Casas impresas en 3D: usan tierra cruda y plástico reciclado para reducir 30% los costos
Nuevas startups introducen la impresión 3D para viviendas, acortando tiempos y reduciendo costos frente a la edificación tradicional en el país
Construir una casa en Argentina es cada vez más costoso y extenso, con presupuestos que pueden quedar desactualizados durante la obra. Frente a esto, la construcción en seco, las casas container, las tiny houses y la impresión 3D aparecen como alternativas que buscan reducir costos y, sobre todo, tiempos.
A nivel global, el mercado de impresión 3D alcanzó los u$s24.800 millones en 2025 y podría llegar a u$s179.800 millones en 2034, con un crecimiento anual del 24%, según el reporte de mercado de impresoras 3D elaborado por Market Data Forecast (actualizado a julio de 2026).
La primera impresora 3D de tierra cruda de Sudamérica
Barrobot3D es un proyecto pionero en la región y uno de los pocos a nivel mundial que utiliza impresión 3D con materiales a base de tierra cruda y aditivos naturales y vegetales.
La tecnología permite principalmente construir viviendas, aunque también puede utilizarse para fabricar piezas arquitectónicas y de uso urbano, como mobiliario exterior, canteros y macetas.
Su funcionamiento es relativamente simple: el diseño de la construcción se carga en la máquina mediante un programa y la impresora sigue las instrucciones para depositar la mezcla capa por capa.
"El principal desafío para aumentar la escala está hoy en la preparación y provisión continua del material ya que hace falta contar con un sistema capaz de producir la mezcla en cantidad suficiente para que la impresora pueda trabajar de manera ininterrumpida", explica Agustín Gore, uno de los creadores del proyecto.
Ahí aparece uno de los próximos pasos del proyecto: invertir en el sistema de preparación de la mezcla para aumentar la capacidad de producción y pasar de prototipos a obras de mayor escala.
Por el momento, todavía no es posible establecer un precio preciso por metro cuadrado. Sin embargo, aseguran que ya lograron avanzar sobre uno de los principales objetivos del proyecto: optimizar los tiempos de obra y reducir la necesidad de mano de obra, utilizando un material de bajo costo similar al empleado en la bioconstrucción.
Además, en la etapa de obra gris -la estructura de la casa- pueden alcanzar una optimización de aproximadamente 30% en tiempo y recursos económicos frente a una construcción convencional.
A esto se suma una de las principales ventajas de la manufactura aditiva: la posibilidad de desarrollar formas y diseños que serían mucho más difíciles de realizar con métodos constructivos tradicionales.
La empresa actualmente está imprimiendo el primer domo de tamaño real y habitable. En paralelo, trabajan en una segunda versión de la máquina, que tendrá mayor libertad de altura y podrá operar sobre terrenos con desniveles. El modelo actual está pensado principalmente para terrenos llanos y viviendas alineadas.
Según explican desde Barrobot, además de las ventajas económicas, la construcción con tierra cruda presenta beneficios vinculados al confort habitacional:
- Ayuda a regular la temperatura y la humedad interior
- Reduce la condensación
- Favorece ambientes con menor presencia de hongos y moho
Uno de los próximos objetivos es conformar un equipo integrado por diseñadores, arquitectos, ingenieros y constructoras para ofrecer un servicio llave en mano. El diseño computacional permite coordinar las distintas especialidades de la obra y, según explican, optimizar el proceso constructivo.
Como referencia, estiman que una vivienda de una planta de 75 m² podría demandar alrededor de un mes de trabajo para completar la obra gris, las instalaciones y las terminaciones.
Impresoras 3D que utilizan plástico reciclado como materia prima
Una empresa argentina está desarrollando impresoras 3D de gran formato para construcción que utilizan plástico reciclado proveniente de residuos y sobrantes generados por este tipo de tecnología como materia prima. Así, la imagen de una casa impresa en 3D, que hasta hace poco parecía parte de una película futurista -o de la icónica casa de Barbie- empieza a tomar una forma concreta y sustentable.
El proyecto busca avanzar hacia un modelo de economía circular, reincorporando materiales que actualmente son descartados y articulando con recuperadores urbanos y empresas especializadas en reciclaje de plásticos.
A diferencia de buena parte de las experiencias de impresión 3D aplicada a la construcción, que utilizan hormigón y aditivos, esta tecnología apunta a incorporar materiales plásticos reciclados en el proceso constructivo.
Los equipos son de fabricación nacional, lo que permite reducir la dependencia de maquinaria importada, facilitar el mantenimiento y disponer de repuestos y soporte técnico local. El valor estimado de estas impresoras se ubica entre u$s250.000 y u$s500.000, según las características y capacidades del equipo.
Casas de hormigón impresas en 3D: el proyecto de Mateo Salvatto
Grondplek, la startup del emprendedor tecnológico Mateo Salvatto es una empresa especializada en impresión 3D de hormigón aplicada a la construcción, que combina ingeniería, tecnología y operación en obra para implementar sistemas avanzados en proyectos reales.
Las impresoras 3D de hormigón permiten levantar paredes directamente a partir de un diseño digital, sin utilizar encofrados tradicionales. En este caso, se trata de equipos operativos que ya están en Argentina y que son capaces de construir la estructura de una vivienda en muy pocos días.
Consultado por iProfesional, Salvatto señaló que las viviendas impresas en 3D ya dejaron atrás la etapa experimental a nivel mundial y que el objetivo es que, para el primer semestre de 2027, esta tecnología se convierta en una alternativa concreta para la construcción de viviendas en Argentina.
La tecnología de impresión 3D permite automatizar actualmente alrededor del 30% de una obra, principalmente lo que se conoce como obra gris, es decir, la construcción de las paredes y la estructura básica de la vivienda.
Según explicó Salvatto, más allá de la obra gris, el resto de la vivienda todavía requiere métodos de construcción tradicionales. Aberturas, instalaciones, apliques, terminaciones, mobiliario y los trabajos necesarios para convertir la estructura en una vivienda completamente habitable se realizan por fuera del proceso de impresión 3D.
Si bien los costos son variables y dependen de factores como la eficiencia del proceso, la ubicación de la obra y las características del proyecto, se estima que el costo puede ubicarse alrededor de un 30% por debajo del de una construcción tradicional, incluso con un producto de características premium.
Por su parte, según las estimaciones de Myriam Heredia, arquitecta, urbanista y consultora en hábitat y vivienda, una construcción convencional puede costar entre u$s900 y u$s1.600 por m², mientras que la impresión 3D puede llevar la estructura a entre u$s300 y u$s600 por m². Un costo que, en el sector público y cuando se trata de viviendas sociales suele ser más alto por las redeterminaciones de precios en base al largo tiempo que demora una construcción convencional.
En cuanto a los tiempos, destaca que esta tecnología introducida en Argentina por GrondPlek puede imprimir hasta 2 metros cúbicos de hormigón por hora. Como referencia, el programa de impresión del muro perimetral de una vivienda de 120 metros cuadrados, desarrollada en una sola planta, demanda exactamente 49 horas de impresión.
"Nuestra empresa se pensó originalmente para resolver el déficit habitacional", cuenta Salvatto. De hecho, esta tecnología se utiliza, sobre todo, para viviendas sociales o casas para estudiantes en distintos lugares de Europa o Estados Unidos.