Costantini desembarca en Uruguay con un megaproyecto que enciende todas las alarmas ambientales
Eduardo Costantini vuelve a los humedales. El fundador de Consultatio impulsa un desarrollo inmobiliario de u$s1.248 millones en los Bañados de Carrasco, un sistema de humedales que forma parte de los corredores ambientales más importantes del área metropolitana de Montevideo.
Según publicó el periodista Andrés Sanguinetti en el sitio EconomíaSustentable.com, el anuncio no sorprendió solo por el volumen de la inversión. Tampoco por la magnitud del emprendimiento que incluirá 3.000 viviendas, comercios, oficinas y servicios.
Lo que generó impacto fue el lugar elegido: un ecosistema considerado estratégico para la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático en Uruguay.
El proyecto demandará 15 años de ejecución. Contempla centros educativos, espacios recreativos y un parque metropolitano sobre 228 hectáreas.
Pero antes de discutir viabilidad económica, el emprendimiento quedó envuelto en otro debate: el ambiental.
Los Bañados de Carrasco no son un terreno cualquiera. Cumplen funciones ecológicas que la ciencia define como indispensables.
Regulan el agua. Conservan especies. Amortiguan el impacto del cambio climático.
Por eso, cualquier propuesta para modificar ese paisaje inevitablemente genera interrogantes que trascienden el negocio inmobiliario.
El antecedente que condiciona la mirada sobre el proyecto
Costantini tiene historia con los humedales. A fines de la década de 1990 revolucionó el mercado argentino con Nordelta, según indicó EconomíaSustentable.
Transformó para siempre el negocio de las urbanizaciones privadas y abrió un modelo que decenas de emprendimientos replicaron después en distintas provincias.
Pero ese mismo proyecto quedó asociado a una controversia que nunca se cerró: el impacto de urbanizar grandes extensiones de tierras bajas y humedales.
La discusión no se apagó con el tiempo. Al contrario, se profundizó a medida que aumentaron las lluvias extremas y crecieron los eventos climáticos.
El consenso científico sobre el valor ambiental de los humedales también avanzó. Y con él, las voces que cuestionan transformar estos ecosistemas.
Los humedales dejaron de ser considerados simples terrenos inundables o improductivos.
Organismos internacionales como la Convención Ramsar, Naciones Unidas y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza los describen como infraestructura natural indispensable.
Amortiguan inundaciones. Retienen agua durante lluvias intensas. Capturan carbono. Filtran contaminantes. Sostienen biodiversidad.
En otras palabras, cumplen gratuitamente funciones que, una vez alteradas, suelen requerir costosas obras de ingeniería para intentar reemplazarlas.
Ese cambio de mirada explica por qué el nuevo emprendimiento de Costantini volvió a instalar una discusión que ya no pertenece solo a ambientalistas.
También forma parte de las políticas de planificación urbana. De las estrategias de adaptación climática. De los análisis económicos sobre el costo de perder servicios ecosistémicos.
Por qué Uruguay enciende las alarmas antes de empezar
La iniciativa despertó reparos incluso antes de iniciar el proceso formal de evaluación ambiental.
Organizaciones vinculadas a la defensa de la costa montevideana y de los humedales advierten sobre el avance sostenido de la urbanización sobre los Bañados de Carrasco.
Su principal preocupación pasa por el cambio de uso del suelo. Y por el efecto acumulativo que pueden tener sucesivos emprendimientos sobre un ecosistema frágil.
En el ámbito académico, investigadores de la Universidad de la República sostienen que cualquier modificación en esa zona debe analizarse con extremo rigor científico
, según indicó EconomíaSustentable.
Pequeñas alteraciones en la dinámica del agua pueden generar consecuencias difíciles de revertir sobre todo el sistema de humedales, alertan los especialistas.
El foco de las críticas no apunta únicamente a la construcción de viviendas.
Está puesto en la transformación del paisaje. En los movimientos de suelo. En los rellenos. En la apertura de calles.
También en la modificación de escurrimientos naturales y el impacto acumulativo que ese tipo de intervenciones puede producir sobre un ecosistema cuya fortaleza es funcionar de manera integrada.
Del otro lado, los desarrolladores sostienen una posición completamente distinta.
Aseguran que la ingeniería ambiental evolucionó lo suficiente como para compatibilizar urbanización y conservación.
Mediante reservorios, corredores biológicos, amplios espacios verdes, obras hidráulicas y estrictos planes de manejo ambiental.
Ese argumento acompañó el desarrollo de Nordelta desde sus inicios. Y es precisamente allí donde comienza el verdadero eje de la discusión.
Se trata del antecedente que condiciona la mirada sobre el proyecto uruguayo, según indicó EconomíaSustentable.
Qué pasó con Nordelta y por qué sigue siendo un caso de estudio
Las organizaciones aseguran que resulta imposible analizar el desembarco de Costantini en los Bañados de Carrasco sin volver sobre la historia de Nordelta.
Ese desarrollo inmobiliario en la zona de Tigre se transformó en uno de los casos más estudiados al debatirse la urbanización de humedales en América Latina.
Cuando comenzó a construirse, a fines de la década de 1990, el foco estuvo puesto casi exclusivamente en la innovación inmobiliaria.
Nordelta introdujo un concepto inédito para el mercado argentino: una ciudad privada con barrios residenciales, colegios, universidades, centros médicos, oficinas, centros comerciales, clubes, marinas y grandes lagunas artificiales.
Desde el punto de vista económico fue un éxito rotundo.
Revalorizó una extensa zona de Tigre. Atrajo inversiones multimillonarias. Se convirtió en un modelo replicado por otros desarrolladores en distintos puntos del país.
Pero, al mismo tiempo, dio origen a una discusión que nunca terminó de cerrarse.
Con el paso de los años, investigadores del CONICET, especialistas en hidrología, geógrafos y organizaciones ambientalistas comenzaron a advertir sobre las consecuencias.
Las urbanizaciones sobre humedales modifican procesos naturales que cumplen un papel fundamental en la regulación del agua, sostienen, según indicó EconomíaSustentable.
Entre las principales observaciones aparecen:
- Los rellenos de tierras bajas
- Las alteraciones en los escurrimientos
- La fragmentación de hábitats
- La pérdida de superficies capaces de absorber excedentes hídricos durante lluvias intensas
Para estos especialistas, el problema no se limita al predio donde se construye un barrio.
Las modificaciones pueden trasladar el riesgo hídrico hacia otras zonas. Y afectar el funcionamiento integral de toda una cuenca.
La Fundación Humedales/Wetlands International alerta sobre la pérdida sostenida de humedales en el Delta del Paraná.
Reclama que cualquier intervención sea evaluada considerando el impacto acumulativo sobre el ecosistema. No únicamente el efecto puntual de cada emprendimiento.
La Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas cuestiona el avance de desarrollos inmobiliarios sobre estos ambientes.
Considera que la alteración de humedales implica una pérdida de servicios ambientales cuya recuperación, en muchos casos, resulta imposible.
Cómo las inundaciones cambiaron el debate
La discusión cobró mayor dimensión a partir de las inundaciones registradas en distintos sectores del área metropolitana de Buenos Aires durante las últimas décadas.
Los especialistas aclaran que estos fenómenos responden a múltiples factores: lluvias extraordinarias, expansión urbana desordenada y deficiencias en la infraestructura.
Sin embargo, varios trabajos científicos sostienen que la reducción de superficies de absorción natural agrava los efectos de esos eventos extremos.
El empresario sostiene que Nordelta fue diseñado respetando las normas vigentes.
Que incorporó importantes obras hidráulicas, lagunas reguladoras, reservorios, corredores biológicos y amplios espacios verdes.
Y que el proyecto fue desarrollado con estudios ambientales y autorizaciones de los organismos competentes.
Desde Consultatio remarcan que el emprendimiento incorporó una serie de criterios de manejo ambiental que fueron evolucionando con el tiempo.
Como el contrapunto nunca encontró una respuesta definitiva, el caso sigue siendo citado cada vez que aparece un nuevo desarrollo sobre humedales.
En especial a partir de la aparición de los carpinchos.
La imagen que recorrió el mundo y expuso el conflicto
Pocas escenas reflejaron mejor ese conflicto que la irrupción de cientos de carpinchos en las calles, jardines y canchas de golf de Nordelta.
Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Rápidamente se transformaron en un fenómeno mediático.
Algunos vecinos denunciaban daños en jardines, accidentes de tránsito o problemas de convivencia.
Numerosos investigadores respondieron a los reclamos con una afirmación contundente: los carpinchos no invadieron Nordelta, fue el emprendimiento el que ocupó el territorio histórico de esos animales.
Más allá del impacto mediático, el episodio volvió a poner sobre la mesa una discusión científica sobre la fragmentación de hábitats.
Y sobre la convivencia entre urbanizaciones y fauna silvestre.
Especialistas en conservación sostienen que cuando un ecosistema pierde continuidad, muchas especies modifican sus patrones de desplazamiento.
Terminan utilizando espacios urbanizados en busca de alimento o refugio.
Para los desarrolladores, en cambio, la presencia de fauna también demuestra que todavía existe biodiversidad.
Y que es posible compatibilizar urbanización y naturaleza mediante planes de manejo adecuados.
Se trata de un desacuerdo que sigue vigente. Que ahora condiciona cualquier análisis sobre el proyecto que Costantini pretende desarrollar en Uruguay.
Como parte de una discusión de fondo que plantea hasta dónde pueden compensarse con obras artificiales las funciones que un humedal presta de manera natural desde hace miles de años.
Qué tiene de distinto el proyecto uruguayo
A diferencia de Nordelta, el proyecto que Costantini impulsa en Uruguay busca mostrar desde el inicio un perfil distinto.
El masterplan contempla la construcción de 3.000 viviendas, locales comerciales, oficinas, espacios educativos, servicios, áreas recreativas y un gran parque metropolitano sobre un predio de 228 hectáreas en los Bañados de Carrasco.
La inversión estimada ronda los u$s1.248 millones. El desarrollo se ejecutaría por etapas durante aproximadamente 15 años.
Los impulsores del emprendimiento sostienen que no se tratará de un barrio cerrado.
Una figura que la normativa uruguaya no admite en esos términos.
Sino de un nuevo sector urbano integrado a Montevideo, con espacios públicos, corredores verdes y áreas destinadas a preservar parte del ecosistema existente.
Según el proyecto presentado, las construcciones se concentrarán fuera de los sectores de mayor sensibilidad ambiental.
Estarán acompañadas por obras hidráulicas, reservorios y corredores ecológicos diseñados para mantener el funcionamiento del humedal.
Y reducir el impacto de la urbanización.
Pero esas promesas todavía deberán superar el filtro más importante.
Qué tiene que pasar para que el proyecto avance
Antes de colocar un solo ladrillo, el emprendimiento deberá atravesar un complejo proceso administrativo y ambiental.
Involucra a la Junta Departamental de Montevideo, que deberá decidir si acepta modificar la categoría de los terrenos.
Actualmente clasificados como suelo rural natural. Un paso indispensable para habilitar cualquier desarrollo urbano de esa magnitud.
Si esa instancia prospera, el proyecto aún deberá obtener las autorizaciones ambientales correspondientes.
Y someterse a estudios técnicos sobre su impacto en el sistema hídrico, la biodiversidad y la dinámica del humedal.
Recién entonces las autoridades uruguayas podrán determinar si las medidas de mitigación propuestas alcanzan para preservar las funciones ecológicas del área.
El resultado será seguido con atención tanto en Uruguay como en Argentina.
Si se recuerda que la discusión local sobre la protección de los humedales lleva más de una década sin encontrar un consenso legislativo.
Los sucesivos proyectos de Ley de Humedales naufragaron entre posiciones enfrentadas de gobiernos provinciales, sectores productivos, desarrolladores inmobiliarios y organizaciones ambientalistas.
Dejando un vacío normativo que sigue alimentando los conflictos.
En ese contexto, para algunos el caso de Costantini representa una oportunidad para demostrar que la planificación urbana y la ingeniería permiten desarrollar proyectos de gran escala sin repetir errores del pasado.
Para otros, confirma que América Latina continúa avanzando sobre ecosistemas cuya conservación será cada vez más valiosa frente al aumento de inundaciones, sequías y eventos climáticos extremos.
Por qué el debate va más allá de la biodiversidad
Distintos estudios impulsados por organismos internacionales muestran algo revelador.
Reemplazar los servicios que brindan naturalmente los humedales mediante infraestructura gris (canales, estaciones de bombeo, defensas o reservorios artificiales) suele implicar inversiones muy superiores al costo de conservar esos ambientes.
Esa mirada está modificando incluso las decisiones de inversión de bancos multilaterales, fondos internacionales y aseguradoras.
Cada vez incorporan con mayor peso los riesgos ambientales y climáticos en el financiamiento de grandes desarrollos urbanos.
Por eso, lo que ocurra en los Bañados de Carrasco podría transformarse en un caso de referencia para toda la región.
Más que nada porque los críticos aseguran que la crisis climática convirtió a los humedales en un activo ambiental estratégico.
Y elevó el nivel de exigencia sobre cualquier intervención en esos territorios.
La decisión final estará condicionada por una pregunta que gana peso en todo el mundo.
Si el crecimiento de las ciudades puede seguir avanzando sobre ecosistemas naturales o si, frente al cambio climático, llegó el momento de aceptar que hay territorios cuyo mayor valor reside, precisamente, en permanecer como están.