Ni la voz ni el "body": cómo hace Taylor Swift para blindar su imagen de los deepfakes
La vieja frase que decía que la imitación es la mejor forma de elogio quedó totalmente obsoleta, y la cantante estadounidense Taylor Swift lo sabe mejor que nadie. En plena expansión de la inteligencia artificial (IA), la máxima estrella del pop mundial decidió no quedarse de brazos cruzados y lidera una avanzada legal en las oficinas de patentes para proteger su identidad frente a los algoritmos que clonan rostros y voces sin permiso.
El avance de esta tecnología facilita procesos productivos, pero también abre la puerta a fraudes visuales y desinformación. Swift padeció este problema en carne propia cuando circularon imágenes hiperrealistas generadas por computadora que simulaban un apoyo explícito de su parte a candidaturas presidenciales. "Despertó mis miedos en torno a la IA y los peligros de difundir información falsa", reconoció la artista en sus redes sociales tras condenar el uso de su figura en campañas políticas.
El escudo legal de Taylor Swfit
Para frenar estos abusos, la cantante activó una estrategia de resguardo mediante su firma empresarial, TAS Rights Management. Swift presentó solicitudes de marca registrada para bloquear el uso no autorizado de sus frases habladas más características, como "Hey, it's Taylor Swift" y "Hey, it's Taylor".
El blindaje no se limita a la voz. La artista también patentó una imagen sumamente específica de su última gira mundial: una fotografía donde aparece de pie en un escenario rosa, vestida con un body iridiscente, botas plateadas y sosteniendo su icónica guitarra rosa frente a un micrófono multicolor. Con esto, cualquier plataforma o usuario que intente lucrar con su estética en el entorno digital se enfrentará a severas consecuencias legales.
Una tendencia que arrastra a todo Hollywood
La firme postura de Swift funciona como un faro para otras celebridades que sufren el descontrol de las plataformas digitales. Empresas tecnológicas de renombre enfrentan duras críticas y demandas por entrenar modelos de lenguaje con obras protegidas o por permitir la creación de clips y fotos no consentidas.
A la par de la cantante, figuras como Matthew McConaughey ya registran expresiones clásicas de sus películas bajo el mismo argumento: la pasividad no alcanza cuando hay tanto dinero en juego en el negocio tecnológico. El conductor Jimmy Kimmel patentó hasta los cambios de tono de su monólogo de apertura, mientras que músicos históricos como Lionel Richie y los Backstreet Boys corrieron a blindar sus estribillos y saludos grupales más famosos.
Taylor Swift marca el camino en una industria audiovisual que busca reglas claras, demostrando que el esfuerzo, la emoción y la identidad de una carrera no se pueden suplantar por un simple código informático.