Keiko Fujimori es la nueva presidenta de Perú: terminó el escrutinio a tres semanas del balotaje
Keiko Sofía Fujimori Higuchi es la nueva presidenta de Perú. La candidata de Fuerza Popular, de 50 años, ganó la segunda vuelta presidencial por apenas 49.641 votos de diferencia, en lo que representa el cierre de la carrera política más persistente y accidentada de la historia reciente del país.
Cuatro candidaturas. Tres derrotas. Más de 500 días en prisión preventiva. Y un antivoto que durante años pareció un techo insuperable.
El triunfo de Fujimori cierra un ciclo de 15 años en los que intentó llegar al poder una y otra vez, cargando con el peso del apellido de su padre, el expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción.
Con el 100% de las 92.766 actas contabilizadas al 29 de junio de 2026, Fujimori obtuvo 9.223.396 votos, equivalentes al 50,135% de los sufragios válidos. Roberto Sánchez, su rival de Juntos por el Perú, alcanzó 9.173.755 votos, el 49,865% del total.
Es la tercera elección presidencial consecutiva en Perú que se decide por menos de 50.000 votos. Un margen que refleja la polarización extrema del país andino.
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamará oficialmente los resultados el viernes 3 de julio. Fujimori será declarada presidenta electa en ese acto. El 15 de julio recibirá las credenciales. Y el 28 de julio será investida presidenta en el Parlamento, coincidiendo con el día nacional de Perú.
Roberto Sánchez denunció fraude sin pruebas y anunció que no reconocerá el resultado
El escenario político peruano quedó tensionado desde el primer minuto. Sánchez, que participó en estos comicios en nombre del encarcelado expresidente Pedro Castillo, rechazó su derrota apenas se conocieron los resultados.
Denunció sin pruebas un supuesto fraude en la votación en el exterior. Solicitó anular esos votos sin éxito, argumentando que de hacerlo él sería el ganador, ya que fue el más votado dentro del territorio nacional.
La negativa a reconocer a Fujimori como presidenta legítima abre un interrogante sobre la gobernabilidad del próximo gobierno. Perú arrastra una década de inestabilidad política con ocho presidentes en diez años, la mayoría destituidos por el Parlamento.
El triunfo de Fujimori le permitirá gobernar el país durante los próximos cinco años (2026-2031), en un contexto donde el fujimorismo regresa al poder después de veinticinco años desde que su padre dimitiera por fax desde Japón, tras el estallido de un gigantesco escándalo de corrupción.
La elección más compleja de la historia: 35 candidatos y una dispersión récord del voto
Fujimori se alzó con el triunfo en la elección presidencial más fragmentada que registra Perú. Un total de 35 candidatos se presentaron en la primera vuelta del 12 de abril, lo que provocó una dispersión extrema del voto.
Ella fue la más votada con apenas el 17,19% de los sufragios. Sánchez quedó segundo con el 12,03%. Ningún candidato logró siquiera acercarse al 20% del electorado.
Esa fragmentación actuó a favor de Fujimori. En 2021 había pasado a la segunda vuelta con solo el 13% en primera ronda. Esta vez mejoró, pero el número sigue reflejando una base electoral consolidada pero limitada.
La segunda vuelta, en cambio, se convirtió en un plebiscito sobre el fujimorismo. Y esta vez, el antivoto no alcanzó para frenarla.
Cuatro intentos, tres derrotas: el largo camino al poder de Keiko Fujimori
La historia política de Fujimori comenzó antes de que cumpliera 20 años. En 1994, con solo 19 años, asumió el rol de primera dama de la Nación tras la separación de sus padres, Alberto Fujimori y Susana Higuchi.
Esa exposición temprana al poder moldeó su vocación política. Pero también le heredó el peso más difícil de cargar: el apellido de un expresidente condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción.
Su primera candidatura presidencial llegó en 2011, con solo 36 años —uno más del mínimo requerido—, bajo la bandera de Fuerza 2011. Pasó a la segunda vuelta con el 23,5% de los votos. Pero el escritor Mario Vargas Llosa apoyó en el último tramo a su rival, el nacionalista Ollanta Humala, quien la derrotó con el 51,49% frente al 48,51%. La diferencia fue de poco más de 447.000 votos.
En 2016 llegó como favorita. Obtuvo el 39,9% en la primera vuelta, una ventaja que parecía incontestable. Pero el antifujimorismo se movilizó con una intensidad que nadie había previsto. El banquero conservador Pedro Pablo Kuczynski la derrotó por apenas 41.000 votos. Fue la derrota que más le dolió. La que, según quienes la conocen, nunca terminó de digerir.
En 2021 llegó en el peor momento posible. Las encuestas la situaban en el sexto lugar antes de la primera vuelta. El escándalo del caso Cócteles, los tres períodos de prisión preventiva y el desgaste de Fuerza Popular en el Congreso habían erosionado su base.
Sin embargo, la fragmentación del voto conservador actuó en su favor: obtuvo apenas el 13% en la primera vuelta, pero fue suficiente para pasar al balotaje, donde perdió ante Pedro Castillo por un margen de décimas en una de las noches electorales más tensas de la historia peruana.
El antivoto que por fin no alcanzó para frenarla
Durante años, el concepto de "antivoto" definió la carrera de Fujimori tanto como sus propias propuestas. Era el techo invisible: podía crecer hasta cierto punto, pero el rechazo transversal a su candidatura siempre terminaba por movilizar a votantes que de otro modo se habrían quedado en casa.
Ese antivoto estaba alimentado por la memoria de los años noventa. Por las violaciones a los derechos humanos del gobierno de su padre. Por los juicios por lavado de activos. Por el desgaste de Fuerza Popular en el Congreso, donde impulsó varias de las destituciones presidenciales que marcaron la última década.
Para 2026, expertos y analistas electorales coincidieron en que Fujimori había logrado reducir ese antivoto a niveles mínimos históricos. Dos hechos fueron clave.
Primero: la muerte de Alberto Fujimori en 2023 cerró un capítulo que había mantenido abierta la herida del fujimorismo en la memoria colectiva.
Segundo: el archivo del caso Cócteles, ordenado en enero de 2026 por el Décimo Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional en cumplimiento de una sentencia del Tribunal Constitucional. La sentencia determinó que los aportes de campaña recibidos antes de 2016 no podían ser calificados como lavado de activos. Eso liberó a Fujimori de la presión judicial que había marcado sus campañas anteriores.
En la primera vuelta del 12 de abril obtuvo el 17,18% de los votos válidos, el resultado más alto de todos los candidatos. Ese número confirmó que su base electoral se había consolidado. Y que el antivoto, aunque presente, no tenía ya la fuerza de 2016 o 2021.
Ahora, con el triunfo en mano, Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú con el desafío de gobernar un país fragmentado, con un rival que no la reconoce y con el peso de un apellido que sigue dividiendo a los peruanos.