El mercado ya votó por Bolsonaro y la City palpita un "efecto contagio" en Argentina

Si se concreta un triunfo opositor en Brasil, se proyecta una apreciación del real y una suba de las acciones, con efecto sobre la economía argentina
El mercado ya votó por Bolsonaro y la City palpita un "efecto contagio" en Argentina

Javier Milei no es el único argentino que siente que su futuro personal está ligado al resultado electoral de Brasil este domingo: muchos argentinos han apostado, directa o indirectamente, a un repunte de la economía del principal país socio de Argentina.

Y, hablando claro, eso implica una apuesta por el triunfo de Flavio Bolsonaro sobre el presidente Lula da Silva. Los mercados ya votaron hace rato, como lo demuestra el hecho de que cada vez que se difunden datos que mejoran las perspectivas del candidato opositor, mejoran los indicadores.

Una prueba contundente de ello fue lo ocurrido tras la primera vuelta, cuando el sorpresivo triunfo bolsonarista hizo que la bolsa paulista saltara un 7,8% en un día, generando un "efecto contagio" sobre las acciones argentinas que cotizan en Buenos Aires y en Wall Street, e incluso mejorando la cotización de los alicaídos bonos de deuda soberana.

Las últimas encuestas marcan un recorte de la diferencia entre ambos contendientes, con no más de dos puntos de ventaja de Bolsonaro sobre Lula, lo cual implica un empate técnico. Pero los brasileños se acostumbraron a prestarle más atención al mercado de apuestas que a los sondeos tradicionales, que se equivocaron feo en la primera vuelta. Y hasta la noche del viernes, las apuestas en PolyMartket -con un volumen cercano a u$s200 millones- marcaron un 74% para el líder opositor frente al 26% de Lula.

Acompañando esas expectativas, el índice bursátil Bovespa tuvo una recuperación hasta el nivel de 205 puntos, prácticamente el mismo del lunes posterior a la primera vuelta. Y, lo más llamativo, la paridad cambiaria pasó a 4,98 reales por dólar, cuando hace una semana se encontraba en 5,10 y el viernes previo a la primera vuela tocaba 5,22.

Estos movimientos han sido interpretados por los analistas como un adelantamiento que está haciendo el mercado a una probable victoria opositora. El fundamento del análisis es la expectativa de una política orientada al equilibrio fiscal y una disminución de la presión impositiva en caso de que Bolsonaro llegue al Palacio de Planalto. Y el reflejo de ese cambio de escenario sería un fuerte flujo de entrada de capitales desde el exterior.

Para ponerlo en números, los informes de bancos de inversión que circularon en las últimas semanas prevén una devaluación a 5,8 reales si ganaba el oficialista PT, mientras que la cotización podría caer hasta 4,5 reales en caso de un triunfo opositor.

Apuestas financieras y productivas

Para quienes miran la elección brasileña desde Argentina, esta situación podría tener el impacto cercano a una elección local. En el plano financiero, muchos operadores incluyeron acciones brasileñas en su portafolios y esperan una fuerte ganancia.

Uno de los activos financieros más comprados es el fondo EWZ -que replica el rendimiento de las principales compañías cotizantes en el mercado brasileño-, y que tiene un potencial de crecimiento de 12% a corto plazo si se impone Bolsonaro, según prevén los principales analistas. Por lo pronto, tras la primera vuelta, la cotización de ese fondo saltó desde u$s38 a u$s43 dólares, y podría superar los u$s47 en caso de que se concrete un resultado favorable a la oposición.

Un eventual triunfo bolsonarista no solamente beneficiaría a quienes están "comprados" en activos brasileños, sino también a quienes tienen acciones argentinas, sobre las cuales se espera un nuevo efecto contagio.

Pero también en la economía real hay expectativas. Después de todo, la estadística marca que el crecimiento del PBI brasileño tiene un efecto de tracción sobre la economía argentina, que históricamente se estima en una relación de un punto de crecimiento por cada tres puntos que crece Brasil.

Es un típico efecto de arrastre, generado por la estrecha vinculación de ambos mercados. Brasil sigue siendo el primer destino de las exportaciones argentinas, como preponderancia de productos industrializados, como los automóviles. En los primeros nueve meses del año, había comprado por u$s9.789 millones. El saldo es favorable para el país vecino, dado que las importaciones sumaron u$s12.005 millones, lo que hace que Brasil sea, después de China, el segundo origen de las compras.

Para algunos sectores, como el automotor, la salud de la demanda interna brasileña es una variable fundamental: uno de cada tres autos que se fabrican en Argentina tiene como destino el mercado del país vecino -más de 120.000 vehículos en lo que va del año-.

Esperando la devaluación indirecta

Además, hay un efecto indirecto provocado por el tipo de cambio. Si se cumple la proyección de los economistas, y el real se aprecia, entonces eso supondrá una oxigenación del aparato industrial argentino, porque le traerá una mejora de competitividad: un real más caro torna instantáneamente más baratas la producción argentina para el mercado brasileño, mientras que encarece los productos del país vecino que compiten con la industria local.

En otras palabras, cuando la moneda brasileña se aprecia, trae un efecto similar al de una devaluación argentina, pero sin el temido arrastre hacia los precios. Si la paridad en Brasil fuera efectivamente hasta el nivel de 4,5 reales por dólar, para buena parte de la economía argentina sería el equivalente de que el dólar pasara a $1.700.

Por otra parte, la producción agrícola brasileña -líder mundial en varios commodities, como la soja- vería una reducción del margen de rentabilidad, lo cual podría presionar al alza los precios en el mercado global, con un beneficio indirecto para el campo argentino. Por lo pronto, el lunes post electoral, el precio de la soja en el mercado de Chicago tuvo un empuje alcista de 1,5%.

Todos los ojos sobre la tasa

Pero el tema cambiario no es el único impacto previsto ante el probable recambio de signo político en Brasilia. También -y un tema al que los brasileños le asignan más importancia- se espera una caída en la tasa de interés de referencia.

La contracara de la relativa estabilidad del tipo de cambio en Brasil es la volatilidad de la tasa, que sube en la medida en que se deteriora la situación fiscal. Durante este periodo de gobierno de Lula, todos los años se registró déficit primario -el pico fue en 2023, con un rojo de 2,3% del PBI-, mientras que en términos financieros -es decir, tras el pago de intereses de deuda-, el déficit se ha ubicado por encima del 8% del PBI.

Fue en ese contexto que la tasa llegó a tocar un 15%, un nivel real muy elevado para un país con una inflación anual de 4,2%. El antecedente histórico reciente marca una caída abrupta cuando Jair Bolsonaro fue electo en 2018, con un mínimo de 2% para incentivar la inversión tras la pandemia. Al finalizar el ciclo contractivo, la tasa volvió a subir, en un movimiento que se aceleró con el regreso del PT al poder.

El presidente tuvo, en el inicio del mandato, una tensa disputa con el Banco Central por el nivel de la tasa. El Central aplica un esquema de metas de inflación y, contrariando la voluntad de Lula, reaccionaba ante lo que veía como una presión alcista de los precios.

Actualmente, la tasa se ubica en 13,5%, y los analistas afirman que también en este caso influye el humor político: los fundamentos de la economía serían compatibles con una tasa de 12%, pero hasta la semana previa a la elección, el mercado esperaba una suba hasta el nivel de 14% -lo cual exacerbaba la expectativa de estancamiento económico-.

Los analistas afirman que había una justificación para ese comportamiento del mercado: aunque el presupuesto oficial prevé un 0,5% positivo para el año próximo, fue el propio Lula quien sembró dudas sobre su voluntad de ser más austero con el gasto público. De hecho, una de las frases más comentadas de la campaña fue: "hay que terminar con esa bobada de querer tener siempre superávit".

Luego del resultado de la primera vuelta, el presidente matizó esa actitud y recordó que en su primera presidencia la tónica había sido el superávit fiscal primario. Pero lo cierto es que los inversores ven en el programa de Lula un riesgo de deterioro fiscal, que llevaría a convivir con mayores niveles de tasa.

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