La inteligencia artificial también entra a la cancha en el Mundial de fútbol 2026
Hace unos días, mientras miraba un partido del seleccionado argentino con amigos, surgió el debate. Ante una jugada anulada milimétricamente por el VAR, uno de ellos sostenía que tanta tecnología le estaba quitando la pasión al fútbol. Como ingeniero y entusiasta del mundo del software, mi mirada suele ir en la dirección opuesta.
Donde muchos ven una amenaza para la esencia del juego, yo veo un ecosistema hipercomplejo intentando sostenerse para que esa magia, justamente, no desaparezca. En el mundo de la tecnología solemos buscar laboratorios a gran escala para entender cómo funcionará el futuro, y no hay laboratorio más grande ni más exigente que un Mundial.
El Mundial como laboratorio: una historia de hitos tecnológicos
Si uno mira la historia de las Copas del Mundo con cierta perspectiva, encuentra un patrón. México 1970 marcó un punto de inflexión con la transmisión satelital en vivo, que permitió seguir un mismo partido en simultáneo desde distintos continentes. Décadas más tarde, Francia 1998 introdujo al público en la era de internet masivo a través de los primeros sitios de resultados en tiempo real, mientras que ediciones recientes como Rusia 2018 y Qatar 2022 modificaron la matriz misma del reglamento con la implementación del VAR y el sistema de fuera de juego semiautomático.
El torneo suele anticipar, o al menos hacer visibles, algunos de los cambios tecnológicos más relevantes de cada época. No porque el fútbol los haya impulsado, sino porque su escala los expone como pocos fenómenos en un mundo globalizado.
IA: la capa invisible que gestiona la complejidad
Hoy nos enfrentamos a un nuevo salto, pero su naturaleza ha cambiado. Ya no se trata de herramientas puntuales, sino de una capa tecnológica estructural e invisible. En este escenario, la discusión sobre la inteligencia artificial (IA) acapara la atención, impulsada por ese mismo temor que escuché de mi amigo: la idea de que la IA viene a ordenar el juego, eliminar el error y borrar su incertidumbre.
Sin embargo, esa lectura parte de una premisa equivocada. La inteligencia artificial no llega para borrar la decisión creativa del jugador, sino para gestionar la inmensa complejidad del entorno que lo rodea.
Más allá del VAR: datos para potenciar el talento, no para reemplazarlo
La gran diferencia hoy radica en la escala de información. Un partido profesional genera millones de datos que ya pueden procesarse en tiempo real. En el campo de juego, esto permite a los cuerpos técnicos utilizar modelos predictivos para anticipar cargas físicas o detectar microlesiones mucho antes de que ocurran. No se busca reemplazar la intuición y el talento del entrenador, sino complementarlos con información crítica que antes era inabordable.
Estadios inteligentes: cuando la tecnología es el soporte vital
Fuera de la línea de cal, el desafío es aún más titánico. Los estadios modernos funcionan como verdaderas ciudades inteligentes de alta densidad donde se gestionan flujos de personas, consumos energéticos y seguridad predictiva en simultáneo. Cuando millones interactúan en un entorno sin margen de error, la tecnología deja de ser un lujo y pasa a ser el soporte vital del evento. Irónicamente, este entramado tecnológico es imperceptible para el espectador.
Sostener un evento de esta magnitud implica resolver problemas que exceden largamente lo deportivo. Por eso, el Mundial es también un espejo de otros sistemas modernos: las herramientas analíticas que validan una jugada en segundos son las mismas que hoy utilizan las organizaciones y empresas para gestionar riesgos, optimizar operaciones y escalar en contextos de alta incertidumbre.
Automatizar el caos para proteger la magia
Quizás la clave para asimilar este proceso sea quitarle su épica de ciencia ficción. La inteligencia artificial no viene a eliminar el potrero que tanto nos gusta. Su función es mucho más silenciosa. Automatizar la complejidad de muchas cosas sucediendo al mismo tiempo. Ordenando ese caos operativo, la tecnología permite una mayor expresión del juego, el entretenimiento y la creatividad. Se encarga de lo predecible para garantizar que lo verdaderamente imprevisible -ese instante de genialidad pura que mantiene vivo al fútbol- siga siendo el protagonista.
(*) Director general ejecutivo de Baufest.