IAdicción legal: cuando ChatGPT reemplaza al abogado y se pierden derechos sin saberlo
Cada vez más personas usan IA para resolver problemas legales sin consultar un profesional. Qué riesgos implica y cuándo puede costar un juicio
Un trabajador despedido consulta a ChatGPT antes de llamar a un abogado. La IA le calcula la indemnización, le explica sus derechos y le dice que el despido es válido. El trabajador acepta. Lo que ChatGPT no detectó: la empresa sabía que ese empleado se había postulado como representante sindical y estaba protegido por la Ley 23.551. Perdió derechos fundamentales porque confió en una respuesta que era razonable para el caso promedio, pero no para el suyo. La IAdicción llegó al mundo legal, y las consecuencias ya no son solo teóricas.
IAdicción es el término que especialistas consultados por iProfesional utilizan para referirse a una nueva dependencia: personas que delegan sistemáticamente en ChatGPT u otras IA sus decisiones, consultas, búsquedas de información e incluso opiniones. Antes de consultar a un profesional, la primera respuesta la da un chatbot. Rápida, segura en apariencia, y no siempre correcta.
Qué pasa cuando la IA arma el reclamo y le dice al abogado qué hacer
Diego Proietti, abogado especialista en Defensa del Consumidor, empezó a notar el fenómeno hace aproximadamente un año. Cada vez más clientes llegan al estudio con el reclamo redactado por ChatGPT, y algunos van más lejos: en su escrito le indican al abogado qué hacer, por dónde encarar el caso y qué pedir.
"Si la persona sabe usarla, puede ser difícil de detectar", reconoce. Pero hay señales que delatan al instante: preguntas retóricas fuera de lugar, pretensiones inverosímiles en mediaciones -daños morales de diez millones de pesos por cualquier inconveniente- o estrategias que no tienen sustento en el caso concreto.
El problema real no es la redacción. Es que muchos clientes creen más en el texto de ChatGPT que en la palabra del abogado. Los abogados tenemos mala fama, y la IA, lo contrario: te tira la posta, resume Proietti con ironía. Eso obliga a los letrados a destinar tiempo no solo a resolver el caso sino a convencer al cliente de que la estrategia que trajo de Internet no es la correcta.
Los errores más frecuentes: plazos vencidos, jurisdicción equivocada y derechos resignados
Ernesto Sanguinetti, socio del estudio PASBBA Abogados, identifica el problema de fondo: una IA puede explicar muy bien una regla jurídica y aun así no tener todos los elementos para recomendar una decisión. El problema no es qué herramienta usa el abogado, sino aprender a hacerse las preguntas adecuadas. Una consulta bien redactada puede devolver información jurídicamente plausible que, sin embargo, ignora detalles decisivos del caso particular. El usuario no especializado no tiene cómo saberlo.
Proietti lo ilustra con un ejemplo preciso: si alguien no especifica en qué jurisdicción está su caso, la IA puede aplicar el Código de la Provincia de Buenos Aires cuando corresponde el de la Ciudad. El plazo es de tres días en un caso y cinco en el otro. Ese error, en una apelación, puede ser fatal. Y nadie asume la responsabilidad: las propias políticas de uso de OpenAI, vigentes desde octubre de 2025, establecen que el servicio no debe emplearse para asesoramiento personalizado que requiera matrícula sin la intervención de un profesional habilitado. Es una exoneración de responsabilidad en letra chica que casi nadie lee.
Cuando la IA no sabe que sos delegado sindical: el caso que lo dice todo
Alelí Prevignano, abogada laboralista y asesora legal de la CGT, tiene un caso que resume el riesgo mejor que cualquier teoría. Un trabajador despedido llegó a su estudio convencido de que su despido era válido: ChatGPT le había calculado la indemnización y descartado la posibilidad de accionar.
Lo que la IA no había procesado -porque el trabajador no se lo aclaró- era que la empresa estaba notificada de su postulación como candidato a representante sindical. Eso lo colocaba bajo la protección de la Ley 23.551, con derechos muy distintos a los de un despido común.
La respuesta del chat era razonable para el caso promedio. El suyo tenía aristas que la IA ocultó. Cuando falla el abogado, existe responsabilidad específica. Cuando se equivoca la IA, nadie responde, subraya Prevignano. Además, el marco normativo argentino sufrió transformaciones profundas desde 2023, y los modelos de lenguaje muestran fallas recurrentes cuando se los aplica a casos concretos del derecho local.
¿La IA democratiza el acceso a la justicia o genera una falsa sensación de seguridad?
Los tres especialistas coinciden en que usar la IA para informarse no es el problema. Entender qué derechos existen como consumidor, qué implica un telegrama laboral o cómo funciona una mediación son consultas válidas y útiles. El riesgo aparece cuando la información reemplaza al criterio profesional en la toma de decisiones.
Proietti advierte sobre un patrón frecuente: alguien usa la IA una vez, le va bien, y proyecta que puede resolver todo solo. Ahí es donde se cometen los peores errores. Sanguinetti lo plantea de manera similar: informarse con IA es legítimo; decidir con IA, sin revisión profesional, es otra cosa. La diferencia entre ambas actitudes puede ser la diferencia entre ejercer un derecho o resignarlo sin saberlo.
La IAdicción en el derecho no es un fenómeno de personas desinformadas: es un fenómeno de personas que confían demasiado en una herramienta que no conoce su caso, su jurisdicción ni su historia. ChatGPT no tiene matrícula, no asume responsabilidad y no va a estar en la audiencia si algo sale mal.
Lo que está cambiando, según Prevignano, no es que la gente consulte más -eso es bueno- sino que cada vez más personas llegan a la consulta profesional habiendo ya tomado una decisión basada en lo que les dijo la IA. Y revertir una decisión mal tomada, en derecho, suele ser mucho más caro que haberla tomado bien desde el principio.
La IA puede explicarte tus derechos. La pregunta es si eso es suficiente para saber cuándo y cómo ejercerlos.