ALIMENTACIÓN INFANTIL

El lado oculto de los jugos Baggio y Cepita: riesgos para la salud por su cantidad de azúcar y jarabe de maíz

Expertos en salud advierten que el consumo frecuente de estos productos puede aumentar el riesgo de problemas metabólicos en la niñez
Por iProfesional
SALUD - 03 de Julio, 2026

Los juguitos individuales en envase de cartón se ganaron un lugar en la mochila de millones de chicos argentinos. Van al jardín, acompañan el recreo, están en la mesa del almuerzo y en cada cumpleaños. Su practicidad, su bajo costo y la imagen de producto elaborado con frutas los convirtieron en un clásico.

Pero detrás de esa imagen hay una realidad que preocupa a los especialistas en nutrición. Muchos de estos productos contienen altas cantidades de azúcares libres. Y algo más: jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), un ingrediente cuyo consumo frecuente está asociado con problemas metabólicos y mayor riesgo de enfermedades crónicas, indica la periodista Natalia Kiako en un artículo publicado en el sitio EconomiaSustentable.com.

La advertencia no apunta al consumo ocasional. El problema es el hábito cotidiano que se instaló en muchas familias.

Qué contienen realmente los juguitos individuales más vendidos

Las marcas líderes del mercado, como Baggio y Cepita, comercializan bebidas en presentaciones individuales de entre 125 y 250 ml. En sus envases destacan mensajes como "con vitamina C", "sin conservantes" o "libre de gluten".

Sin embargo, al revisar la lista de ingredientes aparece una composición que muchas familias desconocen: agua, puré o pulpa de frutas, azúcar o jarabe de maíz de alta fructosa y jugos concentrados.

Uno de los productos más vendidos es Baggio Pronto sabor Multifruta. Está denominado legalmente como "alimento líquido con 50% de jugo y pulpa de frutas", una categoría distinta a la de un jugo natural.

La diferencia no es menor. Mientras el envase muestra imágenes de frutas frescas, los ingredientes incluyen azúcares añadidos que pasan desapercibidos para muchos consumidores, agrega el artículo de EconomiaSustentable.com.

No todo lo que parece jugo es jugo. Y esa confusión tiene consecuencias.

Por qué los especialistas alertan sobre el azúcar en la dieta infantil

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es clara: los azúcares libres deben representar menos del 10% de la ingesta calórica diaria. Y, de ser posible, menos del 5%.

La Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) va más lejos. Recomienda limitar esos azúcares a menos del 5% de la energía diaria en niños mayores de dos años.

Dentro de esa categoría no solo entra el azúcar agregada durante la elaboración. También la presente en jugos y concentrados de frutas.

Un jugo industrial, e incluso un jugo 100% fruta, no ofrece los mismos beneficios que consumir una fruta entera. La razón es simple.

La fruta conserva su fibra natural. Esa fibra retrasa la absorción del azúcar y genera mayor saciedad. Las bebidas procesadas prácticamente no contienen fibra. Los azúcares se absorben con mayor rapidez.

El problema no es solo lo que aportan. Es también lo que desplazan de la dieta.

Jarabe de maíz de alta fructosa: el ingrediente que enciende las alarmas

Uno de los componentes que más preocupa es el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF). Es un endulzante industrial ampliamente utilizado por su bajo costo y su elevado poder edulcorante, remarca el sitio EconomiaSustentable.com.

El Código Alimentario Argentino exige que su presencia figure en el etiquetado. Pero no obliga a informar la cantidad utilizada.

La licenciada en Nutrición Andrea Altamirano Facino explica que numerosas investigaciones vinculan el consumo habitual de JMAF con alteraciones metabólicas como hígado graso no alcohólico, resistencia a la insulina y aumento de triglicéridos. También con mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares.

Hay otro dato inquietante. Este ingrediente puede interferir con los mecanismos que regulan la saciedad. Favorece una mayor ingesta de alimentos.

El JMAF está en muchos productos ultraprocesados. Los juguitos individuales son solo uno de ellos. Pero su presencia cotidiana en la dieta infantil multiplica la exposición.

Por qué estos productos están tan presentes en la rutina familiar

El éxito de los juguitos individuales también responde a factores económicos y culturales. No es solo una cuestión de desconocimiento.

Pueden comprarse por caja en distribuidoras mayoristas. Eso reduce considerablemente su costo por unidad y los convierte en una opción accesible para muchas familias.

No requieren refrigeración antes de abrirse. Son fáciles de transportar. Los chicos los aceptan sin resistencia.

En muchos hogares forman parte de la rutina diaria. No es extraño que algunos niños consuman más de un envase por día.

La practicidad se impone. Pero con un costo nutricional que muchas veces se ignora.

Lo que observan los jardines de infantes porteños

Fernanda Kluguer es psicóloga e integrante del equipo de nivel inicial de un jardín público y otro privado de la Ciudad de Buenos Aires. Ella nota diferencias entre ambos contextos.

"Hay mucha más información en las familias del jardín privado. En el otro jardín, muchos chicos llegan directamente con el juguito en la mano. Cuando ingresan los guardamos para evitar diferencias entre los compañeros, porque si uno tiene un juguito todos lo quieren", explica.

Durante la jornada escolar los chicos reciben frutas, agua, yogur o pan con mermelada. Según su experiencia, la mayoría elige espontáneamente la fruta.

Pero hay un detalle revelador. "A la salida muchas veces son los propios adultos quienes les entregan un juguito, aunque los chicos no lo estén pidiendo", señala Kluguer.

El consumo no responde necesariamente a un pedido infantil. Es un hábito adulto proyectado sobre los más chicos.

Qué dice la ley de etiquetado frontal sobre estos productos

Desde la entrada en vigencia de la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, los alimentos y bebidas que superan determinados niveles de azúcares agregados deben exhibir el octógono negro con la leyenda "Exceso en Azúcares".

La norma también prohíbe la venta y promoción de esos productos dentro de establecimientos educativos de nivel inicial, primario y secundario.

Sin embargo, la ley no impide que los alumnos lleven estas bebidas desde sus hogares. Por eso siguen estando presentes en muchas mochilas escolares.

El etiquetado frontal es una herramienta de información. Pero no resuelve por sí solo el problema del consumo habitual.

Cuando un ultraprocesado desplaza alimentos más nutritivos

Andrea Altamirano advierte sobre el llamado desplazamiento alimentario. El problema no es únicamente el exceso de azúcar.

El consumo frecuente de juguitos industriales termina reemplazando alimentos con mayor valor nutricional. Cuando estas bebidas ocupan un lugar habitual en la dieta infantil, disminuyen las oportunidades de hidratarse con agua.

También se reduce la incorporación de leche, yogur, legumbres, semillas y otros alimentos que aportan proteínas, calcio, hierro y grasas saludables. Nutrientes fundamentales para el crecimiento.

Por eso, los nutricionistas coinciden en que el desafío no pasa por demonizar un producto puntual. Se trata de revisar la frecuencia con la que se consume.

Leer el etiquetado nutricional aparece como primera recomendación. Prestar atención a la lista de ingredientes, no solo a las imágenes del envase.

Fomentar el consumo de agua y frutas enteras son algunas de las principales estrategias para reducir el exceso de azúcares libres durante la infancia. Pequeños cambios en la rutina diaria pueden marcar una gran diferencia en la salud metabólica de los chicos a largo plazo.

Te puede interesar

Secciones