TENÍA 77 AÑOS

Murió el "Indio" Solari: las historias detrás del mito que marcó al rock argentino

Figura emblemática del arte nacional, su obra marcó un antes y un después en la cultura, fusionando sonidos, poesía y compromiso social
Por iProfesional
RECREO - 05 de Junio, 2026

Carlos "Indio" Solari murió a los 77 años. El artista falleció tras años de convivir con Parkinson, enfermedad que había hecho pública en 2016.

Su muerte marca el final de una de las trayectorias más trascendentes de la música argentina. Carlos Alberto Solari lideró primero a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y luego a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

La noticia desató inmediata conmoción entre millones de seguidores. Durante más de cuatro décadas, esos fanáticos acompañaron cada paso de un recorrido artístico que no tuvo comparación en el país.

Con su partida desaparece una de las voces más reconocibles del rock nacional, pero también uno de los personajes más singulares de la cultura argentina contemporánea. Su figura trascendió ampliamente el ámbito musical para convertirse en un fenómeno social, cultural y generacional que pocas veces tuvo equivalentes.

El artista que construyó su leyenda desde el misterio

Nació el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos. Se crió gran parte de su vida en La Plata, donde comenzó a forjar una carrera completamente distinta a la de otros artistas populares.

Mientras el espectáculo avanzaba hacia una exposición cada vez mayor, el Indio eligió el camino contrario. Evitó durante décadas los programas de televisión.

Redujo al mínimo sus apariciones públicas. Concedió pocas entrevistas a lo largo de toda su trayectoria.

Esa decisión alimentó el aura de misterio que rodeó su carrera. Detrás de ese perfil reservado existía un artista profundamente interesado por la literatura, la pintura, el cine y la filosofía.

Sus letras, cargadas de metáforas e imágenes poéticas, terminaron convirtiéndose en objeto de análisis. Periodistas, músicos, académicos y fanáticos las estudiaron como quien interpreta poesía compleja.

"Mis letras no son crípticas. Siempre reflejan la realidad, sólo que contada poéticamente", sostuvo en una reflexión incluida en su libro de memorias Recuerdos que mienten un poco, publicado junto al escritor Marcelo Figueras.

Cómo nació el fenómeno que revolucionó el rock argentino

La historia del Indio quedó inseparablemente ligada a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La banda surgió a mediados de los años setenta en un ambiente artístico alternativo.

Allí convivían la música, el teatro, las performances y las artes visuales. Junto al guitarrista Eduardo "Skay" Beilinson y con el acompañamiento fundamental de Carmen "Negra Poly" Castro, el grupo construyó una identidad propia que terminaría revolucionando el rock argentino.

A partir de discos como Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota, La mosca y la sopa, Lobo suelto, cordero atado y Luzbelito, Los Redondos desarrollaron una convocatoria extraordinaria.

Canciones como "Jijiji", "La bestia pop", "Motorpsico", "Todo un palo", "Mariposa Pontiac" o "Un ángel para tu soledad" pasaron a formar parte del repertorio esencial de la música argentina.

Pero el fenómeno iba mucho más allá de las canciones. Los recitales se transformaron en verdaderas peregrinaciones.

Miles de jóvenes viajaban desde distintos puntos del país para asistir a presentaciones que terminaron adquiriendo características propias de un acontecimiento social. Aquella relación entre artista y público dio origen a una cultura particular que todavía hoy mantiene vigencia.

Mar del Plata: la ciudad que ocupó un lugar especial en la historia redonda

Entre las ciudades que marcaron la trayectoria de Los Redondos aparece Mar del Plata. Entre 1988 y 1999 la banda realizó numerosas presentaciones allí.

Pasaron por escenarios tan diversos como Latex, el Teatro Tronador, Piet Discotheque, Radio City, el Teatro San Martín, GO! —actual GAP—, el Polideportivo Islas Malvinas y el Patinódromo Municipal.

Aquellos recitales dejaron recuerdos imborrables tanto para los seguidores como para el propio Solari. Algunas de esas historias fueron contadas por el músico en su libro de memorias publicado en 2019.

Una de las anécdotas más recordadas tiene que ver con una propuesta que decidió rechazar cuando todavía no tenía vivienda propia. "Una vez me ofrecieron dos departamentos en Mar del Plata a cambio de tocar en una campaña política", recordó.

Rechazó la oferta porque entendía que la libertad artística tenía un valor superior a cualquier beneficio material. Esa decisión refleja una de las características que lo acompañó toda su carrera: nunca negociar sus convicciones por conveniencia económica.

El asado que nunca existió y se volvió leyenda

Otra historia que con el tiempo se volvió legendaria ocurrió durante una presentación en Mar del Plata. En medio de un recital, el Indio bromeó desde el escenario.

Invitó al público a participar de un asado al día siguiente en la casa de Alberto "Pupeto" Mastropasqua, histórico productor de los shows de Los Redondos en la ciudad.

La ocurrencia tuvo consecuencias inesperadas. Según relató años después, varios seguidores se tomaron la invitación en serio y llegaron hasta la vivienda reclamando participar del supuesto encuentro.

"Se habían encargado de averiguar dónde vivía", recordó entre risas. La anécdota ilustra el nivel de conexión que existía entre el artista y su público.

La relación entre Solari y Pupeto trascendió lo laboral. Con los años construyeron una amistad que incluyó numerosos encuentros familiares después de los recitales.

El músico recordaba especialmente los asados organizados por el productor. También mencionaba el famoso lemon pie preparado por Nelly, la esposa de Mastropasqua, al que definía como "el mejor que había probado en su vida".

La única vez que entró a un sector VIP

Entre los recuerdos marplatenses también aparece una escena que ilustra la incomodidad que siempre sintió frente a ciertos ámbitos del espectáculo.

En sus memorias contó que la única vez que ingresó al sector VIP de un boliche fue precisamente después de un recital en Mar del Plata. Sentado en sillones de terciopelo, separado por una soga del resto de los asistentes, observaba cómo la gente pasaba una y otra vez.

Pasaban para mirar a las celebridades presentes. "Parecía que estuviéramos en un zoológico", recordó años después.

La anécdota refleja una característica que acompañó toda su carrera: el rechazo a los códigos tradicionales de la fama. Ese perfil esquivo contribuyó a construir un personaje único en la historia del rock argentino.

Las multitudes históricas de la etapa solista

Tras la separación definitiva de Los Redondos en 2001, muchos creyeron que el fenómeno llegaba a su fin. Sin embargo, la carrera solista demostró exactamente lo contrario.

Con discos como El tesoro de los inocentes, Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y El ruiseñor, el amor y la muerte, el Indio volvió a convocar multitudes históricas.

Sus recitales en ciudades como Tandil, Mendoza, San Luis, Gualeguaychú, La Plata y Olavarría reunieron a cientos de miles de personas. Se convirtieron en algunos de los eventos musicales más masivos de la historia argentina.

Esos shows no solo demostraron que el fenómeno seguía vigente. También confirmaron que la relación con su público atravesaba generaciones y clases sociales.

El libro que funcionó como testamento artístico

Mucho antes de su muerte, Solari pareció comprender que el tiempo de los escenarios estaba llegando a su fin. Esa conciencia quedó plasmada en Recuerdos que mienten un poco.

El extenso volumen de memorias fue publicado junto al escritor y periodista Marcelo Figueras. A lo largo de más de 800 páginas, el músico reconstruyó episodios de su infancia.

También repasó sus años de formación en La Plata, el surgimiento de Los Redondos, las tensiones que marcaron el final de la banda y las experiencias personales que moldearon su obra.

El libro permitió conocer facetas menos difundidas de un artista que siempre evitó la exposición pública. Allí repasó su fascinación por la literatura, la pintura, el cine y la cultura contracultural de los años sesenta y setenta.

Esas influencias luego aparecerían transformadas en canciones que pasaron a formar parte del imaginario colectivo argentino.

Entre las reflexiones más citadas de aquellas memorias aparece una definición que ayuda a entender el vínculo que construyó con su público durante décadas. "Yo tengo la suerte de que el público de Los Redondos haya proyectado sobre mí ciertas destrezas o aptitudes. La ventaja que tiene eso es que te da permiso para ser mejor", sostuvo.

Las páginas del libro también revelaron su visión sobre la fama, una condición que siempre observó con distancia. Solari desconfiaba de los mecanismos tradicionales del espectáculo y prefería que la música hablara por él. Esa postura contribuyó a consolidar una figura casi mítica que atravesó generaciones y clases sociales.

En sus memorias también repasó episodios complejos de su trayectoria. Desde la separación de Los Redondos hasta las tragedias ocurridas en algunos de sus recitales.

Lejos de esquivar esos temas, dejó registradas sus posiciones y reflexiones sobre acontecimientos que marcaron la historia del rock nacional.

La publicación terminó convirtiéndose en una suerte de legado intelectual. Allí quedó condensada la mirada de un artista que se definía como alguien interesado en dejar una huella cultural más que en ocupar el lugar de una celebridad.

"No se confundan. Aun cansado y enfermo, yo no soy un artista dedicado al entretenimiento", escribió en una de las frases que hoy adquieren una dimensión especial.

Los últimos años y el diagnóstico que cambió todo

En 2016 reveló públicamente que padecía Parkinson. Un año después ofreció en Olavarría el que terminaría siendo el último recital de su vida.

A partir de entonces se dedicó a grabaciones, publicaciones y colaboraciones artísticas. Mientras tanto, el deterioro físico avanzaba lentamente pero de manera inevitable.

Su libro de memorias, publicado en la última etapa de su vida, terminó funcionando como una suerte de testamento artístico e intelectual. Allí dejó algunas de las reflexiones que mejor sintetizan su mirada sobre la fama, la honestidad, la política y la creación artística.

También dejó registrado el análisis del vínculo con sus seguidores, ese público que lo acompañó durante más de cuatro décadas de manera incondicional.

Hoy, tras su muerte, queda una obra que atraviesa generaciones. Continúa convocando a públicos de edades y orígenes muy distintos.

El Indio Solari fue cantante, compositor, escritor, dibujante y pintor. Pero sobre todo fue el creador de un universo cultural propio que logró algo excepcional: transformar canciones de rock en parte de la identidad colectiva de millones de argentinos.

Su voz se apagó a los 77 años. Su legado, en cambio, seguirá sonando mucho tiempo más.

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