El Gobierno prepara mega proyecto para eliminar las PASO, pero enfrenta un duro desafío
En medio de los remezones económicos y las denuncias por corrupción, el presidente Javier Milei volvió a una de sus obsesiones electorales: eliminar las PASO en las elecciones presidenciales de 2027, pero por ahora no tiene los 129 votos necesarios en el Congreso.
El objetivo es dificultar la construcción de frentes amplios de centro que contengan al electorado moderado y empujar a la oposición a una fragmentación funcional a una nueva polarización entre La Libertad Avanza y el peronismo.
Javier Milei quiere eliminar las PASO y afianzar la grieta con el peronismo
En buen romance, reeditar la habitual estratégica de campaña que aconseja el propagantista electoral de cabecera Santiago Caputo: "Nosotros o los kukas".
Esa fórmula le sirvió a Milei para forzar un balotaje y ganar en 2023 y resultó providencial en las legislativas de 2025. Según pudo saber iProfesional de fuentes oficiales, el oficialismo pretende estirar esa polarización hasta lo máximo.
El problema de Milei es más aritmético que filosófico o económico. Para modificar la ley electoral hace falta la mayoría absoluta de los votos del total de los miembros de cada cámara y no sólo de los presentes en la votación.
Esto implica un piso de 129 votos en Diputados y de 37 senadores en la Cámara alta. Ese escenario, según admiten en despachos oficialistas, es difícil de conseguir. En las filas opositoras son tajantes: no habrá votos.
"Por ahora el Gobierno no tiene el número suficiente", reconoció una fuente con acceso al poroteo fino. La insistencia del oficialismo tiene lógica política. Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) permiten que distintos espacios confluyan en frentes electorales y ordenen sus candidaturas en una instancia previa, lo que suele derivar en ofertas más competitivas.
Esto es lo que ocurrió con Mauricio Macri en 2015: cuando la oposicion parecía fragmentada entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, la entonces diputada Elisa Carrió propuso armar un frente donde cada partido presentara un candidato para unificar la oferta electoral en las presidenciales y asi ganó Macri.
Eso es exactamente lo que Milei quiere evitar de cara a 2027, cuando se espera que los sectores de centro —ni libertarios ni peronistas— intenten construir una alternativa con volumen propio como insinúan sectores el PRO, la UCR, la Coalición Cívica y otros partidos de centro.
En la Casa Rosada, sin embargo, prefieren envolver la discusión en una discusión fiscalista. Argumentan que eliminar las PASO permitiría "ahorrar recursos y no molestar a la gente". Un argumento que pierde algo de fuerza si se considera que la boleta única de papel ya redujo significativamente los costos, al eliminar uno de los principales gastos del sistema: la impresión masiva de boletas, con un padrón de boletas por cada precandidato en las PASO y dos padrones por cada candidato en las generales.
Las claves del ambicioso proyecto que el Gobierno enviará al Congreso
Aun así, el Poder Ejecutivo avanza con un proyecto de reforma electoral más ambicioso que la simple supresión de las primarias. El paquete incluye:
- La eliminación de partidos minoritarios que no alcancen determinados pisos de votos, para desalentar lo que en el oficialismo llaman el negocio de las "pymes electorales", que se presentan en las elecciones con el solo fin de gestionar recursos del Estado.
- El endurecimiento de los requisitos para crear y sostener partidos: más afiliados (hoy el mínimo ronda los 4.000) y mayor presencia territorial (pasar de cinco a diez distritos para obtener reconocimiento nacional).
- Cambios en las causales de caducidad, elevando los umbrales actuales.
- La eliminación del financiamiento estatal para campañas, en nombre del ajuste fiscal.
- La flexibilización —o directamente eliminación— de los topes a los aportes privados, un terreno donde el oficialismo se siente más cómodo que el resto.
- La incorporación en la boleta única de un casillero de "lista completa", para desalentar el corte de boleta y facilitar votos en bloque.
La paradoja es conocida en política: varias de las estructuras que ahora se buscan limitar fueron clave para el armado electoral de Milei en 2023.
También circuló en los pasillos oficiales la idea de adelantar las elecciones si se lograba eliminar las PASO, con fechas posibles en mayo o agosto. Pero esa alternativa fue rápidamente descartada: modificar el calendario electoral implicaría reformar la Constitución, un trámite bastante más complejo que reunir 129 voluntades en Diputados.
Sin votos en el Congreso: la postura del PRO, la UCR y Unión por la Patria
El principal obstáculo del Gobierno no está en la oposición dura, sino en sus aliados. Tanto el PRO como la UCR ya dejaron trascender que no están dispuestos a acompañar la eliminación de las primarias en este contexto. "No vimos ningún proyecto y hay otros quilombos más urgentes", resumió, sin rodeos, un diputado macrista. Cerca de Cristian Ritondo también enfriaron expectativas: no hay voluntad política de avanzar.
Desde el radicalismo, Pablo Juliano fue igual de explícito: "No lo veo. Están envalentonados, pero habrá que ver después de la visita de Adorni al Congreso". La referencia no es menor: la agenda económica, la recesión, la inflación y los casos de presunta corrupción —incluido el que salpica al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, hoy concentran la atención política y el próximo 29 de abril tendrá que hacer su informe mensual en el Congreso.
En Unión por la Patria miran la jugada con pragmatismo. "Va a depender del PRO y la UCR. Necesitan sí o sí 129 votos", señalan cerca de Germán Martínez, el jefe del bloque del peronismo. Y admiten, sin eufemismos, que nadie quiere desprenderse de una herramienta que permite ordenar internas: "Todos quieren tenerla disponible, después se verá si se usa o no". En el peronismo, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, emerge como el principal candidato presidencial, pero también podrían surgir otros como el senador Sergio Uñac, el gobernador salteño, Gustavo Sáenz, y el gobernador riojano, Ricardo Quinteal, o alguno de ellos negociar el segundo lugar en la fórmula.
Desde otros sectores de la oposición, el diagnóstico es similar. El socialista Esteban Paulón lo sintetizó así: la mayoría no está de acuerdo porque las PASO funcionan como mecanismo de negociación y construcción de coaliciones. "Es muy difícil pensar que las van a eliminar", advirtió.
En el oficialismo, de todos modos, no descartan apelar a su conocida capacidad de persuasión sobre gobernadores y bloques provinciales. "Tienen número para todo, están bajando plata por cada votación", deslizó una fuente con tono entre descriptivo y resignado, del sector opositor parlamentario.
Por ahora, el proyecto está en redacción final y el Gobierno promete enviarlo en su versión más ambiciosa. Después, como admiten incluso los propios libertarios, vendrá la parte más compleja: la negociación política. O, dicho en términos menos elegantes, la prueba de que en el Congreso la motosierra no siempre alcanza.