Alto costo político de la inflación para el Gobierno: sus votantes son los que más se quejan por los precios

Es la variable económica más sensible para la administración de Alberto, que encuentra límites a ajustar el gasto público licuándolo vía inflación
Por Lucas Romero
24/12/2021 - 08,00hs
Alto costo político de la inflación para el Gobierno: sus votantes son los que más se quejan por los precios

No es una novedad que la Argentina enfrenta un desafío económico complejo, que pudiera sintetizarse en la necesidad que tiene el país de corregir una serie de desequilibrios acumulados en la economía a lo largo de los últimos años que impiden un crecimiento genuino y sostenido en el tiempo. Menos novedad es también que el desequilibrio que más atención atrae de todos los analistas, entre todos los desequilibrios, es claramente el fiscal.

Y tampoco es una novedad que el régimen de alta inflación en el que hemos desembarcado en la Argentina es, en buena medida, consecuencia de ese desequilibrio fiscal.

Una inflación que es en buena medida un desafío económico en sí mismo por resolver, ya que su dinámica creciente ha llegado a límites insostenibles si se quiere pensar en un sendero de recuperación económica vigorosa.

La suba de precios se convirtió en un problema de índole política para el Gobierno

Pero lo que sí es una novedad -o al menos un aspecto poco mencionado en el análisis de la actual coyuntura económica- son las implicancias políticas de la inflación.

Implicancias que han transformado a este flagelo en una variable políticamente muy sensible para el actual Gobierno, como consecuencia de una particularidad del proceso político que -si bien tiene una raíz estructural- se ha manifestado con elocuencia en el último proceso electoral: el clivaje socioeconómico que se observa en el comportamiento electoral en los últimos años.

"La dinámica creciente de la inflación ha llegado a límites insostenibles si se quiere pensar en un sendero de recuperación económica vigorosa"

Para comprender de qué estamos hablando cuando hablamos de clivaje socioeconómico, basta observar el gráfico que mostramos a continuación donde se observan cómo se dispersan los circuitos electorales del Gran Buenos Aires si uno los ordena según nivel socioeconómico y según el resultado electoral. La correlación perfecta que uno encuentra entre esas dos variables (voto e ingresos) en esos circuitos no es una novedad y destacan un aspecto medular del proceso político en curso: los mayores apoyos del Frente de Todos provienen de los sectores de menores ingresos.

En el siguiente gráfico se observa que los triunfos más abultados del Frente de todos sobre Juntos se dan en los circuitos electorales de menor nivel de NSE, mientras que sucede lo contrario con los triunfos más abultados de Juntos, que se suceden en los circuitos electorales de mayor nivel de NSE. Dime cuál es tu ingreso y te diré que votas.

 
 

Esa característica, evidenciada en el último proceso electoral, es la que advierte la sensibilidad política que adquiere la inflación como flagelo económico para este oficialismo, precisamente porque los sectores de menores ingresos, que conviven con altos niveles de informalidad, son los más vulnerables frente al aumento generalizado de los precios.

Esta afirmación, que no merece más explicación por su naturaleza obvia, es una verdad que se reafirma si uno observa la evidencia que arrojan los estudios de opinión pública. Por mencionar uno de ellos, nuestro último estudio nacional de Synopsis, al analizar en qué segmento electoral se manifiesta más firmemente la preocupación por la inflación, nos encontramos que se trata efectivamente del segmento de votantes del Frente de Todos.

Según los datos recogidos en nuestro estudio nacional de diciembre, el 47,4% del total de los consultados (1.329 casos entre el 6 y el 10 de diciembre), consideró que la Inflación es el principal problema que afecta al país. Pero si nos circunscribimos a los votantes del Frente de Todos (los que votaron al Frente de Todos en la reciente elección), esa preocupación asciende al 62,5%. O si se quiere, si nos circunscribimos a los votantes que no votaron al oficialismo, la preocupación por la inflación desciende al 40,1%.

 
 

En definitiva, esta doble particularidad del proceso político, que los votantes oficialistas son los más vulnerables y los más preocupados por la inflación, interpela a aquella idea bastante extendida entre los analistas económicos que el Gobierno podría intentar ajustar el gasto público (es decir, corregir ese desequilibrio), licuándolo vía inflación. Y pone bajo juicio la afirmación que esos análisis sostienen, que la licuación del gasto vía inflación es una vía políticamente conveniente de ajuste del gasto para el oficialismo.

"Si os circunscribimos a los que votaron al Frente de Todos en la reciente elección, la preocupación por la inflación asciende al 62,5%"

Una estrategia de ese tipo, licuar el gasto público con inflación, cometería un error de diagnóstico político grosero, al no identificar que la variable económica políticamente más sensible para el este Gobierno es precisamente la inflación. Y desconocería una realidad evidente, que nadie más que este Gobierno del Frente de Todos tiene mayores incentivos para tener un programa económico desinflacionario. Salvo, claro está, que estemos en presencia de un Gobierno que solo busca su suicidio político, y que busca perjudicar más que nadie a sus propios votantes.

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