El creador de ChatGPT advierte por la "atrofia cognitiva" en las personas por el uso de la IA
Sam Altman, CEO de OpenAI, acaba de poner sobre la mesa un riesgo de la inteligencia artificial que pocos están analizando. La "atrofia cognitiva" amenaza a quienes dejan que la IA piense demasiado por ellos.
El cofundador de la empresa detrás de ChatGPT plantea una paradoja inquietante. La misma tecnología que promete hacernos más productivos podría, al mismo tiempo, debilitar nuestras capacidades mentales básicas.
"Uno de los temas al que no creo que se preste suficiente atención es cómo vamos a evitar la atrofia cognitiva", dijo Altman en el pódcast Invest Like the Best, publicado el martes.
La pregunta que planteó es directa: ¿cómo usar estas herramientas sin dejar de ejercitar el cerebro y sin perder de vista aquello que realmente importa?
Sus declaraciones llegan en un momento crítico. Cada vez más investigadores advierten que la IA generativa no solo ayuda a los trabajadores. También podría estar erosionando las habilidades cognitivas que sostienen su trabajo.
Qué dice la ciencia sobre el deterioro cognitivo por uso de IA
Nataliya Kosmyna, investigadora del Massachusetts Institute of Technology (MIT), es tajante. "Nunca antes había existido una herramienta que nos ofreciera la posibilidad de dejar que otro piense por nosotros", declaró a Business Insider.
Kosmyna dirigió un estudio preliminar que arroja resultados preocupantes. Las personas que usaban IA generativa para redactar ensayos obtenían peores resultados con el paso del tiempo que quienes recurrían a Google o trabajaban sin ayuda.
El hallazgo contradice la narrativa optimista de la industria tech. La productividad inmediata podría estar ocultando un costo diferido: el debilitamiento progresivo de capacidades mentales.
Vivienne Ming, neurocientífica teórica especializada en IA, ha ido más lejos. Bautizó este fenómeno como "sustitución crónica".
Ming explicó a Business Insider que esa sustitución repetida podría debilitar la reserva cognitiva, una de las principales defensas del cerebro frente a la demencia.
De chatbots a agentes: cuando la IA asume tareas complejas
Las preocupaciones se agravan a medida que la IA evoluciona. Ya no se trata solo de herramientas que responden preguntas o generan texto básico.
Los nuevos modelos empiezan a asumir tareas complejas. Revisión de documentos, investigación profunda, análisis estratégico, atención al cliente, programación avanzada. El salto cualitativo es enorme.
Altman no es el único CEO que alerta sobre esto. Arthur Mensch, consejero delegado de Mistral AI, declaró el año pasado a The Times que el mayor riesgo de la IA podría ser el "deskilling" (pérdida de habilidades profesionales).
Mensch advierte que las personas se volverían progresivamente más perezosas al depender de la tecnología para buscar información. Un ciclo vicioso: menos esfuerzo cognitivo, menos capacidad, más dependencia.
La visión "mágica" de Altman para el futuro de la IA
Pese a sus propias advertencias, Altman se mostró optimista durante la entrevista. Describió un escenario "bastante mágico" para los próximos años.
En su visión, una IA personal permanecería siempre activa. Leería documentos, escucharía reuniones, recordaría correos electrónicos de semanas atrás. Durante la noche, aprovecharía la capacidad de computación disponible para generar ideas y sugerir próximos pasos.
Sin embargo, Altman reconoció que incluso los modelos más avanzados seguirán teniendo dificultades para reproducir aquello que hace únicos a los seres humanos.
"Puede que el mundo necesite una nueva palabra para describir el tipo de juicio en el que las personas son realmente buenas y con el que la IA sigue teniendo enormes dificultades", concluyó el CEO de OpenAI.
La reflexión de Altman plantea un desafío de diseño y política pública. ¿Cómo construir herramientas de IA que potencien el pensamiento humano sin reemplazarlo? La respuesta definirá si esta tecnología nos hace más capaces o simplemente más dependientes.
La reflexión de Sam Altman sobre una semana laboral de cuatro días
Durante una entrevista en el podcast Relentless, Altman sostuvo que no cree que la IA permita alcanzar una semana laboral de apenas cuatro días o jornadas mucho más reducidas, una idea que desde hace años acompaña a cada gran revolución tecnológica.
"Durante mucho tiempo, la tecnología ha prometido a la gente que trabajará menos y tendrá mucho más tiempo libre. Por alguna razón, nunca vemos que la promesa de la semana laboral de cuatro horas llegue a la sociedad a gran escala. Y no espero que la IA cambie eso", afirmó el ejecutivo.
Para el creador de ChatGPT, el problema no está en la tecnología sino en el comportamiento humano. Según explicó, cada avance que mejora la productividad termina generando nuevas necesidades, aspiraciones y objetivos, en lugar de traducirse en más tiempo libre.
"Siempre queremos más. Pensamos en cosas nuevas que hacer, crear para los demás y desear para nosotros mismos", señaló Altman.
A su juicio, la competencia permanente entre personas y empresas hace que cualquier mejora en eficiencia se convierta rápidamente en nuevas exigencias de producción y crecimiento.
En ese sentido, sostuvo que incluso en un escenario de "superinteligencia", donde la IA alcance capacidades muy superiores a las actuales, las personas seguirán ocupadas.
"Creo que todos vamos a estar mucho más ocupados de lo que pensábamos en un mundo posterior a la superinteligencia. Seguiremos quejándonos, pero en secreto seremos felices", resumió.
La IA aumenta la productividad, pero también crea nuevas tareas
Las declaraciones de Altman coinciden con algunos estudios recientes que muestran que la inteligencia artificial no siempre reduce la carga laboral.
Una investigación publicada por Harvard Business Review, que siguió durante ocho meses el funcionamiento de una empresa tecnológica estadounidense, concluyó que la IA no simplifica necesariamente el trabajo, sino que modifica procesos y genera nuevas tareas.
En la misma línea, el informe Work AI Index, elaborado por el instituto Glean, reveló que los trabajadores dedican en promedio 6,4 horas por semana a supervisar el funcionamiento de las herramientas de inteligencia artificial.
Entre esas actividades aparecen la corrección de errores, la reformulación de instrucciones (prompts) y la revisión de respuestas generadas por los sistemas, una práctica que los investigadores denominaron botsitting.
Además, el estudio indicó que cerca del 70% de los empleados reconoció haber entregado contenido generado por IA sin revisarlo previamente.