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Portaaviones, drones y guerra electrónica: el avanzado arsenal de EE.UU. para atacar Irán

Portaaviones, drones y guerra electrónica: el avanzado arsenal de EE.UU. para atacar Irán

Portaaviones, drones y guerra electrónica: el avanzado arsenal de EE.UU. para atacar Irán
La ofensiva se basaría en los datos obtenidos de inteligencia analizando las frecuencias de emisión de radares y elementos de comunicación
Por iProfesional
03.01.2020 08.12hs Tecnología

La escalada de acusaciones y provocaciones mutuas entre Estados Unidos e Irán acaba de culminar tras el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, considerado como el segundo hombre más poderoso de Irán, solo por detrás del mismísimo ayatolá Ali Jamenei, reinvindicado por Washington y cometido en Bagdag, la capital de Irak.

Irán ha prometiendo "una dura venganza" contra "los criminales que tienen las manos manchadas con su sangre". ¿Podría atacar EEUU a Irán de forma preventiva o en respuesta a su vez a una posible venganza de Irán? ¿Cuál sería la naturaleza de ese ataque y con qué arsenal lo llevaría a cabo?

La gran ventaja norteamericana a la hora de atacar a su rival es que dispondría de numerosas bases en la zona para apoyar cualquier acción militar, además de contar con sus portaaviones y buques de asalto anfibio.

Países como Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes ya prestan su territorio y Estados Unidos o bien tiene bases en sus territorios o al menos puede operar desde ellas. Qatar alberga la mayor base estadounidense en el Medio Oriente, la base aérea Al Udeid, que se encuentra a unos 32 kilómetros al suroeste de Doha y se estima que hay desplegados 10.000 militares estadounidenses allí.

Solo en Arabia Saudí dispondría de 4 bases aéreas, King Abdul Aziz en la costa este, King Khalid Y King Abgullah en la capital e incluso la enorme base de King Fahad, en Taif. Algo parecido se podría decir de otros países como Omán, donde se encuentra la base de Masirah, otra de las importantes para su despliegue aéreo.

Pero es que además podrían contar con otras bases de apoyo en Turquía (base de Incirlik), en Jordania, en Paquistán, en Irak y, por supuesto, Israel.

En cuanto a fuerzas desplegadas, según informó el diario español El Confidencial, hay 15.000 soldados en Kuwait, 10.000 en Qatar, 7.000 en Baharain, 5.000 en Emiratos Árabes, más de 9.000 en Irak, cerca de 2.000 en Arabia Saudí y 1.500 en Jordania.

En la zona se encuentran desplegados un grupo de portaaviones, el CSG-12, cuyo buque insignia es el portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72).

A este potencial naval se unen más buques de combate de la Quinta Flota, buques que operan en esa área, más el Expeditionary Strike Group 3 (ESG-3), grupo naval que cuenta, como buque insignia al navío LHD USS Boxer (LHD-4).

Solo con el CSG-12 y con el ESG-3 se dispondría de un portaaviones, tres buques de asalto anfibio, tres cruceros y cinco destructores, junto a cerca de 4.000 marines listos para entrar en acción. En estos momentos ambos grupos navales ya navegan en la entrada del Golfo Pérsico.

La Fuerza Aérea ya cuenta con aviones F-22 y bombarderos B-52 en Al Udeid (Qatar), a lo que se suman los aviones de combate desplegados en Incirlik y otras bases.

En cualquier caso, incluso con la alternativa de ataques limitados, el primer movimiento norteamericano sería una paulatina concentración de fuerzas, realizada desde escenarios próximos.

El despliegue de los bombarderos B-52 y B-2, sobre todo los segundos, se realizaría en bases más alejadas aprovechando su gran autonomía y capacidad de repostar en vuelo y evitando cualquier filtración sobre despegues. Un lugar muy probable para su despliegue podría ser la isla de Diego García, en el océano Índico.

Otra fortaleza de Estados Unidos es su capacidad de hacer guerra electrónica y de espionaje.  Y lo que no puedan saber se lo podrían contar los aliados israelíes, cuya inteligencia de espionaje es aún mejor que la norteamericana.

Podría hacer un masivo ataque de guerra electrónica llevado a cabo por aviones EA-18G Growler (el F-18 de guerra electrónica) lanzados desde el Lincoln, así como aviones de la USAF con equipamiento específico.

El objetivo sería cegar y engañar a todos los radares y direcciones de tiro enemigas, así como perturbar sus comunicaciones. Es la misión más arriesgada de todas porque son los aviones que más se exponen a las defensas antiaéreas, a la vez que pasan a ser objetivo prioritario del enemigo.

Esta guerra electrónica, basada en los datos obtenidos de inteligencia tras haber analizado las frecuencias de emisión de radares y elementos de comunicación, es una de las partes más importantes y se emplearía tecnología desconocida aún.

Todo esto se complementaría con el lanzamiento de misiles antirradar, tipo AGM-88 Harm, que se lanzan en modo pasivo por delante de la fuerza atacante y se dirigen de forma automática a las fuentes de radiación (radares activos).

Todo el espacio aéreo estaría monitorizado desde el espacio, por aviones AWACS navales y con base en tierra e incluso por drones tipo Globalwawk. A partir de ahí solo quedaría realizar golpes selectivos a instalaciones industriales que dañaran la economía iraní.

Un escenario en el que EE.UU. pretendiera invadir Irán sería una cuestión bien distinta y muy diferente de lo que fue la invasión de Irak. De entrada, la concentración de buques, aviones y, sobre todo tropas, debería ser mayor.

Las fuerzas aéreas y navales iraníes serían barridas en los primeros compases de la guerra, ya que Irán no puede oponer ningún avión moderno cuyas capacidades siquiera puedan parecerse a las de cualquiera de los norteamericanos.

Su aviación es también una mezcla de aviones norteamericanos antiguos, F-14, F-4 Phantom, F-5, aparatos rusos MiG-29 y Su-24, Mirage F-1 (obsoletos) y algunos diseños autóctonos.

En tierra el panorama no es mucho mejor. Irán tiene una mezcolanza de equipamiento que en Occidente quitaría el sueño a cualquier responsable de logística. Solo en medios blindados tienen cerca de 18 diferentes tipos de vehículo, muchos muy diferentes y además algunos están en estado lamentable y otros tantos obsoletos.

Los norteamericanos tendrían que combatir contra unas fuerzas muy numerosas y diseminadas por un gran territorio, haciendo frente a cada paso a ataques suicidas, emboscadas, etc. EEUU acabaría metiéndose en una guerra de desgaste carísima, como la de Afganistán.

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