SEGURIDAD

Miedo al robo de datos: ¿debo tomar recaudos al tirar etiquetas de envío de paquetes recibidos de Mercado Libre?

El análisis de los riesgos asociados a la logística del comercio electrónico en Argentina revela una contradicción en los hábitos de la sociedad moderna
Por César Dergarabedian
TECNOLOGÍA - 27 de Febrero, 2026

La expansión del comercio digital en la Argentina modificó para siempre nuestros hábitos de consumo. La necesidad de aislamiento por la pandemia del coronavirus y la posterior consolidación de las compras virtuales transformaron a plataformas como Mercado Libre en uno de los ejes de la economía doméstica nacional.

Sin embargo, esta masificación de las transacciones en línea trajo consigo un subproducto físico que la mayoría de los usuarios ignora por completo: la etiqueta del envío. Este simple trozo de papel, que a menudo termina en los cestos de basura domiciliarios sin ningún tipo de tratamiento previo, constituye en la actualidad una de las vulnerabilidades para la seguridad de la información personal de los argentinos.

La etiqueta de logística representa el punto de contacto final entre la infraestructura tecnológica de una empresa y la realidad física del consumidor. En su reducida superficie se condensa una cantidad de datos suficiente para que diversas organizaciones criminales ejecuten maniobras de ingeniería social, robo de identidad y fraudes financieros complejos. El descuido en la disposición final de estos elementos genera una mina para los delincuentes dedicados al "trashing", la técnica de recolección de información sensible a partir de los desechos urbanos.

Anatomía de una etiqueta: un mapa para el delincuente

Para comprender la magnitud real de este problema, resulta imprescindible analizar la estructura técnica de una etiqueta de Mercado Envíos. La estandarización de los procesos logísticos a nivel nacional obligó a todos los transportistas a utilizar un formato uniforme de identificación. Esta etiqueta posee una estructura modular diseñada para la eficiencia de las máquinas de clasificación en los centros de distribución, pero a su vez facilita la lectura por parte de actores malintencionados.

Cada módulo de información contiene datos que, de forma aislada, parecen inofensivos, pero en conjunto permiten la reconstrucción de parte de la vida privada del usuario. La etiqueta expone los datos del destinatario si el envío fue a su domicilio. Aquí figuran el nombre de la persona y su nombre de usuario en Mercado Libre, la dirección exacta de su domicilio (si es que el envío fue a esa propiedad), y hasta en algunos casos referencias particulares del domicilio. Esta exposición ayuda a definir la ubicación geográfica real del comprador.

Temor al robo de datos

El fenómeno del "trashing" y la manipulación psicológica

El "trashing", o recolección de basura con fines delictivos, se consolidó en las grandes urbes como una fase de reconocimiento previa a estafas mucho más agresivas. Grupos criminales buscan dispositivos electrónicos desechados y papeles que validen identidades. Una etiqueta de Mercado Libre en la caja de un Smart TV u otro producto electrónico de gran volumen le permite a un delincuente saber con certeza que en ese domicilio vive una persona activa en el comercio electrónico, conoce su nombre y dirección.

Con estos datos en su poder, el criminal avanza hacia la ingeniería social, definida como el arte de manipular a las personas para lograr la cesión de información confidencial. El cerebro humano opera bajo dos sistemas de pensamiento: uno rápido y emocional, y otro lento y deliberativo. Los ciberdelincuentes diseñan sus libretos para forzar a la víctima a operar exclusivamente bajo el sistema emocional. A través de la inducción de estados de miedo o urgencia, logran inhibir la capacidad analítica de la persona.

Una de las tácticas más peligrosas es la estafa del "paquete fantasma". En este escenario, el estafador fabrica una caja falsa con materiales de desecho, le pega la etiqueta original que obtuvo de la basura y se presenta en la puerta del domicilio de la víctima. Ante la vista de los vecinos, el criminal parece un repartidor oficial. Al mencionar el nombre exacto del usuario y los datos de su compra reciente, la confianza se establece de inmediato. Esta falsa validación facilita robos con ingreso a la vivienda o la obtención de información financiera.

Robos y fraudes

Estas modalidades no pertenecen a la ficción ni a teorías paranoicas de ciberseguridad. El primer caso de impacto masivo ocurrió con el hackeo del grupo de cibercriminales Lapsus en marzo de 2022. Esta organización logró un acceso no autorizado al código fuente de Mercado Libre y Mercado Pago. La compañía confirmó que los datos de aproximadamente 300 mil usuarios sufrieron una exposición.

Aunque la empresa aseguró la ausencia de robos de contraseñas o saldos financieros, la filtración de nombres, correos y registros de actividad proveyó a los estafadores de una base de datos monumental. Por ejemplo, para cruzar esta información digital filtrada con los datos físicos obtenidos de etiquetas recolectadas en las calles. La consultora Chainalysis aseguró que en estos casos de ataques informáticos, los delincuentes suelen vender los datos obtenidos a través de Internet para financiar otras operaciones ilegales.

Un segundo caso real y reiterado involucra campañas de mensajes falsos diseñados para suplantar la identidad de empresas logísticas como Correo Argentino o Andreani. En los años recientes, la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (Ufeci) alertó sobre oleadas de mensajes de texto fraudulentos.

Los delincuentes envían alertas sobre un supuesto paquete retenido en el centro de distribución por falta de datos o diferencias en la tasa aduanera. Los enlaces incluidos en el texto dirigen a las víctimas hacia sitios web que clonan la estética visual de las compañías postales.

Allí, el sistema falso solicita el ingreso de los datos de la tarjeta de crédito para supuestamente liberar el paquete. Gran parte de estos ataques logran su cometido porque se dirigen a personas que, en efecto, aguardan una entrega, ya que los estafadores sacaron la información de contacto a partir de una simple etiqueta arrojada a la basura unos días atrás.

El peligro digital oculto en los códigos QR

Los códigos QR impresos en las etiquetas de Mercado Envíos tienen funciones logísticas específicas para optimizar el escaneo automático en las cintas de clasificación. No obstante, su presencia física abre una peligrosa puerta a vulnerabilidades digitales. Existe una modalidad donde los estafadores los dejan en falsos avisos de "visita fallida" adheridos a las puertas de las casas de compradores, cuyos datos fueron recolectados porque no desecharon bien la etiqueta de una compra anterior.

Si un comprador comete el error de escanear estos códigos maliciosos con su cámara, no accederá a la plataforma legítima para el seguimiento de su pedido. Por el contrario, el código puede dirigirlo hacia una página fraudulenta diseñada para capturar sus credenciales de acceso a Mercado Pago. En casos de mayor sofisticación técnica, el simple escaneo inicia la descarga automática de un virus troyano bancario.

Este software malicioso se oculta en el dispositivo móvil y captura las pulsaciones del teclado para robar las claves de acceso al banco personal de la víctima. Las recomendaciones de los expertos en seguridad informática son claras: el consumidor debe rastrear sus envíos únicamente a través de la aplicación oficial, y debe evitar por completo el uso de la cámara sobre códigos QR adheridos a cajas sospechosas.

Guía para la destrucción de etiquetas

Frente a la gravedad de los riesgos expuestos, la disposición final de los envases requiere un protocolo en los hogares argentinos. La destrucción del cartón no alcanza para proteger la privacidad; la etiqueta requiere un trato idéntico al de un documento bancario confidencial.

Los métodos de destrucción física representan el primer paso para prevenir el robo de datos. Si el usuario cuenta con acceso a una máquina trituradora de papel, la acción ideal es retirar la etiqueta de la bolsa y procesarla en el equipo. Esto convierte el documento en miles de fragmentos irrecuperables.

Como segunda opción, se recomienda el tachado exhaustivo con un marcador de seguridad permanente de punta gruesa y tinta negra muy opaca. Es fundamental realizar trazos circulares sobre el nombre, la dirección, el número de seguimiento y los códigos de barras. El movimiento circular previene que una fuente de luz fuerte permita leer el relieve de la impresión original a través de las marcas de tinta.

Sin embargo, los métodos más rápidos y efectivos se basan en la propia tecnología del material impreso. La mayoría de las etiquetas de comercio electrónico modernas utilizan papel de impresión térmica directa. A diferencia de los métodos tradicionales, estas etiquetas carecen de cartuchos de tinta. El papel cuenta con un recubrimiento especial de químicos reactivos que cambian de color ante la exposición al calor del cabezal de la impresora. Esta propiedad química particular es el gran punto débil de la impresión, y permite borrar la información con un esfuerzo mínimo.

La aplicación de una fuente de calor localizado resulta devastadora para los datos. Si el usuario acerca un simple encendedor a una distancia prudente del papel, o le aplica el aire caliente de un secador de cabello al máximo nivel, la etiqueta entera se tornará de color negro sólido de forma casi inmediata. Este fenómeno se explica por la activación masiva de los compuestos químicos en toda el área de la superficie. El resultado elimina por completo el contraste visual y borra los datos para siempre.

El uso de sustancias de fácil acceso en el hogar ofrece otra vía de solución impecable. El alcohol isopropílico o el alcohol etílico común actúan como disolventes potentes contra la capa de recubrimiento del papel térmico. Si se frota un trozo de algodón humedecido con alcohol sobre las letras, la información impresa se desvanece de inmediato frente a los ojos del consumidor, y deja el papel totalmente en blanco.

Finalmente, para aquellas etiquetas rebeldes con un adhesivo industrial que dificulta el despegue de la caja, el aceite de cocina o el vinagre blanco aportan la solución definitiva. Al empapar la superficie de la etiqueta con estos líquidos y permitir su reposo por breves minutos, el adhesivo pierde sus propiedades de agarre de manera dramática. Este método natural permite retirar la totalidad del papel sin dejar restos pegajosos sobre el cartón que puedan albergar trozos de información confidencial.

El marco legal de la protección de datos en la Argentina

La preservación de los datos personales en la Argentina encuentra su fundamento en la Ley Nacional 25.326 de Protección de Datos Personales. Esta normativa establece reglas y obliga a las empresas a resguardar la información de los clientes durante todo el ciclo comercial. La Agencia de Acceso a la Información Pública dictamina que las plataformas de comercio electrónico y los diversos proveedores logísticos mantienen la responsabilidad absoluta sobre la confidencialidad de la caja hasta el preciso instante de la entrega en el domicilio.

Una vez consumada la recepción del producto, desde ese momento exacto, el consumidor se convierte en el único custodio de su propia identidad física. Sin embargo, en el caso de que un consumidor sufra una estafa a causa de una filtración de datos provocada por un mal manejo interno de la compañía antes de la entrega, la víctima retiene el derecho de accionar por la vía legal.

El usuario puede ingresar reclamos formales en las oficinas de Defensa del Consumidor ante la falta de medidas preventivas de seguridad en la prestación del servicio logístico. De forma paralela, puede radicar denuncias penales en la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia para documentar el uso fraudulento de su identidad.

¿Cómo resguardar la identidad digital?

El análisis de los riesgos asociados a la logística del comercio electrónico en la Argentina revela una contradicción en los hábitos de la sociedad moderna. Mientras las entidades corporativas destinan sumas millonarias a la infraestructura de ciberseguridad, a los sistemas de encriptación y a la prevención del fraude virtual, información sensible de sus clientes sale a transitar por la calle impresa sobre un papel vulnerable, sin ninguna capa de protección física.

La transición hacia una economía virtual no logró erradicar los peligros del mundo real; solamente alteró su forma. En la actualidad, un inofensivo cesto de basura ubicado en la vereda de un edificio de departamentos puede albergar más inteligencia táctica para el crimen organizado que un servidor empresarial mal configurado.

La destrucción metódica de cada etiqueta de paquetería recibida en el domicilio ya no representa un acto de paranoia aislada, sino una rutina básica de supervivencia en un escenario donde la identidad personal es un botín codiciado por las mafias. La próxima vez que un paquete llegue a tu hogar, recordá que ese adhesivo cuenta parte de tu vida comercial e indica la ubicación de tu familia. La seguridad real de tu información financiera solo alcanza su punto máximo cuando te encargás de destruir la etiqueta por completo con tus propias manos. Tu privacidad digital exige protección física.

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