El detalle que Cabito no perdona en un restaurante y los lugares para ir a comer que no fallan
Hay algo satisfactorio en descubrir dónde come un chef en su tiempo libre, aunque el tipo que se levanta temprano para gestionar sus restaurantes y habla de gastronomía con la misma intensidad con la que alguna vez hizo reír a media Argentina en la radio, cene en su casa papa hervida con sal. "Eso me vuelve loco", dice Cabito Massa Alcántara, humorista, publicista, cocinero y hoy empresario gastronómico casi full time. Sin embargo, tiene sus joyitas para cuando sale de casa.
Cabito (56) es, para millones de argentinos, sinónimo de humor y radio. Es el que estuvo en la Rock & Pop, el que co-condujo Basta de Todo junto a Matías Martin, el que se coló en Casados con Hijos, en 6, 7, 8 y más recientemente en Pasaplatos Famosos. Pero desde hace algunos años, Cabito se reinventó como cocinero y empresario gastronómico. Estudió gastronomía a los 40 y hoy dirige junto a sus socios Mondongo & Coliflor, una cantina de barrio contemporánea que recupera los clásicos de la mesa porteña con materias primas de productores nacionales, y su flamante Casa Bellucci, que funciona en un edificio de casi 90 años considerado patrimonio barrial que alguna vez fue fábrica y tienda apícola. Allí conviven pastas caseras, pizzas al molde cocidas a la leña, empanadas fritas y una moscatería que revive el ritual bien porteño de moscato, pizza y fainá. También participa en Haiku, un restaurante de sushi al que le sumaron un omakase llamado Shimada y un listening bar bautizado Mixtape.
iProfesional lo sentó del otro lado del mostrador en modo comensal —ese que él dice activar apenas se sienta en una mesa— para que cuente dónde come, cómo elige, qué lo pone de mal humor en un restaurante y, sobre todo, cuáles son los lugares de Buenos Aires a los que siempre vuelve y todos deberíamos conocer.
"No me alcanza con que la comida sea rica"
La teoría de Cabito sobre salir a comer tiene etimología. "Hay que honrar la palabra restaurant, que viene de restaurar", arranca. Y desde ahí construye una premisa que, si uno la aplica en serio, deja afuera a por lo menos la mitad de los locales de cualquier ciudad: "Tengo que irme mejor de lo que entré, así que no me alcanza solamente con que la comida sea rica. De nada me sirve que la comida sea deliciosa si me atienden mal. Tiene que ser una experiencia total y global para que me sienta bien".
En esa experiencia hay un detalle que, para él, es innegociable: la temperatura del plato. "Me mata cuando la comida me llega fría o tibia. Necesito que el plato llegue caliente a la mesa. Es lo que más observo y lo que más me molesta cuando no sucede", admite.
Entonces, ¿cómo evalúa un restaurante en la primera visita? No pide el plato más caro ni espera la carta de vinos. Mira los vegetales. "La manera que cortan los vegetales, hasta te diría el tomate, es un gran termómetro para evaluar un restaurante", explica. Y suma: "Un omelette o una tortilla de papa, en cuanto a la coloración del huevo, también es un buen punto para darte cuenta en qué tipo de lugar estás".
Cuando Cabito sale a cenar afuera, el delantal de chef lo deja en su cocina y logra convertirse en un comensal cualquiera sin la mirada de experto. "Claro que sí, recontra apago el modo cocinero cuando me siento a comer, me siento a disfrutar". Y después dice: "Es como estar frente a un mago y estar tratando de adivinar el truco de dónde sacó el conejo, por eso creo que hay que disfrutar y dejarse llevar por la experiencia". Aunque reconoce que entiende cuándo algo salió mal y por qué. "Tener un restaurante es como ser el plomero del Titanic, agua te va a entrar seguro, pero hay que tratar de que entre la menor cantidad posible".
Restaurantes que restauran y te hacen volver, según Cabito
Sofisticado o simple. Fine dining o bodegón. Para Cabito la respuesta tiene porcentaje: "70% simple, 30% fine dining en general cuando salgo a comer". Admira la técnica en los grandes restaurantes pero no le perdona cuando la innovación le gana al sabor: "Muchas veces la técnica y la innovación no van de la mano con el sabor. Como al crítico de Ratatouille, me gustan mucho los lugares verdaderos, que no te engaña el look del lugar con lo que te sirven en el plato", dice.
A la hora de pedir, sus prioridades están claras desde el minuto cero. "Soy muy fanático de las entradas, muchas veces voy solo a comer entradas", confiesa. Y la carta de postres, básicamente, no existe para él: "Me gusta más lo salado que lo dulce".
Pero el plato fuerte de la conversación —con perdón del chiste— son sus recomendaciones. Tres lugares con nombre y apellido con los que le agarra "síndrome de abstinencia" si se demora en volver. El primero: Mon Poulet. "Tienen el pollo que hace Christophe Krywonis que es una locura, los buñuelos también, soy muy fanático; tiene un sanguchito de pollo que tiene un cariño, eso me rompe la boca". El segundo: Coronado. "Verlo a Martín Lukesch cocinar es tremendo, me vuelve loco. La propuesta es deliciosa, es todo simple con un escalón arriba del amor y el cariño por el producto". Y el tercero: Hong Kong Style, el restaurante chino de Walter Lui. "Lo de Walter es una locura. Son lugares que me hacen sentir en casa", resume.
Para los que viven en zona norte, Cabito suma dos más: Alo's Bistró y La Sarita, "dos imperdibles". Y cuando se le pregunta qué hace que vuelva una y otra vez a esos lugares, su respuesta es lógica para quien emprende en gastronomía: "Paso un mes sin ir y cuando vuelvo, sigo comiendo con la misma calidad y los platos que repito siempre tienen el mismo sabor, no pierden el rumbo de sus recetas".
En el capítulo de sorpresas recientes, menciona dos: un viaje a Mendoza donde lo deslumbró Chipirón, una propuesta gastronómica especializada en pescados y mariscos del chef Francisco Rosat y el winemaker Ale Vigil, y a su regreso en Buenos Aires a Ajo Negro, restaurante premiado en 2025 por la guía Michelin en la categoría Bib Gourmand, por su buena relación precio-calidad. "La propuesta de Ajo Negro, más la barra y ver cocinar a los cocineros, me gustó, me sorprendió", dice. Y destaca de ambas propuestas algo que, admite, es difícil de encontrar: "Cómo tratan, con qué amor tratan el pescado, que es muy difícil encontrar restaurantes que trabajen bien el pescado y el marisco".
El delivery, en cambio, queda fuera de su universo. "No me gusta. Siempre tengo una opción de cocinarme algo". Si acaso, en un momento de debilidad extrema: "Si pido puedo llegar a pedir como máximo empanadas o pizza, pero nada me gusta en el delivery".
Y entonces llega la confesión final, la que uno guardaba para el final porque sospechaba que iba a ser la mejor. ¿Qué come Cabito en casa, cuando nadie lo ve? "Como guarniciones. Papa y batata, las armo bien condimentadas, me encanta. O papa hervida, un excelente aceite de oliva y sal también me vuelve loco".
Si querés saber dónde come un chef en su tiempo libre y, más precisamente, dónde come Cabito Massa Alcántara, anotá estos nombres: Mon Poulet (Av. Federico Lacroze 1724, CABA), Coronado (Av. Figueroa Alcorta 3415, Museo MALBA, CABA), Hong Kong Style (Montañeses 2574, CABA), Alo's Bistró (Blanco Encalada 2120, Boulogne) y La Sarita (España 506, Vicente López). Para los amantes del pescado y el marisco, Ajo Negro (Av. Córdoba 6237, CABA) y en Mendoza, Chipirón (Ceretti 244, Godoy Cruz). Sus propios restaurantes: Mondongo & Coliflor (Centenera 1698) y Casa Bellucci (Del Barco Centenera 1699), Parque Chacabuco, CABA.