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Hay tantos escaladores en el Everest que ya son ocho los muertos en una semana

Hay tantos escaladores en el Everest que ya son ocho los muertos en una semana
Más de 300 montañistas trataron de llegar a la cima del Everest en la última semana, pero ocho han muerto tras esperar hasta 12 horas de cola
24.05.2019 15.27hs Recreo

Es de no creer, pero el atasco más alto del mundo está en el Everest. Más de 300 montañistas trataron de llegar a la cima en la última semana, pero ocho han muerto tras esperar hasta 12 horas de cola en zonas cercanas a la cumbre.

A causa de los fuertes vientos que hay sobre el Everest —de 8848 metros de altura— solo unos pocos días son favorables para escalarlo. La ventana óptima se abre por norma general a finales de mayo.

Un escalador indio murió en la montaña la semana pasada. Un profesor irlandés se resbaló y murió de una caída el jueves 16. Una alpinista india y un estadounidense de 55 años perdieron la vida mientras descendían por el lado nepalí el miércoles 22. Un escalador austriaco de 65 años falleció el mismo día por la ruta tibetana, en el lado norte de la montaña.

Finalmente, tres escaladores indios murieron el jueves. Dos de ellos, de 52 y 27 años, tras coronar la cima. El tercero mientras guiaba a sus clientes a la cumbre. Uno de los organizadores de la ruta dijo a la agencia de noticias AFP que el más joven "había estado atrapado en el tránsito más de 12 horas". Murió de agotamiento mientras descendía por el lado nepalí.

Los operadores turísticos esperan que esta temporada supere el récord de escaladores establecido el año pasado, cuando 807 personas llegaron a la cima. Fuentes de BBC News explican que hay que solicitar un permiso para escalar el Everest. El precio de pisar la cima de la montaña más alta del mundo va de 30.000 a 130.000 dólares.

El caso del argentino que sobrevivió

Se trata de Ricardo Birn, un cordobés de 51 años, que debió ser rescatado por un helicóptero cuando había llegado a los 8400 metros del Everest.

Esto fue el miércoles, cuando se produjo una congestión de alpinistas; una larga fila tratando de llegar a la cima. Cuando le faltaban menos de 500 metros para hacer cumbre, Birn no se sentía bien; tosía con sangre y le dolía la zona de las costillas.

En 2017 ya intentó llegar al techo del mundo, pero debió regresar desde los 8700 metros por problemas en un ojo, congelamiento en los dedos del pie e insuficiencia de oxígeno.

"El problema fue que había mucha congestión de gente que los tiempos no eran reales, no era lo que esperaba originalmente. Cuando llegué al balcón quedaban unas tres horas más a la cumbre", dijo Birn a LA NACION desde el hospital de Katmandú donde está internado.

"Miré para arriba y vi las lucecitas y pensé que serían cinco horas para llegar y otras tanta para bajar -agregó- Tosía fuerte y empecé a escupir sangre; los dolores eran muy intensos y pensé que había hecho un neumotorax". Frente a ese panorama, con su sherpa decidieron bajar en unas cinco horas hasta el campo 3.

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