Los hábitos más sencillos (pero a veces olvidados) para una buena alimentación nutritiva
En la actualidad, cada vez son más las personas que buscan ordenar su alimentación diaria para alcanzar una buena nutrición y proteger su salud a largo plazo. Sin embargo, lograrlo en medio de la rutina no siempre resulta sencillo. Las redes sociales y los canales de comunicación están inundados de tendencias que cambian constantemente, promesas de "superalimentos" milagrosos, suplementos costosos y corrientes como el proteinmaxxing (la obsesión por maximizar el consumo de proteínas). Ante semejante bombardeo de información, resulta muy fácil perder el rumbo y olvidar que las bases de una vida saludable se encuentran en hábitos mucho más simples, cotidianos y, a menudo, subestimados por el marketing del bienestar.
Para cortar con el ruido de las modas pasajeras, la doctora Caroline Cohen, dietista clínica y profesora asistente de Medicina Familiar y Comunitaria en la Universidad de Alabama en Birmingham, aportó claridad sobre el tema en una entrevista con el medio Verywell. La especialista advierte que la obsesión por analizar los nutrientes de forma aislada -creyendo que un solo ingrediente salvará nuestra dieta- nos aleja de lo verdaderamente importante: el patrón alimentario general. Según la experta, el hábito nutricional más infravalorado y olvidado por las tendencias actuales es, simplemente, garantizar la variedad y el equilibrio en lo que ponemos sobre la mesa.
Llevar una dieta variada no solo evita deficiencias nutricionales y promueve la longevidad, sino que tiene un impacto directo sobre un aspecto de la salud que ha revolucionado la medicina en las últimas dos décadas: la microbiota intestinal. Mantener un intestino sano y equilibrado repercute positivamente en el sistema inmunológico, la correcta absorción de los nutrientes, la salud mental, el funcionamiento cerebral y la prevención de enfermedades crónicas. Y para lograr esa diversidad bacteriana, no se necesitan polvos artificiales, sino volver a las bases de la naturaleza.
Buena alimentación: la regla de los 30 alimentos vegetales a la semana
De acuerdo con lo expuesto por la doctora Cohen, la estrategia principal para revolucionar la salud intestinal consiste en alcanzar una meta específica: consumir al menos 30 alimentos de origen vegetal diferentes cada semana. Aunque a primera vista la cifra puede parecer abrumadora o generar desánimo, la especialista aclara que el abanico es mucho más amplio de lo que se cree.
Para cumplir con este objetivo de forma sencilla, se deben contabilizar los siguientes grupos:
- Frutas y verduras: Toda la variedad tradicional, tanto frescas como congeladas.
- Frutos secos y semillas: Nueces, almendras, avellanas, semillas de chía, girasol o lino.
- Granos y legumbres: Lentejas, garbanzos, porotos, avena, arroz integral y quinoa.
Al diversificar estos ingredientes, no solo se alimenta correctamente al cuerpo, sino que se combate el aburrimiento. Para la experta, la monotonía de comer siempre los mismos platos es una de las principales razones por las que las personas abandonan las dietas saludables a largo plazo. Redescubrir vegetales que no se consumen desde hace años o probar una fruta nueva cada dos semanas es una excelente forma de hacer que el proceso sea sostenible y entretenido.
Habitos para comer bien: el truco visual y cromático para el plato diario
Para aquellas personas que sienten que contar 30 alimentos semanales les resulta complejo o estresante, la doctora Cohen propone una "victoria rápida" basada exclusivamente en la observación. El truco es tan simple como mirar los colores que predominan en el plato de manera rutinaria, sin necesidad de estudiar qué antioxidante específico tiene cada ingrediente.
Si al mirar la comida del día a día se nota que la mayoría de las opciones son vegetales de color verde, la recomendación médica es hacer pequeños reemplazos visuales e incorporar alimentos de otros tonos, como zanahorias, morrones rojos o calabazas.
Esta evaluación visual y cromática es una herramienta sumamente efectiva y subestimada para garantizar, sin balanzas ni aplicaciones de por medio, que el organismo está recibiendo la amplia gama de macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas saludables) y micronutrientes que necesita para funcionar de manera óptima.