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Argentina, la crisis económica y el largo camino del menemismo al menemismo

En las PASO, los argentinos plebiscitaron un rumbo afín a las reformas del mercado. Resta saber a quién elegirán para llevarlo adelante
23/08/2023 - 18:50hs
Argentina, la crisis económica y el largo camino del menemismo al menemismo

Como la incertidumbre es grande respecto de lo que sucederá en las elecciones del próximo 22 de octubre, trabajemos sobre la certeza que aporta el hecho de que cuatro de los cinco candidatos (Javier Milei, Patricia Bullrich, Sergio Massa y Juan Schiaretti) son partidarios de reorganizar la economía y la sociedad a partir de parámetros más cercanos al equilibrio presupuestario, la reducción de la emisión monetaria, el estímulo de las exportaciones, la disminución de los subsidios y la reestructuración de la ayuda social. Solo Myriam Bregman se aleja de estos ejes programáticos.

Estamos frente a un claro fin de ciclo económico que puede acarrear también el cierre de una etapa política que orbitó alrededor de dos coaliciones en la última década. Lo primero es seguro; lo segundo, una posibilidad.

El contexto de un régimen de alta inflación y su agudización en los últimos meses, aún sin llegar a niveles de híper, presenta un parecido de familia con el ocaso de la presidencia de Raúl Alfonsín.

El primer presidente de la democracia restaurada se definía como simpatizante de los ideales de la socialdemocracia a nivel internacional mientras agotaba su mandato acorralado por una mega crisis y resignado a un candidato de su propio partido -el radical cordobés Eduardo Angeloz- que hacía campaña jactándose del lápiz rojo que utilizaría para ajustar el gasto público.

Un largo camino del menemismo al menemismo

El peronismo llevaba entonces un candidato, Carlos Menem, que había sorprendido en la interna venciendo a fuerza de carisma al favorito Antonio Cafiero. Su victoria asustaba a los mercados por su impredecibilidad.

La tercera fuerza, con el liderazgo de Álvaro Alsogaray, encarnaba las ideas liberales más ortodoxas. Sabemos que el riojano, apenas elegido presidente, giró a una alianza con la UCeDe para fundar lo que denominó "economía popular de mercado", un novedoso blend entre dos fuerzas hasta el momento antagónicas y de allí en adelante, socias por diez años.

El ministro de economía cuenta con la posibilidad de llegar al balotaje como un "cambio seguro"

Tres leyes constituyeron la santísima trinidad de los '90: la reforma del Estado, la emergencia económica y la convertibilidad.

En la actualidad Alberto Fernández, otro presidente que se autopercibe socialdemócrata, culmina su período en medio de una crisis inflacionaria e ignorado además por el candidato oficialista que impulsa su "plan llegar" anunciando la presentación de un próximo presupuesto sin déficit. Con eso y la devaluación del lunes siguiente al comicio terminó de enterrar los últimos dogmas del credo económico K.

Mientras tanto, sus dos principales competidores disputan entre sí por ver quién lleva el cambio más lejos y con mayor velocidad. Uno de ellos, el líder libertario, genera inquietud por su carácter y su armado, sospechados de inestables.

La otra, candidata de Juntos, obtuvo un triunfo interno con apariencias pírricas. Se duda de sus capacidades y posibilidades, no de sus intenciones de cambiar el régimen económico.

De lo descripto hasta aquí se podría inferir que el lapso 2001-2023 fue un largo camino del menemismo al menemismo. Aunque el busto del presidente riojano no esté aún ubicado en la Casa de Gobierno, su sombra se proyecta sobre el sillón de Rivadavia.

Si bien solo Milei explicita su admiración por Menem (extensiva a Domingo Cavallo) tanto Massa como Bullrich transitaron oportunamente aquella época y probablemente reivindiquen entre susurros varios aspectos de la misma. El pasado siempre cambia al ritmo y las necesidades del presente. Se entiende que aún no puedan decirlo en voz alta. Pero en sus promesas se escuchan ecos de la cirugía mayor sin anestesia en Bullrich y de las relaciones carnales en Massa.

La demanda social de "orden y progreso"

El viento de la época llegó para quedarse y la necesidad de resetear el funcionamiento, el tamaño y la calidad de los servicios del Estado sopla con fuerza. La demanda social se expresa con mucha soltura en favor de "orden y progreso". Va de suyo que no resulta indiferente cuál sea el elegido por las urnas para materializar la transformación.

Si bien solo Milei explicita su admiración por Menem (extensiva a Cavallo) tanto Massa como Bullrich transitaron aquella época

Aunque los pronósticos no le son favorables, el ministro de economía cuenta con la posibilidad de llegar al balotaje como un "cambio seguro". Su campaña se debatirá entre dos miedos, tan reales el uno como el otro: el miedo al continuismo de la mediocridad del presente, encarnada en un gobierno malquerido, y el miedo a un salto al vacío que supondría una próxima administración en las manos inexpertas de La Libertad Avanza.

Por su parte, Bullrich tendrá que esforzarse por no quedar aprisionada en la tenaza de peronistas y libertarios. Resulta paradójico que las primeras semanas post elecciones la muestren complicada precisamente a ella, que primerió por un capitalismo popular con aires de Margaret Thatcher.

Igual no está dicha la última palabra. En tiempos donde la actitud parece serlo todo y la interpretación de los sentimientos está a la orden del día, los referentes de los tres tercios deberán pedir la confianza de la sociedad con alguna variante del clásico: "Síganme, no los voy a defraudar".