ALIMENTACIÓN

Pocos lo saben: a partir de qué edad hay que empezar a comer más proteínas y por qué

Expertos en nutrición sostienen que a medida que las personas crecen, la alimentación debería comenzar a variar pensando en sostener un cuerpo saludable
Por J.M.
SALUD - 04 de Junio, 2026

Mantener un cuerpo fuerte y saludable a lo largo de los años exige adaptar las pautas nutricionales a las diferentes etapas de la vida. Aunque existe una noción generalizada sobre la importancia de las proteínas para los deportistas, un aspecto crucial y poco difundido por la medicina preventiva es que la necesidad de este macronutriente se incrementa de manera natural con el paso del tiempo, incluso en personas con un estilo de vida sedentario o moderado. Ajustar su ingesta diaria se vuelve una estrategia indispensable para contrarrestar los efectos inevitables del envejecimiento biológico.

De acuerdo con una investigación publicada por el medio especializado en salud Verywell Health, la pauta estándar de consumir 0,8 gramos de proteína por cada kilogramo de peso corporal es útil y nos acompaña adecuadamente hasta los 40 años. Al alcanzar esa cuarta década de vida, la recomendación médica oficial se eleva a un rango de entre 1 y 1,2 gramos por kilo de peso. Asimismo, una vez que se traspone la barrera de los 65 años, los requerimientos del organismo pueden incrementarse incluso por encima de los 1,2 gramos por kilogramo para sostener las funciones vitales básicas.

La principal razón médica detrás de este incremento en la dieta es la necesidad de mitigar el avance de la sarcopenia, denominación técnica con la que se conoce a la pérdida de masa muscular asociada a la edad. Las estadísticas clínicas advierten que las personas experimentan una pérdida promedio de entre el 3% y el 5% de su masa muscular por cada década que transcurre después de haber cumplido los 30 años. Esta condición es motorizada de manera parcial por los cambios metabólicos y hormonales propios del organismo, y su avance crónico suele desencadenar fatiga generalizada, pérdida de resistencia, alteraciones en la marcha, disminución del equilibrio y una menor capacidad de curación y recuperación tras sufrir una lesión o accidente.

Alimentación saludable: el impacto celular de las proteínas y cómo sumarlas al plato diario

Si bien la pérdida de tejido muscular se presenta como una consecuencia natural del paso del tiempo, los profesionales de la salud insisten en que puede prevenirse e incluso revertirse combinando un entrenamiento de fuerza adecuado con una nutrición óptima. A medida que el cuerpo envejece, se vuelve biológicamente menos receptivo a los nutrientes, lo que significa que requiere dosis más elevadas de alimento para activar el mismo nivel de síntesis de proteínas musculares que lograba en la juventud.

En diálogo con Verywell Health, la dietista Leah Barron ejemplificó que, para una persona de 40 años que pesa unos 72 kilos, la pauta alimentaria debería pasar de los 60 gramos de proteína diarios que consumía previamente a un esquema reforzado de entre 72 y 87 gramos por jornada. Lograr este incremento no requiere transformaciones drásticas en la cocina, sino incorporar de manera inteligente porciones específicas en los platos principales o colaciones.

Para alcanzar esa meta, se puede optar por sumar diariamente alguna de las siguientes opciones proteicas:

  • Carnes y pescados: Una porción de 85 gramos de carne de vaca, pollo o pescado.
  • Huevos: Incorporar entre dos y tres unidades a las preparaciones habituales.
  • Legumbres: Una taza completa de porotos, alubias o lentejas cocidas.
  • Lácteos: Una taza de yogur griego, reconocido por su consistencia y aporte nutritivo.
  • Sustitutos vegetales: Una taza de tofu.

Fuentes animales versus vegetales: la clave de una ingesta balanceada

Al momento de diagramar el menú, surge habitualmente el debate sobre si es preferible volcarse hacia alimentos de origen animal o vegetal. Los expertos en nutrición aclaran que ambas variantes son sumamente beneficiosas y complementarias para el día a día. Las proteínas animales (como la leche, el pollo o los cortes vacunos) son consideradas técnicamente como "proteínas completas" debido a que contienen la totalidad de los aminoácidos esenciales que el cuerpo humano no puede producir por sí mismo. Por su parte, aunque los alimentos vegetales no suelen albergar todos los aminoácidos en una única pieza, el consumo de una amplia variedad de ellos garantiza su obtención, sumando además el beneficio extra de aportar fibra dietética y micronutrientes esenciales al sistema digestivo.

Otras alternativas de alto valor proteico que se pueden incorporar de forma sencilla en la dieta cotidiana son:

  • Carnes magras y derivados
  • Frutos secos: Maníes, almendras, avellanas y nueces, así como sus respectivas mantecas o pastas untables.
  • Semillas y pseudoceres: Semillas de girasol y quinoa.

En definitiva, las proteínas influyen de manera directa en la salud humana a un nivel puramente celular, desempeñando un rol vital en la reparación de los tejidos dañados y en la generación de células nuevas. Garantizar un aporte adecuado de este macronutriente a partir de los 40 años reduce significativamente el riesgo de sufrir caídas en la vejez, acelera la cicatrización de heridas, sostiene activo el sistema inmunológico y preserva la movilidad y la resistencia física necesarias para gozar de una madurez plenamente independiente y dinámica.

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