CONECTIVIDAD

Telcos, bajo amenaza: gigante Starlink prepara su propia red de telefonía móvil

El mercado de telefonía móvil abarca cientos de millones de suscripciones y genera flujos de facturación anual muy superiores a los de Internet satelital
Por César Dergarabedian
TECNOLOGÍA - 27 de Junio, 2026

La industria de las telecomunicaciones enfrenta un punto de quiebre sin precedentes. SpaceX, la corporación aeroespacial conducida por el magnate sudafricano-estadounidense Elon Musk, tiene a través de Starlink en la mira el mercado de la telefonía móvil de consumo masivo. El plan inicial de la compañía apuntaba a ofrecer cobertura satelital de emergencia en zonas rurales a través de acuerdos con las operadoras tradicionales. Sin embargo, la firma ahora evalúa comercializar abonos mensuales de forma directa a los usuarios, sin pasar por los prestadores terrestres de siempre.

En una presentación reciente ante inversores, previa a una oferta pública de venta, Gwynne Shotwell, presidenta de SpaceX, confirmó que el grupo analiza el lanzamiento de un servicio minorista de telefonía móvil bajo la marca Starlink. Shotwell incluso abrió la puerta a la construcción de una red terrestre propia en los Estados Unidos para reforzar la señal emitida desde el espacio. Con ese movimiento, la corporación quedaría en competencia directa con gigantes como AT&T, Verizon y T-Mobile.

El negocio detrás del salto al celular

La motivación financiera de este viraje resulta evidente. El mercado tradicional de telefonía móvil abarca cientos de millones de suscripciones y genera flujos de facturación anual muy superiores a los del negocio de Internet satelital de banda ancha residencial. Al prescindir de las prestadoras terrestres, SpaceX busca capturar una porción mayor del ingreso promedio por usuario.

Esta decisión responde también a la necesidad de encontrar nuevos motores de crecimiento, en un escenario donde el mercado de banda ancha fija rural empieza a mostrar signos de saturación en las geografías más desarrolladas.

La reciente emisión de acciones de SpaceX por 25.000 millones de dólares ilustra la magnitud del financiamiento necesario para esta expansión. Los inversores exigen crecimiento sostenido, y el mercado de la telefonía móvil minorista ofrece exactamente ese horizonte. Si la empresa aeroespacial decide comercializar abonos de forma autónoma y gestionar la relación directa con el cliente, el equilibrio de poder en la industria cambiará de raíz.

Los usuarios dejarán de ver al sistema satelital como un servicio auxiliar subordinado a la facturación de su operador habitual. Starlink pasará a competir de igual a igual, con capacidad de dar cobertura universal tanto en el campo como en las grandes ciudades.

La adquisición del espectro: la clave del proyecto de autonomía

Para lograr esa independencia absoluta, SpaceX ejecutó una operación financiera de enorme envergadura. La firma adquirió las licencias de espectro radioeléctrico de la empresa EchoStar por una cifra cercana a los 17.000 millones de dólares. Con esa transacción obtuvo un bloque de 65 MHz de espectro de uso exclusivo en el territorio estadounidense. El paquete incluye tres bandas específicas: 15 MHz en la banda AWS-3, 40 MHz en la banda AWS-4 y 10 MHz en la denominada H-Block.

Contar con espectro propio es fundamental para cualquier aspirante a operador móvil. Los sistemas basados en frecuencias compartidas padecen limitaciones severas de velocidad y capacidad que impiden ofrecer un servicio de alta calidad. Con la posesión exclusiva de esos 65 MHz, SpaceX estima un aumento de capacidad de red superior a cien veces respecto de sus sistemas de primera generación.

La meta de la compañía es brindar conectividad de quinta generación (5G) pero emitida desde la órbita baja hacia cualquier teléfono móvil inteligente convencional. Las proyecciones técnicas indican que, con la integración de todas esas frecuencias, el sistema podría alcanzar capacidades de descarga de hasta 18,6 Mbps por haz satelital.

Trabas legales y un fondo de garantía de 2.400 millones

A pesar de la aprobación de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de los Estados Unidos en mayo, la transacción por el espectro de EchoStar enfrenta obstáculos legales de peso considerable.

El organismo regulador exige a EchoStar la constitución de un fondo de garantía de 2.400 millones de dólares, destinado a asegurar el pago de deudas previas con proveedores de infraestructura y fibra óptica, tras el fallido intento de esa empresa por consolidar su propio operador móvil. EchoStar advirtió a las autoridades que la inmovilización de semejante capital podría poner en riesgo el cierre definitivo del traspaso del espectro, previsto para finales de 2027.

Torres en el espacio: los desafíos físicos del enlace directo

El desarrollo del servicio "Direct to Cell" exige resolver problemas físicos y electromagnéticos de enorme complejidad. La conexión de celulares convencionales, sin modificaciones de hardware, a satélites que se desplazan a más de 27.000 kilómetros por hora a 500 kilómetros de altura requiere una precisión técnica absoluta. Un teléfono móvil inteligente emite señales de radio con una potencia muy baja, de apenas entre 0,2 y 2 vatios, a través de una pequeña antena omnidireccional.

Para captar esa débil emisión, cada satélite de órbita baja debe incorporar antenas de matriz en fase de gran tamaño y alta sensibilidad. En el caso de las plataformas de SpaceX, esas antenas alcanzan los 25 metros cuadrados. Los Starlink V2 Mini actúan en la práctica como torres de telefonía celular emplazadas en el espacio exterior. Emplean protocolos estándar de telefonía 4G LTE y 5G, y el teléfono móvil del usuario detecta la señal del satélite de la misma manera en que identifica una red terrestre de itinerancia convencional.

El veloz desplazamiento de los vehículos espaciales genera un intenso efecto Doppler, fenómeno que altera la frecuencia de la señal de radio cuando la fuente se acerca o se aleja del usuario en tierra. Para mitigar ese inconveniente, SpaceX desarrolló algoritmos especiales que compensan las variaciones de frecuencia en tiempo real y coordinan el traspaso de la conexión entre los distintos satélites en órbita. La latencia de este enlace se ubica entre los 30 y los 50 milisegundos, un valor apto para sostener llamadas de voz y aplicaciones de uso cotidiano.

Por qué el satélite no puede reemplazar por completo a la antena terrestre

A pesar de la enorme capacidad de la constelación satelital, las leyes de la física impiden un reemplazo total de las antenas terrestres en zonas de alta densidad urbana o en el interior de edificios complejos. Las señales provenientes de satélites en órbita sufren una fuerte atenuación al atravesar muros de hormigón, sótanos o techos metálicos. En esos entornos cerrados, las señales horizontales de torres terrestres cercanas resultan indispensables para garantizar una conectividad sin interrupciones.

Ese límite técnico es el que fundamenta el plan de Shotwell de construir infraestructura celular terrestre propia. Al contar con espectro nacional y excepciones regulatorias para combinar tecnologías terrestres y espaciales, SpaceX tiene la flexibilidad de desplegar celdas físicas en ciudades clave. La compañía podría conformar una red híbrida donde el celular del usuario pase de forma automática de una antena terrestre en el centro de la ciudad a la señal satelital pura al salir a la ruta o cruzar áreas rurales deshabitadas.

El desarrollo de ese sistema propio demandará inversiones multimillonarias en redes físicas de transporte de datos y torres de telefonía móvil. Para evitar la lentitud y el costo extremo de construir miles de estaciones base desde cero, algunos analistas de telecomunicaciones sugieren una alternativa más rápida: la compra de un operador existente. T-Mobile, socio inicial de Starlink en las primeras etapas de esta tecnología, aparece como la opción más lógica para una eventual fusión. El control de una red ya operativa le daría a SpaceX acceso inmediato a millones de clientes y a un circuito de distribución físico consolidado.

Argentina: avance regulatorio firme con miras al futuro

El despliegue global directo al celular ya tiene sus primeros ensayos prácticos en América latina, donde la geografía montañosa, selvática y de enormes extensiones rurales otorga a esta tecnología un valor de conectividad inmediato. Chile y Perú se convirtieron en los pioneros de la región tras la activación de los primeros servicios comerciales de mensajería satelital directa, en asociación con la operadora Entel, a finales de 2025.

En la Argentina, el ingreso del gigante aeroespacial avanza a través de las resoluciones del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom). El organismo regulador autorizó a la compañía a operar en segmentos de frecuencia que aún no estaban atribuidos al servicio fijo por satélite en el país. En particular, la Resolución 372/2026 habilitó a Starlink Argentina S.R.L. a utilizar diversas bandas en el rango W (92-94 GHz, 94,1-95 GHz, 95-100 GHz, 102-109,5 GHz y 111,8-114,25 GHz), destinadas al funcionamiento de estaciones terrenas de nueva generación, denominadas Gateways Versión 5.

Según la información oficial del Enacom, esa autorización permitirá triplicar la capacidad de la red, aumentar la reutilización del espectro radioeléctrico, incrementar la densidad de usuarios y reducir el riesgo de interferencias. Durante foros recientes del sector, el interventor del Enacom, Juan Martín Ozores, destacó los avances del servicio en el país. Con una base estimada en cerca de 800.000 usuarios de banda ancha en el territorio nacional, Starlink ya figura entre los principales proveedores del país.

Aunque el servicio comercial directo al celular aún no fue lanzado de forma masiva e independiente para los usuarios argentinos, las bases regulatorias y técnicas avanzan con paso firme. La extensión del territorio argentino, con vastos vacíos de conectividad en la Patagonia, la región cordillerana y las zonas agropecuarias, convierte a la tecnología aeroespacial en una alternativa atractiva para romper el aislamiento digital de millones de ciudadanos.

Cerca del 30 por ciento de la población rural argentina carece de conectividad estable, un déficit severo para el desarrollo de la educación, el trabajo y la salud en áreas apartadas. Al eliminar la exigencia de instalaciones fijas, la red satelital reduce las barreras de acceso y permite a teléfonos comunes mantener comunicación en rutas nacionales, campos y pequeñas localidades.

Los primeros beneficiarios directos serán los trabajadores rurales, los prestadores de servicios en zonas costeras y las comunidades alejadas de los grandes centros urbanos. Además, la conexión satelital aportará un soporte vital para la atención médica remota, la educación a distancia y la seguridad en corredores viales aislados.

Si SpaceX avanza con su plan de independencia a nivel global, las operadoras de telefonía móvil de Argentina enfrentarán un escenario comercial sin precedentes. Empresas consolidadas como Personal y Claro deberán competir contra un proveedor capaz de ofrecer cobertura en la totalidad del país, sin la obligación de instalar costosas antenas terrestres en zonas de baja densidad demográfica.

Respecto de los costos proyectados, se baraja la posibilidad de ofrecer el acceso satelital a cerca de 10 dólares mensuales, en línea con los valores pautados en otros mercados del continente. La decisión definitiva dependerá de las condiciones de mercado y de las pautas que fije el Estado nacional.

Los teléfonos móviles que ya son compatibles sin antenas adicionales

Una ventaja operativa fundamental del sistema reside en la ausencia de equipos costosos o antenas adicionales para el usuario final. El servicio funciona directamente con los celulares comunes, aunque existen requerimientos técnicos precisos. El dispositivo debe contar con un módem compatible con redes LTE o 5G apto para el estándar 3GPP versión 10 o superior. En materia de software, el sistema exige sistemas operativos actualizados, como mínimo Android 12 o iOS 16.

Fabricantes de relevancia como Apple, Samsung y Motorola ya tienen en el mercado múltiples modelos aptos para este tipo de conexión. El proceso ocurre de forma automática e imperceptible: al perder la señal de las antenas terrestres habituales, el módem del teléfono busca redes alternativas y se enlaza con el satélite más cercano en órbita. En la pantalla aparecerá el nombre de la red espacial, señal de que la conexión satelital directa está activa.

La competencia aeroespacial: otra arquitectura, otra apuesta

SpaceX no es la única en esta carrera por el control de la conectividad celular desde el espacio. AST SpaceMobile, una firma respaldada con capital de AT&T y Vodafone, construye una red basada en antenas de gran tamaño. Mientras Starlink utiliza antenas relativamente pequeñas montadas en una gran cantidad de satélites, AST SpaceMobile despliega naves bautizadas como BlueBirds con matrices de fase de casi 64 metros cuadrados, más del doble de la superficie de los equipos de Musk.

Esa mayor envergadura de antena proporciona en teoría un ancho de banda muy superior por cada satélite, con velocidades de internet más altas en lugar de limitarse a mensajería o transmisión elemental de datos. La contrapartida está en los tiempos de despliegue. SpaceX puede fabricar y lanzar satélites a un ritmo sin comparación gracias a su flota de cohetes reutilizables Falcon 9, mientras sus competidores enfrentan desafíos logísticos y financieros considerables para poner en órbita plataformas de semejante peso.

Las operadoras tradicionales contraatacan con lobby y litigios

El ingreso de SpaceX en el segmento minorista de telefonía móvil representa un peligro extremo para la rentabilidad de las empresas de telecomunicaciones tradicionales. El modelo de Starlink cuenta con ventajas de costos formidables, con márgenes de rentabilidad muy superiores a los promedios de la industria. La fortaleza de la compañía espacial reside en la economía de escala y en la universalidad de su señal.

Una torre de telefonía móvil terrestre requiere desembolsos continuos en alquiler de parcelas, mantenimiento de equipos, suministro de energía y enlaces de transporte de datos. En localidades pequeñas o zonas suburbanas de baja densidad, esos costos operativos suelen dejar a las antenas terrestres al borde de las pérdidas contables.

Si Starlink logra capturar directamente una porción considerable de los abonados de esas zonas, la operación de la infraestructura terrestre restante dejará de ser viable para las empresas locales. Ese escenario podría empujar a los operadores a apagar antenas en zonas no urbanas, lo que aceleraría la migración total de los usuarios rurales hacia la plataforma de SpaceX.

Frente a ese panorama, los operadores tradicionales reaccionaron en dos frentes: la presión sobre los entes reguladores y las alianzas defensivas. En el plano legal y administrativo, AT&T y Verizon desplegaron una intensa actividad de presión política para frenar la concesión de permisos de transmisión a SpaceX. El argumento central se apoya en el presunto riesgo de interferencias en las bandas de frecuencia terrestres adyacentes de sus propias redes. Sin embargo, las pruebas de emergencia coordinadas por SpaceX durante recientes huracanes demostraron un funcionamiento sin fallas del sistema en escenarios reales.

La batalla diplomática por las frecuencias a escala global

Dado que las órbitas de los satélites no respetan fronteras, el despliegue global de la telefonía directa al dispositivo requiere una profunda coordinación internacional. El verdadero campo de negociaciones para validar la viabilidad de este servicio a escala planetaria se ubica en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo mundial encargado de armonizar el espectro de frecuencias de radio.

El foco de la discusión intergubernamental se concentra en los preparativos de la próxima Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 2027, la WRC-27. Comités técnicos analizan la posibilidad de asignar nuevas porciones del espectro móvil por satélite en el rango de frecuencias comprendido entre los 694 MHz y los 2,7 GHz, franja que corresponde exactamente a las frecuencias que usan los teléfonos inteligentes de todo el mundo. El objetivo es facilitar la complementariedad entre redes espaciales y terrestres sin generar interferencias en los servicios ya en marcha.

Los operadores móviles convencionales exigen límites estrictos de emisión de potencia fuera de banda para todas las transmisiones satelitales, a fin de evitar la degradación del servicio telefónico en sus redes adyacentes. Persiste además la preocupación por la posibilidad de que un satélite con alta potencia de emisión sobre un determinado país genere interferencias perjudiciales en las torres celulares del país vecino.

Por esos riesgos, las autoridades regulatorias de diversas regiones del mundo insisten en someter el funcionamiento de las constelaciones de telefonía directa al celular a marcos de coordinación bilateral restrictivos. La normativa vigente obliga a cualquier operador de tecnología satelital a tramitar autorizaciones formales en cada país soberano antes de habilitar la transmisión de sus señales. Ese escenario administrativo frena los planes de SpaceX y limita la posibilidad de instaurar una oferta móvil de acceso global de forma completamente unilateral.

El mercado celular en vísperas de una reconfiguración profunda

La arquitectura de las telecomunicaciones móviles atraviesa un proceso de reconfiguración profunda. Las barreras técnicas y los requisitos de infraestructura física que durante décadas protegieron a las compañías telefónicas terrestres de la competencia externa ceden posiciones ante el ritmo constante de lanzamientos de satélites de órbita baja y la adquisición de espectro radioeléctrico exclusivo.

El triunfo definitivo de la propuesta de SpaceX dependerá de la capacidad de sus ingenieros para superar los límites físicos del espacio, y de la habilidad de sus directivos para vencer las trabas regulatorias impuestas por el lobby de las operadoras tradicionales en los organismos internacionales.

De consolidarse esta tendencia en los próximos años, el mercado de la telefonía móvil avanzará hacia una competencia netamente asimétrica. En ese escenario, el espacio exterior y la infraestructura terrestre se fundirán en una única red interconectada, capaz de proveer un canal de comunicaciones sin interrupciones en todos los rincones del planeta.

Los usuarios comunes serán los principales beneficiarios de un entorno comunicacional verdaderamente universal, mientras los actores tradicionales del negocio celular deberán reinventar sus modelos operativos para sobrevivir en un mercado que hace tiempo dejó de reconocer las fronteras geográficas de la Tierra.

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