ALERTA POR MICROPLÁSTICOS

El peligro oculto en tu café: riesgos en los microplásticos que Starbucks, Havanna y Café Martínez no quieren que sepas

Estudios recientes muestran que el uso habitual de recipientes de un solo uso puede incrementar la presencia de polímeros en bebidas calientes
Por iProfesional
SALUD - 26 de Junio, 2026

Los vasos de café para llevar tienen un secreto tóxico. En Argentina, el 60% de los vasos descartables que se venden son de polipapel, una mezcla de papel, plástico, tintas y adhesivos que parece inofensiva pero esconde riesgos concretos.

Las grandes cadenas como Starbucks, Havanna y Café Martínez comparten el mismo material en sus vasos, según informa la periodista Natalia Kiako en el sitio EconomiaSustentable.com. A simple vista, parecen cartulina común. Al tacto, transmiten la sensación de ser una alternativa ecológica a los antiguos vasos de plástico puro.

Pero esa apariencia benigna oculta un problema estructural. El polipapel se fabrica con una delgada capa interna de plástico -generalmente polietileno- adherida al papel, y una vez fusionadas, esas capas ya no pueden separarse.

Ese diseño lo vuelve prácticamente imposible de reciclar. El paso previo indispensable en cualquier proceso de reciclado es la separación de componentes. Pero en el polipapel, papel y plástico quedaron unidos para siempre.

Cómo domina el polipapel el mercado argentino de descartables

En Mercado Libre, la radiografía del mercado es clara. Los vasos de polipapel representan casi el 60% de la oferta. Los de cartón apenas llegan al 17%. Los de papel, al 10%.

Las tapas suelen ser de polipropileno o poliestireno. Plásticos rígidos que completan el combo descartable, asegura EconomiaSustentable.com.

Cada año, los argentinos consumen alrededor de 1 kg de café por persona, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate y la Cámara Argentina del Café. Eso equivale a unas 200 tazas anuales por habitante.

A nivel global, se utilizan entre 250 y 300 mil millones de vasos descartables por año. En Argentina, proporcionalmente, eso significaría unos 1.615 millones de vasos anuales. El cálculo es estimativo porque no existen cifras oficiales precisas.

Qué dice la ciencia sobre los riesgos del polipapel para la salud

Los plásticos están en el centro de un debate científico acalorado. Como potenciales disruptores endócrinos, generan inquietud creciente en la comunidad médica.

En el caso del polietileno, un polímero muy estable, el problema no es tanto el material en sí mismo. La doctora Sandra Maximino, especialista en salud hormonal y disruptores endocrinos, lo explica con claridad.

"La preocupación suele centrarse más en sustancias asociadas al material: aditivos, estabilizantes, antioxidantes, tintas, adhesivos, residuos de fabricación o contaminantes que pueden migrar desde el envase", detalla Maximino a EconomiaSustentable.com.

El riesgo no depende únicamente del polímero principal, sino del conjunto de compuestos presentes en el producto final.

El verdadero problema son los microplásticos que se desprenden del objeto durante el uso. Esas partículas acarrean los otros compuestos químicos. Y el fenómeno se multiplica al contener líquidos calientes.

Las temperaturas entre 80 y 95 °C desencadenan la degradación del revestimiento plástico interno, liberando partículas a un ritmo muy superior al que ocurriría con líquidos fríos.

Este proceso se intensifica con la agitación. Por ejemplo, al revolver la bebida con una cucharita o al sacudir el vaso.

"Lo que sí sabemos es que la temperatura favorece la migración de sustancias desde los envases hacia los alimentos o bebidas", continúa Maximino. "Por eso, un líquido caliente como el café genera condiciones más propicias para la liberación de partículas y compuestos químicos que un alimento almacenado a temperatura ambiente".

Pero la especialista advierte sobre la importancia del contexto. "No tiene sentido demonizar el vaso térmico de papel si mis hábitos son de una exposición masiva y sin conciencia en cuanto a los disruptores endócrinos en general", aclara.

"Efectivamente, hay evidencia respecto de esos vasos de papel, pero hay que prestarles atención en el marco del conjunto de hábitos que sostenemos. La pregunta más relevante probablemente no sea cuál es peor, sino cuánto aporta cada uno a la exposición acumulada diaria", reflexiona.

Tan solo en la industria alimentaria, la exposición a estos microplásticos en contacto con comidas y bebidas calientes es elevada. Las cadenas de comida rápida multiplican esa exposición.

Por qué no existe un nivel seguro de consumo de microplásticos

No existe un umbral de ingesta considerado universalmente seguro para los microplásticos. El riesgo es acumulativo, no aislado.

Maximino lo resume así al sitio EconomiaSustentable.com: "Desde el punto de vista toxicológico, la exposición crónica siempre merece más atención que la exposición ocasional. La mayoría de las preocupaciones actuales respecto de microplásticos y disruptores endócrinos no surgen por exposiciones aisladas, sino por la suma de múltiples fuentes a lo largo de años".

No estamos expuestos a un único tipo de microplástico. Son miles de partículas de distintos tamaños, composiciones y aditivos. Además, se mezclan con otros contaminantes ambientales.

La multiplicidad de sustancias utilizadas en objetos de uso diario aumenta la dificultad de obtener evidencia científica rotunda. Además, hay que considerar su acción acumulativa a lo largo del tiempo.

"Por eso, la tendencia científica actual es aplicar el principio de precaución mientras se generan datos más robustos. Cuanto menos plástico, mejor", enfatiza Maximino.

Especialmente en poblaciones de riesgo. "Muchos expertos sostienen que las estrategias de reducción de exposición tienen mayor sentido precisamente en embarazadas, niños y personas con mayor vulnerabilidad endocrina, aun cuando persistan incertidumbres científicas sobre el riesgo exacto", agrega la especialista.

El impacto ambiental que nadie ve: océanos llenos de microplásticos

El problema sanitario tiene un correlato ambiental devastador. Menos del 1% de los vasos descartables se recicla efectivamente. La gran mayoría termina en rellenos sanitarios, quemas a cielo abierto, basurales o directamente en el ambiente.

Se lee con frecuencia que los materiales plásticos tardan más de quinientos años en degradarse. Pero eso no es exactamente así.

Ana Carolina Ronda es bioquímica, doctora en Bioquímica, profesora de Oceanografía en la Universidad Nacional del Sur e investigadora del Conicet. Ella estudia la presencia de contaminación plástica en los océanos.

"Cuando un residuo plástico llega al ambiente, por efecto principalmente de rayos UV, de los vientos, de la meteorización, el material se va a fragmentar en pedacitos cada vez más y más pequeños", explica Ronda a EconomiaSustentable.com.

Para las grandes macromoléculas naturales, como las proteínas y los carbohidratos, existen enzimas específicas capaces de degradarlas. Pero los plásticos son macromoléculas de monómeros unidos artificialmente.

"No existen en la naturaleza enzimas específicas capaces de cortar esos enlaces. Por eso, en su lugar, las partículas se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas pero no llegan a descomponerse del todo", detalla la investigadora.

"En la literatura vas a encontrar que un plástico puede llegar a 'vivir' en el ambiente por quinientos años, pero esto es imposible de comprobar porque el plástico ni siquiera tiene esa edad, es un material de aproximadamente ciento veinte años", aclara Ronda.

Ese tiempo estimado de degradación se basa en la incapacidad de la naturaleza para cortar los enlaces químicos artificiales del plástico.

"Hemos encontrado microplásticos (o mejor dicho, partículas antropogénicas en un sentido más amplio) en todos los ambientes y matrices", describe la especialista. "Agua de mar superficial, profundo, en el fondo marino, en las costas y en organismos, desde los microscópicos hasta los delfines y pingüinos, pasando por una gran variedad de peces y bivalvos".

La conclusión es contundente. "Hoy sabemos que están, que existen, que no hay un lugar en este planeta donde no estén, desde los grandes centros urbanos hasta los lugares más prístinos, aunque aún desconocemos el impacto real que tiene sobre la salud de los ecosistemas y la salud humana".

Por qué el polietileno invade los océanos del mundo

El polietileno es uno de los hallazgos más frecuentes en el ambiente marino. En la industria alimentaria está muy presente junto con otros polímeros, formando parte de envases, envoltorios, bolsas, films y recubrimientos.

"La industria alimentaria es una fuente muy importante de contaminación por plásticos que terminan en los mares y los océanos", aclara Ronda.

Pero no es la única. "La industria textil está pesando también: la mayor parte es a partir de fibras sintéticas y el lavado de la ropa libera a los cuerpos de agua millones de microfibras sintéticas. Sin duda el polietileno es parte de todos estos tipos de microplásticos, aunque no el único polímero sintético", agrega.

Los efectos de estas partículas son múltiples. "Muchos de los efectos se deben a que van absorbiendo sobre su superficie otros contaminantes del ambiente, lo que pueden hacerlas aún más tóxicas. Por eso es muy difícil evaluar el impacto real", explica la investigadora.

Con los plásticos más grandes, las evidencias son físicas y visibles: bloqueo del tracto gastrointestinal, enredos, asfixia. Pero con las partículas más pequeñas es más complejo.

"Ya hay efectos tóxicos: pueden atravesar las membranas biológicas, interfiriendo en los procesos biológicos", describe Ronda.

En una de las especies de peces que estudia su equipo, observaron que su alimentación se ve alterada. Eso puede afectar su crecimiento y desarrollo. También encontraron cambios en la estructura de los tejidos en una especie de mejillón. Y señales de daño en macromoléculas importantes para el funcionamiento normal de las células.

Qué prometen y qué hacen realmente Starbucks y las grandes cadenas

En 2022, Starbucks anunció compromisos de transición hacia vasos reutilizables. La filial argentina confirmó que avanzaría con medidas similares a las de Estados Unidos.

Los vasos desechables seguirían disponibles, pero para 2025 los clientes tendrían más opciones para usar un vaso reutilizable en cada visita. El objetivo declarado era eliminar los vasos descartables para 2030.

A la fecha, no hay evidencia de que esa transición se haya concretado masivamente en Argentina. Los vasos de polipapel siguen siendo el estándar operativo en Starbucks y prácticamente todas las cadenas de café para llevar.

Havanna y Café Martínez tampoco han anunciado planes concretos de transición hacia alternativas reutilizables o compostables certificadas.

El modelo de negocio del café para llevar sigue dependiendo casi totalmente del polipapel, un material que la ciencia señala como problemático tanto para la salud como para el ambiente.

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