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ALERTA

Sam Altman admitió que la IA transforma a las empresas más lento de lo que esperaba

El líder de una de las firmas más influyentes en tecnología reconoció que las soluciones basadas en IA generan desafíos para su integración empresarial
24/08/2026 - 10:15hs
Sam Altman, creador de OpenAI mirando a la cámara de frente

El crecimiento de OpenAI y la expansión de la inteligencia artificial generativa modificaron en pocos años el escenario tecnológico. Sin embargo, Sam Altman, director ejecutivo de la compañía creadora de ChatGPT, reconoció que una de sus principales previsiones no se cumplió al ritmo que imaginaba: la transformación de las empresas y de la economía a partir de la IA está siendo más lenta de lo esperado.

Durante una entrevista con el podcaster estadounidense David Senra, Altman repasó los primeros años de OpenAI, el desarrollo de los modelos GPT, el lanzamiento de ChatGPT y los desafíos que enfrenta la adopción de la inteligencia artificial. También se refirió a los riesgos vinculados con la concentración de poder y a la necesidad, según su visión, de que los usuarios mantengan capacidad de decisión sobre el futuro de esta tecnología.

Los primeros pasos de OpenAI en medio de la incertidumbre total

Altman recordó que los primeros días de OpenAI estuvieron marcados por la incertidumbre. Según relató, una de las primeras reuniones del equipo fundador se realizó en el apartamento de Greg Brockman y, una vez superado el entusiasmo inicial, surgió una dificultad concreta: todavía no estaba claro qué debían hacer ni cómo avanzar.

"Muy rápidamente, la energía en la sala colapsó y nadie sabía qué hacer", recordó Altman.

En ese momento, la organización tenía como objetivo avanzar hacia la inteligencia artificial general, conocida como AGI, pero no contaba con productos para el mercado ni con usuarios que permitieran medir el impacto de sus desarrollos.

La respuesta fue establecer una dinámica basada en la experimentación. "Intentamos todo lo que sabíamos hacer y, eventualmente, descubrimos que muchas cosas no funcionaban", explicó el CEO.

Altman vinculó esa metodología con la filosofía de iteración y lanzamiento temprano que había conocido durante su paso por Y Combinator. El proceso consistió en probar diferentes enfoques, analizar los resultados y descartar aquellas iniciativas que no ofrecían los resultados esperados.

El camino de OpenAI también incluyó decisiones para concentrar recursos en áreas consideradas prioritarias. Altman señaló que la compañía tuvo que abandonar o relegar algunos proyectos para enfocarse en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial y en la infraestructura informática necesaria para entrenarlos y ejecutarlos.

La apuesta por los modelos de lenguaje de gran escala se produjo, según contó, en un contexto en el que el objetivo de desarrollar inteligencia artificial general era recibido con escepticismo por parte de sectores de la comunidad tecnológica y científica.

"Nos cuestionaron fuertemente por decir que íbamos a buscar la AGI", recordó.

Con el desarrollo de GPT y, posteriormente, el lanzamiento de ChatGPT, OpenAI pasó de ser principalmente una organización enfocada en investigación a construir productos utilizados por millones de personas y empresas.

Altman también recordó una conversación con Peter Thiel sobre el potencial de ChatGPT. Según relató, Thiel comparó la herramienta con la simplicidad de la caja de búsqueda de Google: una interfaz en la que el usuario puede escribir prácticamente cualquier consulta y esperar una respuesta.

A partir de esa expansión, OpenAI fue incorporando nuevos productos y servicios, entre ellos ChatGPT, Codex y el acceso a sus modelos mediante una API para desarrolladores y empresas.

La confesión de Altman sobre la velocidad de adopción de la IA

Uno de los principales puntos de la entrevista fue el reconocimiento de Altman sobre la velocidad de adopción de la inteligencia artificial.

El CEO explicó que, tras la aparición de GPT-4, esperaba que la transformación de las empresas se produjera de manera mucho más rápida. Consideraba que buena parte del software empresarial y de los procesos internos podía modificarse con rapidez y que nuevas compañías tendrían mayores oportunidades para competir con estructuras ya consolidadas.

Sin embargo, esa previsión no se cumplió al ritmo esperado.

"Me equivoqué en unas cuantas cosas, pero una de ellas es en el ámbito de la velocidad: la economía tiene demasiada inercia", afirmó Altman.

Según explicó, la evolución de los modelos de IA puede ser muy rápida, pero la incorporación de esas herramientas a organizaciones y procesos de trabajo depende de otros factores.

Las empresas deben integrar nuevos sistemas, revisar cuestiones de seguridad, adaptar o migrar datos, capacitar empleados y modificar procedimientos que, en muchos casos, llevan años en funcionamiento. Por ese motivo, la posibilidad de utilizar una nueva herramienta de inteligencia artificial no implica necesariamente que una organización pueda transformar de inmediato toda su estructura.

Altman resumió esta situación al señalar que las personas y las empresas mantienen durante largos períodos sus hábitos, sus herramientas y sus formas de trabajo.

"La economía tiene muchísima inercia. La gente sigue haciendo las mismas cosas, sigue comprando en los mismos lugares, sigue usando sus herramientas de la misma forma", sostuvo.

La experiencia de OpenAI muestra una diferencia entre la rápida difusión de herramientas como ChatGPT entre los usuarios individuales y la incorporación más gradual de la inteligencia artificial en las organizaciones.

Una persona puede comenzar a utilizar un chatbot o una aplicación basada en IA en pocos minutos. En cambio, integrar esa tecnología a procesos internos puede requerir cambios en sistemas existentes, protocolos de seguridad, bases de datos y formas de trabajo.

Altman señaló que modificar por completo los hábitos y los flujos de trabajo resulta más complejo que simplemente poner a disposición una nueva tecnología.

"Estas cosas tienen que suceder poco a poco. Cambiar completamente los hábitos y flujos de trabajo de alguien es difícil", afirmó.

El CEO consideró que esa lentitud también puede funcionar como un mecanismo que permita una transición más gradual. La velocidad de evolución de los modelos no necesariamente tiene que coincidir con la velocidad con la que la sociedad, las empresas y las instituciones incorporan sus nuevas capacidades.

Los desafíos de infraestructura y el riesgo de concentración de poder

Otro de los desafíos mencionados por Altman es el crecimiento de la infraestructura necesaria para desarrollar y operar modelos cada vez más complejos.

El entrenamiento y funcionamiento de estos sistemas requiere una gran capacidad de cómputo, centros de datos, chips especializados y una extensa cadena de proveedores.

"Escalar el cómputo a este nivel requiere una cadena de suministro compleja", explicó.

Altman describió el proceso de expansión de la infraestructura tecnológica vinculada con la inteligencia artificial como un proyecto de una escala económica inédita.

La concentración de recursos en esta área también explica algunas de las decisiones tomadas por OpenAI para priorizar determinados desarrollos y dejar otros proyectos en segundo plano.

Durante la conversación, Altman también abordó los riesgos asociados con la evolución de la inteligencia artificial.

Por un lado, expresó preocupación por la posibilidad de que sistemas cada vez más avanzados superen la capacidad humana de controlarlos. Por otro, planteó el riesgo de que el acceso a estas tecnologías quede concentrado en un número reducido de empresas, gobiernos o personas.

"Queremos que las personas sigan teniendo el control del futuro", sostuvo.

En este punto, Altman planteó que el temor a los riesgos de la IA también podría llevar a aceptar restricciones excesivas sobre el acceso y el desarrollo de estas tecnologías.

Según su visión, existe el riesgo de que, en nombre de la seguridad, las sociedades terminen concentrando el control de la inteligencia artificial en pocos actores.

La estrategia de OpenAI, explicó, consiste en lanzar nuevas versiones de sus modelos de forma gradual, observar cómo son utilizadas y realizar ajustes a partir de la experiencia.

"Cada vez que logramos una nueva versión, la ponemos en el mundo y vemos qué funciona y qué no", señaló.

Este sistema permite, según Altman, obtener retroalimentación de los usuarios mientras se ajustan las medidas de seguridad y las capacidades de los productos.

Altman también se refirió al efecto que la inteligencia artificial podría tener sobre la creación de empresas.

El CEO sostuvo que las nuevas herramientas pueden reducir algunas de las barreras que enfrentan las personas para desarrollar productos, automatizar tareas o acceder a capacidades tecnológicas que antes requerían mayores recursos.

"Estamos a punto de ver el mayor auge de personas que empiezan pequeñas empresas que hayamos visto jamás", afirmó durante la entrevista.

"Creo que la IA está empoderando eso", agregó.

Su planteo se vincula con la posibilidad de que herramientas de inteligencia artificial permitan a equipos pequeños desarrollar tareas vinculadas con programación, diseño, análisis de información y producción de contenidos, entre otras áreas.

No obstante, su propio balance sobre la adopción empresarial introduce una diferencia entre la disponibilidad de estas capacidades y la velocidad con la que pueden transformar la economía.

Para Altman, los modelos de inteligencia artificial continuarán avanzando, pero la incorporación de esas herramientas dependerá también de la capacidad de las personas y las organizaciones para modificar sus hábitos y procesos.

La experiencia de OpenAI, según el relato de su CEO, pasó así de los primeros años de incertidumbre y experimentación al desarrollo de productos de alcance global. Sin embargo, uno de los principales desafíos actuales no está únicamente en mejorar la tecnología, sino en determinar a qué velocidad la economía y la sociedad incorporarán esos cambios.

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