ECONOMÍA DIGITAL

Del influencer al UGC: el trabajo con el que podés ganar más de u$s 2.500 por mes y manejar tus horarios

El auge de los creadores digitales transformó las formas de trabajar en redes: demanda, rentabilidad y nuevas estrategias en la economía colaborativa
Por L.C.
TECNOLOGÍA - 12 de Abril, 2026

La figura del creador de contenido digital quedó durante años pegada a un estereotipo: influencers que recomiendan productos frente a cámara en Instagram. Esa imagen ya no explica la realidad de una actividad que hoy combina producción audiovisual, estrategia digital, lectura de métricas, vínculo con marcas y administración de un trabajo independiente.

En la Argentina, esta profesionalización se cruzó con un ecosistema que empezó a ofrecer nuevas vías de monetización. Desde campañas de contenido para marcas hasta programas de afiliación como el que acaba de expandir Mercado Libre en el país.

El programa está orientado a que cualquier persona mayor de 18 años pueda generar ingresos recomendando productos mediante enlaces personalizados. La comisión llega hasta 15% del valor de la venta, acreditado directo en Mercado Pago.

El dato no es menor. Muestra hasta qué punto la economía de creadores dejó de ser un fenómeno lateral para convertirse en una capa concreta del trabajo digital.

Según la compañía, en la Argentina el volumen de ventas generado por afiliados creció más de 800% entre el tercer y cuarto trimestre del año pasado. Un movimiento que funciona como indicador de un mercado en expansión.

Y de una práctica que ya no depende únicamente de tener celebridad online, sino de entender reglas, intermediarios, herramientas y formatos cada vez más definidos para públicos masivos y especializados.

Ese cambio también modificó la naturaleza del oficio. Porque hoy crear contenido no supone solamente "subir posteos".

Supone diseñar piezas capaces de funcionar dentro de campañas, conversar con una audiencia específica y responder a objetivos que pueden ir desde el posicionamiento hasta la conversión comercial.

Qué hace realmente un creador de contenido digital

En términos prácticos, un digital content creator puede trabajar para su propia marca personal. O para marcas de terceros. O para agencias que tercerizan producción.

También para plataformas que pagan por afiliación. O para clientes que necesitan piezas de UGC (user generated content), es decir contenido generado por usuarios que luego circula en los canales de la empresa y no necesariamente en la cuenta del creador.

Ariana de la Fuente, especialista en creación de contenido y estrategia digital, propone incluso invertir la pregunta clásica sobre el oficio.

"Yo invertiría la pregunta y diría: ¿qué no hace un creador de contenido digital?", plantea.

Y agrega que al comenzar "hacés absolutamente todo sola: recibís las propuestas de las marcas, pensás la creatividad, grabás el contenido, elegís los outfits, editás el material y, una vez que la marca lo valida, recién ahí está listo para publicarlo".

La descripción resulta útil porque baja a tierra un trabajo que muchas veces se ve solo en su superficie visible. Cuando en realidad detrás de cada video breve existe una cadena de decisiones que incluye preproducción, escritura, actuación, edición y criterios de marca.

De la Fuente amplía esa idea al recordar que, una vez terminado el contenido, empieza otra etapa menos visible pero igual de central.

"Después viene otra parte igual de importante: emitir la factura, gestionar el cobro y enviar la documentación al sector correspondiente".

Un tramo administrativo que muestra hasta qué punto la profesión también exige orden, seguimiento y nociones de gestión.

Del canje informal al trabajo profesional con factura y cobro

Ese pasaje entre una práctica informal y una actividad profesional aparece con claridad cuando la especialista repasa la evolución del sector.

"Al principio este trabajo estaba muy poco valorado" y "muchas colaboraciones eran por intercambio", recuerda De la Fuente.

La palabra "canje" durante mucho tiempo sintetizó el vínculo entre marcas y creadores emergentes. Un producto o servicio gratis a cambio de una mención en redes.

Pero eso cambió. "Hoy ya está claro que se puede vivir de esto, que el tiempo y el trabajo de los creadores tienen valor, y que las marcas lo reconocen cada vez más".

Una definición que ayuda a leer el fenómeno ya no como moda sino como reorganización del trabajo digital.

En ese marco, el crecimiento del UGC abrió una puerta adicional. Permitió que muchas personas ingresaran al mercado sin necesidad de construir primero una comunidad masiva o una identidad pública como influencer.

Algo que durante años funcionó como barrera de entrada.

Qué es el UGC y por qué cambió las reglas del juego

Julián Ocampo, fundador de la primera escuela de creadores UGC en Latinoamérica, lo explica con una diferencia concreta.

Mientras el influencer cobra por la pieza de contenido y por el acceso a su comunidad, el creador UGC presta un servicio de producción para que la marca utilice luego ese material en sus propios canales.

La distinción cambia la lógica del negocio. Y también amplía el perfil de quienes pueden participar.

En este esquema, el activo principal no es la cantidad de seguidores sino la capacidad para generar un contenido verosímil, claro, adaptable a una consigna y alineado con el consumidor que la marca quiere representar.

El mismo referente del sector enumera entre los formatos más pedidos:

  • Unboxings
  • Reseñas
  • Demostraciones de uso
  • Tutoriales
  • Videoblogs para servicios como hotelería, gastronomía o belleza

Piezas que suelen buscar una estética de experiencia cotidiana antes que una terminación publicitaria tradicional.

Esa ampliación del mercado explica por qué hoy se ven perfiles muy distintos dentro del ecosistema.

Desde jóvenes que lo hacen en paralelo con estudios universitarios hasta personas con otros trabajos, madres, padres o mayores de 50 que encontraron en esta actividad una vía de ingreso adicional o principal.

Según Ocampo, se trata de un universo "súper diverso". La habilidad a desarrollar es aprender a grabarse, producir, hablar a cámara, editar y adaptar guiones para distintos negocios.

Una definición muy cercana a la prestación concreta de un servicio creativo.

Cuánto se gana como creador de contenido en Argentina

Cuando la conversación pasa a los ingresos, el sector se vuelve más heterogéneo. Conviven campañas pagas para cuentas personales, producción UGC por pieza, acuerdos de embajadores, venta de cursos o asesorías, comisiones por afiliación y usos extendidos del material en publicidad o en otros mercados. Aun con esa dispersión, distintas fuentes del sector coinciden en que un creador de contenido que trabaja de manera sostenida con marcas o proyectos propios puede alcanzar ingresos promedio cercanos a u$s2.500 mensuales en la Argentina.

Con pisos y techos muy variables según experiencia, rubro, nivel de profesionalización y cantidad de clientes. Desde el lado de las campañas tradicionales en redes, De la Fuente ofrece una referencia de mercado que ayuda a dimensionar la escala que puede adquirir la actividad cuando hay marca personal consolidada.

"Un Digital Content Creator puede cobrar, por una campaña con una marca únicamente con presencia en redes sociales, desde $2.000.000 en adelante", detalla la especialista.

En el terreno específico del UGC, en cambio, los montos suelen calcularse por pieza o por paquete de entregables. Allí pesan factores como el tipo de video, la duración, los derechos de uso, la exclusividad, la plataforma, el nicho y el grado de expertise del creador frente a cámara.

Carolina Cukier, socia y directora general de Liquid Agencia, especializada en comunicación digital, ubica hoy a los microcreadores en una franja que va "entre canje y hasta u$s50". Mientras que los nanocreadores "ya empiezan a negociar más llegando hasta u$s70". Aunque subraya que se trata de un mercado sensible y con múltiples variables que todavía sigue acomodando referencias.

Qué buscan hoy las marcas en un creador de contenido

Más allá de los valores puntuales, Cukier introduce una clave que explica por qué el formato ganó espacio dentro de los presupuestos de marketing. Las marcas empezaron a priorizar credibilidad, cercanía y comprensión del lenguaje de plataforma por encima de la espectacularidad o del volumen de audiencia.

"Hoy las marcas no están buscando necesariamente influencers con grandes comunidades, sino también perfiles que funcionen como consumidores reales frente a cámara", explica la ejecutiva.

El foco está puesto en la autenticidad y en la capacidad de generar confianza antes que en el alcance como único indicador. Ese cambio también modificó el tipo de talento requerido. Porque ya no alcanza con "verse bien en cámara" si el contenido no logra retener la atención en los primeros segundos.

Cukier precisa que hoy se valoran creadores que entiendan la estructura de un buen gancho inicial, un desarrollo claro y un cierre con llamado a la acción. Además de conocer los códigos narrativos de TikTok y reels, donde la naturalidad construida suele ser más efectiva que una producción excesivamente pulida. La demanda, además, se volvió más segmentada. Las marcas buscan personas que encarnen de forma reconocible los mundos a los que quieren hablar.

No perfiles indiferenciados que puedan promocionar cualquier cosa sin contexto. Por eso crece el interés por nichos específicos como madres, profesionales de la salud, personas 30, deportistas, techies o foodies. Un criterio que también aparece en la experiencia del fundador de la escuela UGC, quien cuenta que las empresas piden desde personas con determinada edad o idioma hasta creadores con tatuajes, rulos o habilidades particulares según el producto a comunicar.

Esa especialización no solo abrió trabajo para quienes están frente a cámara sino también para perfiles que operan alrededor del contenido. Una capa menos visible pero cada vez más necesaria dentro de agencias, marcas y estudios de producción. La propia Cukier identifica nuevas tareas como scouting de creadores, dirección creativa orientada a publicidades, negociación de derechos de uso, edición pensada para performance y análisis de resultados.

Un entramado que muestra que la profesionalización del sector ya no depende de un solo rostro sino de una cadena completa de oficios digitales.

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