Medirán consumo energético en viviendas de CABA y anticipan impacto en precios de venta y alquiler
La Ciudad de Buenos Aires aprobó esta semana el etiquetado obligatorio de eficiencia energética para todas las viviendas. La medida crea una nueva profesión: etiquetadores habilitados para auditar propiedades y emitir certificados que clasifican los hogares según cuánta energía consumen.
El sistema funciona como el de los electrodomésticos. Una escala de letras, de la A a la G, indicará cuánta energía primaria demanda una propiedad para calefacción, refrigeración, agua caliente e iluminación, informa Andrés Sanguinetti, en el sitio EconomiaSustentable.com.
La Resolución N.º 12/SSAMB/26, publicada el pasado miércoles 6 de mayo en el Boletín Oficial porteño, estableció el procedimiento y creó la Nómina de Etiquetadores de Viviendas de la Ciudad. Es el paso definitivo para que el etiquetado energético deje de ser teoría y se transforme en una variable real del mercado inmobiliario porteño, donde el gasto operativo de un inmueble empezará a pesar tanto como su ubicación o sus metros cuadrados.
Buenos Aires se suma así a provincias como Santa Fe y Salta, que ya implementan este sistema.
Qué es el etiquetado de eficiencia energética y cómo funciona
El Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas (PRONEV) nació en enero de 2023, cuando el gobierno nacional estableció un sistema para clasificar inmuebles según su grado de eficiencia energética.
La norma original creó un aplicativo informático bajo la órbita de la Secretaría de Energía de la Nación. Ese software permite cargar datos de una vivienda y emitir una etiqueta que certifica su nivel de consumo energético.
La resolución nacional invitaba a provincias y a CABA a adherirse. Jorge Macri rubricó esa adhesión hace unos días, poniendo en marcha el sistema en la Ciudad.
De acuerdo con EconomiaSustentable.com, el indicador clave es el Índice de Prestaciones Energéticas (IPE), que se expresa en kWh/m² año. Ese número refleja cuánta energía necesita un inmueble por metro cuadrado al año para funcionar correctamente.
No evalúa el comportamiento del usuario, sino las prestaciones intrínsecas del edificio: aislamiento térmico de paredes y techos, calidad de ventanas, sistemas de climatización y calentamiento de agua y eficiencia de la iluminación.
Quiénes pueden ser etiquetadores de viviendas en CABA
El nuevo registro oficial busca captar profesionales como ingenieros, arquitectos y técnicos que quieran especializarse en auditorías energéticas residenciales.
Para sumarse a esta nueva profesión, los interesados deberán cumplir con un curso habilitante dictado por la Secretaría de Energía, afirma EconomiaSustentable.com. Una vez aprobado, podrán inscribirse en la Nómina de Etiquetadores de Viviendas de la CABA y en el Registro Nacional de Etiquetadores del PRONEV.
Sus tareas consistirán en relevar propiedades, cargar datos en el Aplicativo de Etiquetado de Viviendas (AEV) y emitir el Certificado de Eficiencia Energética (CEE).
Evaluarán cada elemento constructivo: paredes, techos, ventanas, sistemas de calefacción, equipos de refrigeración, calentadores de agua y tipo de iluminación. A través del software unificado, calcularán cuánta energía requiere el inmueble para satisfacer las necesidades de sus habitantes.
Una vez validada la solicitud, se genera la etiqueta de eficiencia energética. Queda establecida la fecha cierta de inicio del plazo de vigencia y el certificado se incorpora en la nómina de etiquetas de viviendas de la Ciudad y en el Registro Nacional.
El etiquetador podrá entonces descargar, imprimir y entregar el documento al propietario o desarrollador solicitante.
Cómo impacta el certificado energético en el precio de las propiedades
Expertos del sector anticipan tres efectos inmediatos en el mercado inmobiliario porteño.
Primero, diferenciación de precios. Un departamento con etiqueta A (máxima eficiencia) tendrá ventaja competitiva sobre uno E o F. El comprador sabrá de antemano que pagará significativamente menos en facturas de servicios, y esa certeza se traducirá en mayor valor de reventa o alquiler.
Segundo, impulso a las reformas. Se espera crecimiento en la demanda de materiales aislantes, doble vidriado hermético (DVH) y sistemas de climatización sustentables. Los propietarios buscarán mejorar su calificación antes de vender o alquilar.
Tercero, hipotecas verdes. La formalización del etiquetado abre la puerta a líneas de crédito con tasas preferenciales para adquirir viviendas certificadas como eficientes.
Según especialistas del sector, el IPE puede establecer diferencias de hasta 300% en el costo de servicios públicos entre una casa mal aislada y una eficiente. Una vivienda con etiqueta A o B se posicionará como activo premium.
"Esta herramienta nos permite dar un salto de calidad en materia ambiental y energética, unificando criterios técnicos en todo el país", señalaron fuentes de la Subsecretaría de Ambiente porteña al sitio EconomiaSustentable.com, tras la publicación de la normativa.
De voluntario a obligatorio: qué viene para el mercado inmobiliario
Por ahora, el sistema comienza con un esquema de adhesión voluntaria. Pero la tendencia global y los antecedentes en otras provincias sugieren que, en el mediano plazo, la etiqueta de eficiencia energética será requisito obligatorio para cualquier operación de compra-venta o alquiler en CABA.
Así funciona hoy en gran parte de Europa.
Para el comprador o inquilino, elimina la "incertidumbre energética". Permite proyectar el costo de mantenimiento mensual antes de firmar el contrato. El gasto operativo de un inmueble dejará de ser una sorpresa desagradable para convertirse en un factor clave de tasación, tan importante como la ubicación o la cantidad de ambientes.
La etiqueta energética dejará de ser un trámite burocrático para transformarse en una especie de DNI ambiental que definirá el valor real de los ladrillos en la Ciudad.
Por qué el etiquetado es clave para la transición energética
La creación de este programa en Buenos Aires es una pieza fundamental de la transición energética. Ataca uno de los sectores de mayor consumo: el residencial.
En las ciudades, los edificios representan el 40% del consumo energético total. Si se logra mejorar la aislación térmica de las viviendas, se reduce la necesidad de "picos" de generación eléctrica en días de calor extremo o frío intenso.
Al demandar menos energía, se reduce la huella de carbono y se aliviana la carga sobre la red eléctrica de la Ciudad. Esto ayuda a prevenir colapsos en días críticos.
El etiquetado incentiva a que las viviendas demanden menos potencia del sistema nacional. Gran parte de la matriz de calefacción en Argentina depende del gas natural. Con hogares mejor etiquetados, es más viable transicionar hacia sistemas de calefacción eléctricos (como bombas de calor) alimentados por energías renovables.
Una vivienda eficiente retiene mejor el calor y requiere equipos más chicos.
Además, el programa de etiquetado suele ser el paso previo para la instalación de energías renovables hogareñas. Una vivienda con etiqueta A o B es candidata ideal para instalar paneles solares fotovoltaicos o termotanques solares.
Al ser ya de por sí eficiente, la energía que produce el usuario alcanza para cubrir un porcentaje mayor de sus necesidades. Incluso puede inyectar excedentes a la red de CABA bajo la Ley de Generación Distribuida.
Cómo cambia el negocio de la construcción con el nuevo sistema
El etiquetado obliga a la industria de la construcción a modernizarse. Impulsa la demanda de ladrillos de hormigón celular, lanas de vidrio de alta densidad y perfiles de PVC con ruptura de puente térmico.
Pero el impacto más profundo se da en la percepción del usuario. La transición energética requiere que el ciudadano deje de ser un consumidor pasivo.
La etiqueta "visibiliza" el recurso. Al ver una letra E en su contrato de alquiler, el ciudadano comprende que su vivienda es parte del problema del cambio climático y empieza a exigir estándares superiores.
Este programa convierte a los edificios de la Ciudad en "unidades activas" de la transición. Dejan de ser meras cajas de cemento que desperdician energía para transformarse en estructuras optimizadas dentro de una red eléctrica más inteligente.
Con el costo de las tarifas en ascenso y la agenda de descarbonización como norte, la etiqueta energética definirá el valor real de las propiedades porteñas.