuando planteó el Pacto de Mayo, y luego en 2025, cuando pidió apoyo legislativo para votar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y prometió un nuevo trato con las provincias que se mostraran colaborativas.
Pacto federal y baja de impuestos
Ante la casi segura presencia de los gobernadores más allegados, Milei retomará su idea de un nuevo sistema federal, inspirado en el régimen tributario de Estados Unidos, en el que cada provincia cuente con una mayor autonomía para la recaudación y dependa menos de la discrecionalidad de las transferencias del gobierno central.
Pero la contraparte de esa reforma será el pedido del compromiso para avanzar a la eliminación de lo que el gobierno considera como gravámenes distorsivos, como el impuesto a los Ingresos Brutos y las tasas municipales, temas que están en el centro de las quejas de las pymes del interior.
Desde ya que no será un tema de fácil negociación, porque esos impuestos son, en varias provincias, lo que asegura la liquidez suficiente como para cubrir los gastos corrientes, como ya quedó demostrado el año pasado durante la pulseada por los Adelantos del Tesoro Nacional y este año en la negociación por el recorte del impuesto a las Ganancias de grandes empresas.
En los últimos meses quedó clara la estrategia del gobierno, que elogia públicamente a los gobernadores que anuncian recortes impositivos -como el caso de Neuquén, Entre Ríos, Chubut o Córdoba-.
Claro que los gobernadores no viven de los elogios, por lo que esas provincias han sido beneficiadas, ya sea con el impulso para la radicación de inversiones o por la concreción de obras públicas mediante el plan nacional de concesiones para la red vial.
En cuanto a las transferencias no automáticas -es decir, las que no son coparticipables sino que dependen de la firma de Toto Caputo-, el último trimestre de 2025 muestra notables diferencias entre las provincias. Así, Buenos Aires recibió en términos reales un 1,9% menos que un año atrás, mientras que otras tuvieron un alza superior al 100%, como Chaco, Catamarca y San Luis.
Chicanas listas para el debate industrial
El nuevo marco impositivo implica dar satisfacción a reclamos de larga data, como la eliminación del impuesto al cheque y a las retenciones a la exportación. Claro que es difícil que estas medidas se apliquen de manera instantánea: la recaudación por estos impuestos significó, respectivamente, un 7,6% y un 4% de los ingresos fiscales del año pasado.
Es decir, el mensaje implicará el rumbo del alivio progresivo en la carga tributaria, dado que de otra manera se pondría en riesgo el equilibrio fiscal, principal pilar de la política económica.
Pero Milei necesita dar el mensaje de la vocación por el recorte de impuestos, sobre todo en este momento en el que el gobierno está bajo la acusación de inducir una crisis de empleo, ante la dificultad de la industria argentina para competir con los productos chinos -a los que los empresarios acusan de vender a precio de dumping-.
En el ámbito político se prevé que ese sea uno de los temas fuertes del mensaje presidencial, que está abocado a desmentir la idea de que el país ya esté en una situación de "estanflación" con pérdida de empleo.
Para ello, el presidente tiene a mano algunas estadísticas favorables, como la reciente publicación del EMAE -que confirmó el crecimiento de 4,4% en la actividad- y las cifras de empleo, que marcan una desocupación en un relativamente bajo nivel de 6,3% en el tercer trimestre de 2025, el último censado por el Indec.
Pero, sobre todo, tendrá argumentos para responderles a las previsibles chicanas de la bancada peronista. Como él mismo adelantó, en la "batalla cultural" contra los empresarios que reclaman protección, ha sido favorecido por "las contribuciones enormes que han hecho Don Chatarrín de losTubitos Caros, Don Gomita Alumínica y el Señor Lengua Floja".
Las referencias a Paolo Rocca, CEO de Techint, a Javier Madanes Quintanilla, líder de Fate y Aluar, y a Roberto Méndez, director de la cadena de neumáticos Neumen, tienen el objetivo de mencionar otra vez el "principio de revelación". En este caso, para que lo que la oposición califica como "industricidio" sea vista como la eliminación de privilegios empresarios que encarecían el consumo interno.
Ratificación del presupuesto "base cero"
Claro que la promesa de un alivio impositivo implica, necesariamente, la ratificación de otro lema libertario: el de la vigencia de la "motosierra". Dadas las dificultades para equilibrar las cuentas mediante la recaudación tributaria -que lleva seis meses consecutivos de caída-, sigue siendo necesario el recorte del gasto público.
El principal rubro candidato a sufrir ese recorte es el de los subsidios económicos, algo que ya se está percibiendo con los aumentos de tarifas en los servicios públicos. Pero también habrá revisiones en rubros como el gasto de personal del Estado, uno de los de mayor peso en el presupuesto nacional.
Por eso, se espera que Milei ratifique en su discurso lo que había anunciado en septiembre pasado en cadena televisiva: que el gobierno mantendrá a rajatabla la regla del presupuesto con déficit cero.
Eso implica que, ante cada aprobación de un incremento en el gasto por parte del Congreso, se deberá especificar qué rubro se recorta para compensar, sin que esté permitida la aprobación de nuevos impuestos.
La vigencia del "riesgo kuka"
En definitiva, el mensaje político que dejará Milei es el de la nueva etapa de su gestión, en la que, tras salir de la incómoda situación de minoría parlamentaria en la que se encontraba hasta el año pasado, ya puede avanzar con una ambiciosa agenda reformista.
En los últimos días, el jefe de gabinete, Manuel Adorni, adelantó que hay sobre la mesa 50 proyectos de ley, que van desde políticas de salud hasta un nuevo código penal, pasando por una reforma electoral y por el avance en acuerdos comerciales.
La intención de Milei es que, en una especie de espejo con lo que le ocurrió el año pasado -cuando en pocas semanas la oposición le impuso reformas jubilatorias, de financiación universitaria, de política de discapacidad y otras que el gobierno calificaba como un atentado al equilibrio fiscal-, ahora haya una andanada de proyectos oficialistas.
Milei no dudó en calificar aquella ofensiva opositora como la causante de la dolarización de los ahorristas argentinos y de la disparada en el índice de riesgo país. Y ahora, el argumento es el mismo: sin ir más lejos, tras la colocación de un bono en dólares a una tasa menor al 6%, el presidente argumentó que el "verdadero" riesgo país es de 230 puntos -la diferencia entre esa tasa y la de los bonos estadounidenses-. Y que si Argentina sigue teniendo un riesgo superior a 500 puntos no es por otra cosa que por el "riesgo kuka".